El hijo de J.D. Salinger publicará material inédito de su padre

J.D. Salinger, autor de The Catcher in the Rye (El guardián entre el centeno), dejó “mucho material inédito que será publicado”, según contó su hijo, el actor y productor Matthew Salinger, en un encuentro realizado en el Salón del Libro de Turín, dedicado al centenario del nacimiento del novelista.


“No hay mejor momento para comunicar que mi padre siguió escribiendo durante otros siete años, después de haberse retirado de la escena. Leí todo el material que existe e intenté ensamblarlo del mejor modo posible”, explicó Matthew Salinger, cuyo papel más conocido es el de “Capitán América” (1990).
“Es un material que quiero compartir, pero no saldrá seguramente en los próximos tres años… digamos que será en la próxima década. Estoy buscando actuar más rápidamente, pero también quiero ser muy atentado y cuidadoso”.
Mientras tanto, no quiso dar más detalles porque “diría mis impresiones -según aseguró- pero sería un error ante mi padre y sus lectores si dijera más”. También dijo desear que su padre hubiera tenido “un sistema mejor de archivo. Algunas cosas las acomodaba un poco a su manera”.
Para Matthew Salinger, su padre era un escritor en el que había “un elemento religioso en la relación con sus lectores. No quería que la gente tuviera preconceptos mirando un libro suyo, no quería fajas en la tapa y tampoco imágenes hollywoodenses del autor”.
En el plano personal, Matthew recordó a un padre “muy dulce y presente”, así como “su atención cuando te miraba. Sus ojos. Lograba entenderte. Veía todo y sabía cuándo debía dejarte por tu cuenta”. Lo describió como un hombre que “escuchaba a las personas que lo necesitaban, pero solo si había un problema real”.
También “me hizo entender que no alcanza con ser inteligentes. Hay que tener un corazón y luchar en nuestra propia vida para hallar la sabiduría. Encuéntrenme, decía, la verdadera sabiduría”, dijo Salinger evocando a su padre, que “estuvo siempre presente en mi vida, más que los padres de mis amigos”.
Cuando extraña a su padre, agregó, Matthew Salinger hace lo mismo que su padre: “Era la persona menos sola que conozco, porque estaba rodeado de sus libros. Pasaba días con ellos. Yo también lo hago. Cuando lo extrañé, releí todas sus obras. Y ahora leo todos los días este material no publicado, y esto lo mantiene vivo para mí”.

¿Qué es la Twitteratura?

El fenómeno de lectura colectiva de clásicos en Twitter

La dinámica de contar libros ha cambiado, y en Twitter aumenta el número de referentes para América Latina. Otra forma de leer y sumar lectores.

Sin dejar las páginas de los libros, la literatura se vuelca al mundo digital. Las plataformas como Twitte se conocen como “el ágora del siglo XXI”, donde la lectura de clásicos o los nuevos autores, encuentran y conectan con sus audiencias.

Poco a poco, la esfera de Twitter ha comenzado a llenarse de textos cortos y creativos. Pero no hay que confundirse, pues la Twitteratura –un término usado de forma general por estos lectores– no es impresa. Más bien son textos, originales o de autores clásicos, distribuidos a través de la plataforma y que adoptan diversas formas: Tweets, Retweets, Favoritos, Hilos, imágenes o videos. Lo que se sea para poder ilustrar y dar forma a una historia, pero siempre en 280 caracteres.

¿Qué se gana con esta propuesta? Que la Twitteratura despierte la curiosidad de los nuevos lectores, lo cual es parte de la literatura electrónica que exige una participación activa de la comunidad. Se puede enriquecer parte de la historia contada y compartirla con otros usuarios. Y es que en Twitter existen muchos intereses, pero cuando se trata de contar historias, hacerlo a la audiencia adecuada –y atenta, sobre todo– marca la diferencia para los lectores.

Comienza la literatura digital en Twitter

Si bien esta tendencia está en Twitter desde hace algún tiempo, la dinámica comienza a posicionarse cada vez más en Latinoamérica. Claros ejemplos del movimiento y su impacto en las audiencias son: Jean-Yves Fréchette (@pierrepaulpleau) y Jean-Michel Le Blanc (@Centquarante), quienes fundaron el primer Instituto de Twitteratura Comparada (ITC) Burdeos-Quebec, destinado a promover el género. Este Instituto organizó el Festival internacional de Twitteratura, cuya primera edición se celebró en Quebec en 2012.

