Baudelaire, 200 años después

Para Michel Butor, uno de los padres del nouveau roman, la obra de Charles Baudelaire era “el eje en torno al cual rota la poesía para volverse moderna”. Sus palabras siguen siendo actuales en el segundo centenario del nacimiento del poeta francés, el 9 de abril de 1821. Un poeta que desde siempre subrayó el papel de la inteligencia y la razón en la creación artística, rompiendo definitivamente con la idea romántica del poeta inspirado y arrastrado por los impulsos del inconsciente.

Para Baudelaire las claves de la poesía están en la imaginación, la percepción armoniosa capaz de descifrar el caos del universo, en la especificidad de una escritura que la distingue de otras formas de arte. La poética de sus Flores del mal influyó notablemente en los parnasianos y la escuela simbolista, ejerciendo gran sugestión sobre Verlaine, Mallarmé, Rimbaud y el resto de la poesía francesa -y europea- hasta el surrealismo.

Su modernidad está en el saber abrirse a todos los aspectos de la existencia, los más puros pero también los más perversos, en ser expresión poderosa e íntima al mismo tiempo de su propia época, seductora y peligrosa, reflejando la soledad y angustia del hombre moderno, el spleen existencial de quien ama la vida pero vive también sus contradicciones a fondo.

A Baudelaire se lo ve también como el primer gran cantor de la dimensión urbana (vale recordar los “Cuadros de París” de las Flores del mal), sumergido en la realidad moderna de la revolución burguesa e industrial, en la opresión de un poder -el de Napoleón III- que siguió a los estallidos de 1848.

Tanta contradicción e intensa verdad de vida fue tal vez lo que provocó que la primera edición de las Flores del mal (cien poesías divididas en cinco secciones, que en las ediciones futuras serían 135 en seis secciones), en junio de 1857, estuviera en venta durante pocos días y fuera luego secuestrada y sometida a un proceso por obscenidad que obligó a eliminar algunas partes. Todo bajo la acusación impulsada por Ernest Pinard, el mismo personaje que meses antes se lanzara contra la Madame Bovary de Gustave Flaubert. En vano el poeta pidió que la obra fuera “juzgada en su conjunto, porque solo así se captaría su terrible, absoluta moralidad”.

Para recordarlo en el segundo centenario de su nacimiento

En Twitter: https://twitter.com/Baudelaire_200?s=20

Recitado en la voz de Fabrice Luchini

Charles Baudelaire en busca de imaginación

Cuenta González Ruano en su libro “Baudelaire” que éste, tan solitario en su lujuria, es para muchos sospechoso de virginidad. Algunos amigos reciben la confidencia desconcertante de mujeres que han conocido íntimamente a Baudelaire, que el poeta “no las usa”. A más de un indiscreto que le pregunta el motivo, él responde con frases como ésta:

“¡Ah, son muy aburridas, la de anoche tenía los senos donde la de antenoche: en el pecho, ¡Qué falta de imaginación!”.

 

(Fuente: González Ruano. Baudelaire)

Baudelaire, el académico

Charles Baudelaire soñaba con entrar a la Academia Francesa de Letras, ocupar uno de los dos sillones entonces vacantes, vestir el uniforme verde… En tanto, en la Academia -cuenta su biógrafo- la candidatura de Baudelaire indigna hasta a los cortinajes y al terciopelo de los sillones. “¿Es que pretende burlarse de lo más respetable que hay en Francia? ¡Es cierto entonces que es un loco peligroso!”.

(Fuente: González Ruano. Baudelaire)

Cohetes III* (La voluptuosidad del mal)

Creo que he escrito ya en mis notas que el amor se asemejaba mucho a una tortura o a una operación quirúrgica. Pero esta idea se puede desarrollar de la manera más amarga. Aun cuando ambos amantes estén muy enamorados y muy llenos de deseos recíprocos, uno de los dos estará siempre más tranquilo o menos poseído que el otro. Este, o aquélla, es el operador, o el verdugo, el otro el sujeto, la víctima […] La embriaguez, el delirio, el opio en sus más furiosos aspectos, no os darán por cierto tan espantoso ni tan curiosos ejemplos. Y el rostro humano que Ovidio creía formado para reflejar los astros, helo ahí que sólo habla por medio de una expresión de loca ferocidad, o que se sosiega en una especie de muerte. Porque, en verdad, creería cometer un sacrilegio aplicando la palabra éxtasis a ese género de descomposición. ¡Espantable juego, en el que es menester que uno de los jugadores pierda el dominio de sí mismo! Una vez preguntaron, delante de mí, en qué consistía el más grande placer del amor. Alguien respondió, naturalmente “en recibir” y otro “en entregarse”. Este decía “¡Placer de orgullo!” y aquél “¡Voluptuosidad de humillación!”. Todos esos indecentes hablaban como la Imitación de Jesucristo.
Por fin apareció un impudente utopista, quien afirmó que el más grande placer del amor consistía en engendrar ciudadanos para la patria. Pero yo digo: la única y suprema voluptuosidad del amor reside en la certidumbre de hacer el mal. Y el hombre y la mujer saben, desde que nacen, que toda voluptuosidad se halla en el mal.

*El título fue tomado de un texto de E.A.Poe.

Charles Baudelaire. Diarios Íntimos (Aguilar).