El 4 de mayo, en La Libre, San Telmo, se celebró un encuentro de lectura y conversación sobre el oficio de escribir. Alejandra Kamiya, Dani Zelko y Andrés Montero compartieron sus textos y sus modos de pensar la literatura.
La Libre reunió a los autores en una casona de techos altos y molduras, desbordante de libros, donde la lectura se volvió también conversación. Tras compartir fragmentos de sus obras, los escritores abrieron un espacio de intercambio con el público que derivó en una reflexión coral sobre la escritura.

Leer en voz alta, escribir en movimiento
Alejandra Kamiya leyó el comienzo de El pozo, de su libro Los árboles caídos también son el bosque; Dani Zelko compartió un fragmento de El sueño del sonido, escrito junto a Soraya Maicoño; y Andrés Montero presentó el inicio —recientemente reescrito— de Taguada.
A partir de esas lecturas, surgieron preguntas sobre el proceso de escritura y, en particular, sobre la corrección. Kamiya destacó la importancia de la lectura en voz alta en sus talleres, como forma de producir un necesario extrañamiento del texto:
“Los autores publicamos para dejar de corregir”.
La cita, tomada de Jorge Luis Borges, condensa una idea compartida: la corrección como un proceso potencialmente infinito.
En la misma línea, Montero contó que suele pedirle a su hermano que lea sus textos en voz alta para detectar los “ripios” de la prosa. A menudo, eso implica suprimir fragmentos enteros que, aunque no vuelvan a usarse, contribuyen a construir la voz de un personaje.
La escucha y la forma
En el caso de Zelko, la escritura está atravesada por la escucha del otro. Su proyecto artístico —que lo llevó a trabajar con caciques y líderes de pueblos originarios— se basa en la transcripción manual de conversaciones, respetando la respiración y la cadencia de la oralidad: “Cada vez que el que habla se detiene para respirar, paso a la línea que sigue.”
Ese gesto convierte la puntuación en una forma de escucha. La escritura no busca ser fiel en un sentido documental, sino encontrar una intensidad: una versión “jugosa”, en sus palabras.

Cruces y lecturas
En otro momento del encuentro, los autores intercambiaron textos entre sí: Kamiya leyó un fragmento de Por qué contar cuentos en el siglo XXI, de Montero; Zelko eligió “Olsen y Vargas”, de Kamiya; y Montero leyó un fragmento de Un texto camino. Caístulo y Zelko. El cruce de voces amplificó el diálogo y puso en escena una comunidad de lectura.
El tiempo de mirar
La conversación derivó también hacia el tiempo de la observación, un elemento central en la escritura de los tres autores. Montero habló de las caminatas como espacios privilegiados para pensar sin urgencia, donde la imaginación puede desplegarse. Cada año, además, realiza un retiro de escritura en la cordillera:
“Aunque no escriba sobre la naturaleza, escribir en ese entorno me hace bien, es fructífero.”
Kamiya, por su parte, definió su tiempo interno como lento, una forma de resistencia frente a la aceleración contemporánea. Zelko vinculó la observación con la posibilidad de conexión con el otro: mirar, en su caso, es escuchar.

Una conversación que continúa
Más que una serie de lecturas, el encuentro en La Libre fue una exploración compartida sobre qué significa escribir hoy. Entre la corrección infinita, la escucha atenta y la necesidad de encontrar un ritmo propio, los autores dejaron entrever que la escritura no es solo una práctica individual, sino también una forma de relación.






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