Asimismo, la primera novela reconocida de este tipo fue la creación española “Serial Chicken”, sobre una gallina asesina y que se catalogó dentro del género “Twiller”; sí, por la combinación entre “Twitter” y “Thriller”. Su autor es el escritor y periodista Jordi Cervera (@JordiCervera), que la incluyó en el certamen de novela negra de Barcelona en 2010, y la divulgó en microcapítulos diarios.

La intriga protagonizada por la gallina mala se pudo seguir el perfil de BCNegra (@bcnegracast), en donde sus seguidores esperaban atentos cada Tweet que revelaba la siguiente acción dentro de la historia.

El ingenio latino, al servicio de la literatura en Twitter

Con la herramienta Hilos de Twitter, disponible desde fines de 2017, la tarea del Twitterato –por la combinación entre Twittero y Literato– se facilitó, y mucho más aún, para los Twitteros lectores que pudieron empezar a leer historias completas por medios de varios Tweets unidos. Esto mismo ha sido aprovechado por Pablo Maurette (@maurette79), Twittero argentino que ha destacado por sus increíbles historias dentro de la plataforma. Pablo es un autor e investigador radicado en Estados Unidos desde el 2004, conocido por tomar la iniciativa de publicar el libro “La Divina Comedia” en forma de Tweet, un canto por día. Su nombre es hoy sinónimo de lectura de los clásicos de la literatura universal, en la plataforma.

Salón del Libro en Turín

Del 9 al 13 de mayo se realiza el próximo Salón del Libro de Turín, bajo el lema “El juego del mundo”, entendido como himno a la vida, la superación de las crisis y las contradicciones contemporáneas.
El programa es amplio y para todos los públicos: desde los más jóvenes, a quienes les guiña un ojo el alma pop del encuentro, hasta los lectores de larga data.
Participarán Fernando Savater, con una “lectio” sobre Europa en la velada inaugural, y Wole Soyinka, premio Nobel de Literatura 1986. También el irlandés Colum McCann y la sueca Camilla Läckberg; Luis Sepúlveda y Giancarlo di Cataldo.
A diferencia de otros años no habrá países invitados, sino un idioma –el español- que atraviesa encuentros y presentaciones, con un programa realizado junto con el Instituto Cervantes y los Institutos Italianos de Cultura de Madrid y Buenos Aires.
Será importante el espacio para la historieta, el cine y los autores musicales, como Achille Lauro, Frankie Hi-nrg Mc y Danny
Goldberg, exmanager de Nirvana, llamados a hablar de la lengua italiana hablada, cantada y escrita.
También habrá una sección dedicada a Primo Levi, realizada con el Centro Internacional de Estudios Primo Levi presidido por Ernesto Ferrero, el IBF-International Book Forum en el que se inscribieron 465 profesionales del mundo editorial de 36 países, y la reunión con finalistas del premio Strega Europa, Catherine Dunne, David Diop, Robert Menasse, Jeanne de Salzman y Leonard Feijffer.

Rayuela, nueva edición conmemorativa

 

El reciente VIII Congreso de la Lengua Española organizado en Córdoba fue la ocasión para presentar oficialmente una nueva edición conmemorativa (en 2013 hubo otra, cuando fueron los 50 años de la publicación original en 1963) de Rayuela, la más famosa novela de Julio Cortázar, considerada su obra maestra (una valoración en permanente en discusión) y famosa tanto por su desestructuración como por el tierno y perdurable personaje de la Maga.

Rayuela, que se iba a llamar Mandala hasta que Cortázar pensó que el título era pedante, o que se asociaba con “mandala a…” -acentuando a la argentina- atraviesa las décadas consagrada como clásico pero también ampliamente discutida por quienes ven en sus ansias de experimentación las visibles marcas del tiempo. O no: a cada lector su Rayuela, al fin y al cabo.

