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El libro en papel se discute a sí mismo

Florencia Agrasar Avatar

Sostenibilidad, cadena de valor y decisiones cotidianas en una industria que busca reinventarse

Las Jornadas Profesionales de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires reunieron a referentes del sector para pensar el futuro del libro en papel. Entre métricas ambientales, ética editorial y experiencias independientes, emergió la certeza de que la sostenibilidad ya no es un agregado, sino una forma de hacer libros.

En el marco de las Jornadas Profesionales, la mesa “El libro en papel: futuro y sustentabilidad”, coordinada por Mónica Herrero, propuso una pregunta incómoda pero inevitable: ¿puede el libro —objeto cultural por excelencia— sostenerse en un contexto de crisis ambiental?

Lejos de respuestas cerradas, los expositores trazaron un mapa de tensiones, responsabilidades y transformaciones en curso. Desde grandes grupos editoriales hasta proyectos independientes, la sustentabilidad apareció como un eje transversal que redefine toda la cadena del libro.

Medir para transformar

Desde el enfoque corporativo, Guido Cairo (Penguin Random House) puso el acento en un concepto clave: la huella de carbono. No como abstracción, sino como herramienta concreta de gestión.

“Hace unos años hablábamos de la circularidad. Ahora hablamos de la regeneración. Queremos una editorial regenerativa (Guido Cairo)

Medir cuánto emite un libro —desde su concepción hasta su distribución— permite identificar dónde actuar. El dato es contundente: el mayor impacto ambiental proviene del papel, seguido por la impresión y el transporte.

Pero el desafío no es solo medir, sino reducir. La estrategia incluye certificaciones de origen del papel, producción local, optimización de tiradas y trabajo conjunto con proveedores. “Primero hay que evitar y reducir; compensar (con la compra de bonos de carbono a empresas que producen energía verde) es el último recurso”, sintetizó.

Los números del libro

1,5 kg
Es la huella de carbono promedio de un libro impreso.

33 libros al año
Es el umbral (del lector individual) a partir del cual el libro digital puede resultar más sustentable que el papel.

36%
Del total de emisiones proviene del papel, el principal insumo de la industria.

15%
Si un libro supera ese porcentaje de materiales que no sean de papel, deja de ser fácilmente reciclable.

99%
De la huella de carbono del sector está en emisiones indirectas: papel, impresión, transporte y distribución.

El libro no es un objeto, es una cadena

Cairo aportó números y ejemplificó las prácticas “verdes” con acciones concretas llevadas adelante por la editorial; Jimena Seoane (Santillana) amplió el marco conceptual. Su punto de partida fue claro: no se puede pensar la sustentabilidad como algo separado del libro.

“Lo que no se mide, no existe.” (Jimena Seoane)

“El libro no es solo un producto: es el resultado de una cadena de valor compleja”, señaló. Desde la extracción de materias primas hasta la llegada al lector, cada etapa implica decisiones con impacto ambiental, social y económico.

En ese sentido, cuestionó una idea extendida: que el papel es el problema. “El desafío no es el soporte, sino cómo lo gestionamos; la certificación FCC, poder adquirir papel y materia prima de bosques gestionados responsablemente, me va a garantizar también una recuperación de ese entorno natural”, planteó.

La sostenibilidad, explicó, se juega en tres dimensiones inseparables: ambiental, social y de gobernanza. Bajo esta lógica, conceptos como bibliodiversidad, logística de envíos sustentable, condiciones laborales y acceso al conocimiento también forman parte del debate.

La escala humana de las decisiones

Desde otro lugar, la editora independiente Silvina Troicovich (Cheuque) llevó la discusión al terreno de lo concreto. Su intervención funcionó como una traducción práctica de los grandes conceptos, llevada a la escala de una editorial relativamente pequeña que cumple 10 años.

“Me parece muy importante que los libros no crucen océanos” (Silvina Troicovich)

A partir de cuestionar el impacto de su propia práctica, tomó decisiones: usar papel de caña de azúcar, imprimir localmente, ajustar tiradas, evitar plásticos y hasta incorporar un sistema de compensación de huella de carbono en su tienda online.

“Empecé a tratar de editar con papel de caña de azúcar. Tiene la dificultad, por el momento, que es un papel de 75 gramos y solo puedo producir novelas o cuentos que superen las 30 páginas, porque si no, no se puede trabajar el lomo. De hecho, tengo muchos libros a los que ni siquiera les pongo el título en el lomo, nada, todo tapa y contratapa, para que no entre en crisis el imprentero.”

Su lógica es directa: producir lo que se va a vender. Frente a la sobreproducción estructural del sector, propone tiradas ajustadas y reimpresiones bajo demanda.

Troicovich concluyó con un llamado a las autoridades de la Feria a no permitir las bolsas plásticas en los stands y sumarse a su iniciativa de utilizar bolsas compostables. Y alentó a los oyentes a reducir y a reutilizar.

El futuro se edita hoy

A lo largo de la mesa, una idea se repitió hasta volverse eje: la sustentabilidad no es un objetivo futuro, sino una práctica presente. 

Herrero cerró la charla con ese concepto: “La sustentabilidad no es individualista: hay una responsabilidad compartida en nosotros, y el futuro lo garantiza el cómo hacemos, cómo gestionamos, no depende únicamente de grandes estructuras. Se juega, sobre todo, en decisiones cotidianas: qué papel usar, cuánto imprimir, cómo distribuir.”

Como sintetizó Seoane, “el libro del futuro se está editando hoy”.


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