Pero esta tiene un plus, o mejor dicho dos: por un lado el regreso de la tapa original, con la rayuela que el propio Cortázar dibujó para la primera edición, y la inclusión en facísimil del Cuaderno de Bitácora, las notas que el escritor fue trabajando en paralelo con la escritura de la novela, reseñando su proceso de génesis. ¿Fue Rayuela una novela cuidadosamente planificada… o no? Según Vargas Llosa, la principal figura de la presentación en Córdoba, no. Cuenta el autor de La ciudad y los perros que se sorprendió el día que le preguntó a Cortázar, quien le aseguró que nunca sabía qué seguiría en la hoja cada día.

Estuvieron en la presentación en Córdoba, además de Vargas Llosa, el nicaragüense Sergio Ramírez, al presidente de la RAE Santiago Muñoz Machado y el de Academia Argentina de Letras, José Luis Moure. La nueva edición, como las anteriores a cargo de Alfaguara, forma parte de la colección que patrocina la RAE y que ya incluye al  Quijote, de Miguel de Cervantes; Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez; o Yo el Supremo, de Augusto Roa Bastos. En el caso de Rayuela, el volumen incluye textos complementarios de Gabriel García Márquez, Adolfo Bioy Casares, Carlos Fuentes, Vargas Llosa, Sergio Ramírez, Julio Ortega, Andrés Amorós, Eduardo Romano y Graciela Montaldo.

Vargas Llosa se explayó largamente sobre su amistad con Cortázar, a quien conoció en París en 1958, contando anécdotas sobre el escritor y su esposa, Aurora Bernárdez, en apoyo de su teoría de que no resulta posible comprender la obra cortazariana sin dilucidar aspectos de su biografía.

“Había un rumor ya en esa época -comentó-, que en la casa de los Cortázar había un cuarto donde Julio Cortázar se encerraba a jugar. Armaba mecanos, o tocaba su trompeta -le gustaba mucho el jazz- y simplemente era un cuarto de juguetes. Y yo creo que por lo menos el Cortázar de aquellos años -después cambió mucho- no me hubiera sorprendido nada que pasara algunas horas exactamente como los niños, jugando”. “La gran novedad, la verdadera revolución” de Rayuela “creo que no fue la estructura, absolutamente insólita, sorprendente, sino probablemente que era la primera novela en la historia de la lengua española que introducía el juego como elemento absolutamente esencial. Ya desde el título. A lo largo de la novela todos los personajes, sin excepción, se entregan al juego, a distintos tipos de juego”.

Sin embargo, para Vargas Llosa Rayuela no es “la gran obra de Julio Cortázar. Yo creo que el Cortázar del futuro -será siempre leído, tendrá siempre admiradores devotos-, probablemente el Cortázar más verdadero, será el de los cuentos. Fue un cuentista verdaderamente excepcional, que tiene pocos equivalentes en su época”.

Por su parte Sergio Ramírez recordó que para los escritores de su generación “la década del 60 fue una década de retos, desafíos e interrogantes como ninguna otra. Entrar en el universo de la literatura precisaba de héroes literarios, de iconos. La literatura ampliaba la rebeldía” y “el hecho de escribir no se separaba de la idea de acción”.

“El espíritu de Julio Cortázar flotaba sobre las aguas revueltas de la historia, los cronopios que querían tomar por asalto por el poder -porque los seres humanos quedaban inexorablemente divididos en cronopios, esperanzas y famas. El mundo anterior no servía, se había agotado: Rayuela planteaba la destrucción sistemática de todo el catálogo de valores de Occidente, sin hacer propuestas. Se quedaba en una operación de demolición y no aspiraba a más. Las propuestas políticas de Julio Cortázar vinieron después”.

El desafío de la lectura de Rayuela -“compleja en la trama, la propuesta de lectura, las vidas de los personajes”- sigue así vigente, tal como recordó José Luis Moure, precisando que se intentó hacer con la nueva publicación una edición “que le sirva al lector”.

El castellano, ¿el español?

ñ
crédito: youtube

Discurso de cierre de la escritora María Teresa Andruetto en el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española (Córdoba 2019)

Hay una grieta en todo / así es cómo entra la luz, dice Leonard Cohen, Y entonces es ahí, en las fisuras, donde quisiera mirar.
No fue sencillo para mí aceptar la invitación a cerrar este congreso, por las disidencias diversas que con él tiene, por razones también diversas, la comunidad a la que pertenezco y por mis propias disidencias.
Me tranquilizan dos cuestiones, la primera es que antes de aceptar hice saber mi posición y la invitación se sostuvo –con un espíritu democrático y una amplitud que mucho agradezco–; la otra es que estoy aquí como escritora y el lugar de quien escribe es, en lo que respecta a la lengua, un lugar de desobediencia, de disenso. En nombre de ambas cosas digo estas palabras.

La primera cuestión tiene que ver con el nombre mismo del Congreso, llamado aquí –y es al menos curioso que con la contraparte nacional se haya llegado a esa denominación– Congreso de la Lengua Española, porque para nosotros, para nuestro sistema educativo, la academia, la alta cultura y la cultura popular, esta lengua en la que aquí hablo siempre ha sido la lengua castellana.
Así llegó a América, con la conquista y con la iglesia, la lengua de Castilla, y fue esa lengua y no otras que se hablaban o se hablan en España como la que se impuso –no sin dolor, no sin lucha, no sin resistencia– sobre las lenguas originarias.
Esto nos lleva a preguntarnos de quién es la lengua, quién le da el nombre y quiénes reconocen su lengua en ese nombre. Aunque en las previas a este Congreso se ha insistido en la idea de que la lengua es de todos sus hablantes, en la amplia procedencia geográfica de los ponentes y en la alta presencia de mujeres en las mesas, me pregunto si esa que se dice de todos es la misma lengua; en caso de serlo, quiénes son sus dueños y atendiendo a que una lengua con tantos hablantes, además de un capital simbólico es un capital económico, quiénes hacen usufructo de ella.
Desde Madrid, el ministro de Educación de la Provincia, a la pregunta de un periodista acerca de ciertos contenidos, reconoció que ni la parte argentina ni la cordobesa intervienen en la elección del temario.
Es la Real Academia, dice. A su vez, el director de la Real Academia, remarcó la importancia de estos congresos con la frase: “Durante unos días, se tratará de ponerle voz española a los asuntos que nos ocupan a todos, tal vez sin tener dimensión de lo que la frase “voz española” significa aquí, para nosotros.
Entonces, no debiéramos desentendernos de ciertas preguntas, aunque incomoden. Preguntas como: ¿Para qué un congreso en estas pampas sin intervención local sobre sus contenidos? ¿Es la lengua de España la misma que se habla en América? ¿El muy diverso castellano de cada uno de nuestros países es la misma lengua española de la que el Congreso habla? Y finalmente, porque estamos en Argentina, ¿se trata de la misma lengua que aquí se habla?

Sí y no. La misma y otra. Para los hablantes de mi país se trata de una cuestión que lleva más de un centenario, cuestión desestimada o minimizada por las instituciones españolas de la lengua, sus espacios de formación, sus editores…, como lo expresa blanco sobre negro el reciente planteo del director mexicano Alfonso Cuarón, quien declaró en la clausura de un ciclo de cine en Nueva York, que le resultaba ofensivo para el público (e imagino sin dudas que para sí mismo) que su película Roma se haya subtitulado en España.
“Me parece muy, muy ridículo, a mí me encanta ver, como mexicano, el cine de Almodóvar y yo no necesito subtítulos al mexicano para entender a Almodóvar”. Le parece ridículo, dice, que un español necesite que le digan “No os acerquéis al borde” en lugar de “Nomás no se vayan hasta la orilla”. Entiendo muy bien lo que dice Cuarón, me ha pasado que una editora española haya pretendido cambiar durazneros por melocotoneros con la extraña fundamentación de que en España nadie entendería la palabra duraznero, pero sucede que melocotonero es una palabra tan artificial para un argentino que nunca jamás podría usarla.

En fin, cierta pretensión de uniformidad, la homogeneización que destruye lo singular o lo invisibiliza, el modo en que se ilumina la propia lengua al ver cómo toma caminos diversos.

Todo eso borrado, dice la cordobesa Eugenia Almeida, porque el castellano de esta América es un conjunto de variables mestizadas por pueblos originarios, aportes árabes, africanos, europeos y asiáticos que –esclavizados, sometidos, aceptados o bienvenidos- impregnaron nuestros modos de decir y de pensar. Hablaba el ruso en quince lenguas, dice en algún lugar Julia Kristeva.

La segunda cuestión aparece cuando reparamos en que esto no es recíproco. Casi 600 millones de personas de 22 naciones hablamos la misma lengua. ¿Son soberanas lingüísticamente esas naciones? Y si es así, ¿por qué sus modos de decir necesitan ser traducidos a un decir mejor, a un bien decir?

En la Declaración Universal de los Derechos Lingüisticos firmada en Barcelona en 1996, se expresa que los hablantes pueden usar la lengua según las necesidades de cada lugar de origen, garantizando así “los principios de una paz lingüística mundial justa y equitativa, factor decisivo de la coexistencia social y cultural”.
Más del 90 por ciento de los hablantes de lengua española habita en países de América, y
menos del 10 por ciento, en España. Sin embargo, las variedades idiomáticas americanas no tienen tantas posibilidades de ser reconocidas por la Academia y, cuando lo son, pasan por formas folklóricas, americanismos.
Por su parte, en el Diccionario Panhispánico de Dudas, alrededor de un 70 por ciento de lo que se considera “malos usos de la lengua” es de origen latinoamericano, lo cual tiene que ver no sólo con la idea de purismo y la pretensión de uniformidad, sino sobre todo con la convicción de que el bien decir se decide fuera de nosotros.
Se trata de las políticas de control del idioma, de la tensión entre las hablas de una comunidad y las normas que esa comunidad dicta o acepta y de la lucha entre transformación y preservación. La advertencia gramatical no me limita, sino que me recuerda que yo estoy en la lengua, y me da movilidad dentro de ella. Me recuerda que la lengua es mía y que no es solo mía… me recuerda que el vínculo es el vehículo compartido.

El interés por la gramática trasunta el interés por la conservación del espacio público, dice la colombiana Carolina Sanín. ¿Sin leyes seríamos más libres? Necesitamos instituciones reguladoras pero necesitamos también que esas instituciones nos representen de una manera más justa, porque una lengua –que por cierto es mucho más que sus reglas- vive en las bocas de sus hablantes y es asombrosa la velocidad con que lo vivo deviene en frase hecha, en palabra muerta, en clisé.

Un idioma es una entidad en permanente movimiento, una inmensidad, un río, en su adentro caben muchas lenguas como caben muchos pueblos. Argentina, para dar el ejemplo que más a mano tengo, no se hizo sólo con descendientes de hispanohablantes, es un país que mezcló la población originaria con la invasora, y recibió aluviones migratorios de italianos, gallegos, árabes, aymaras, vascos, polacos, guaraníes, armenios, coreanos, alemanes… se trata de un país que nunca vivió el purismo idiomático, la necesidad de conservar la “casticidad”, palabra por otra parte tan cercana a la castidad.
En fin, que somos impuros o mestizos (muchas veces mestizos étnicos y siempre mestizos
culturales), que es impura nuestra lengua y esa impureza es nuestra riqueza. Dice el colombiano Fernando Vallejo que preguntarse quién habla bien es una tontería porque el castellano se habla como se puede en todos los ámbitos del idioma, un idioma de 22 países entre los cuales contamos a España.
En fin, que para riqueza de hablantes, escribientes y lectores, y para riqueza de nuestras
literaturas, peninsulares, latinoamericanos y ecuatoguineanos debiéramos cuidarnos mucho de una lengua que se someta a la lengua oficial, una escritura que ponga en retirada a cada modalidad de la lengua en particular, cuidarnos de no confundir la lengua viva con los cementerios de la lengua, acoger, dice también Fernando Vallejo, el idioma de la vida, que es el local.
Hasta acá, un poco distraídos, podríamos pensar que se trata de diferencias de habla, de lo singular que se aleja de ciertas normas, de ciertos corrales, cierta legislación que va y viene desde una región a otra, pero por cierto que no se trata de un camino de ida y vuelta entre modos diversos de usar la lengua, sino de una corriente que va o pretende ir desde la antigua metrópoli hacia sus dominios de antaño y nunca de modo inverso.
Esa corriente de poder lingüístico unidireccional viene a nuestros países con las formas de decir y escribir que España considera correctas sin comprender que a muchas expresiones del castellano de España las comprendemos nosotros poniendo a prueba nuestros oídos, porque la música, y el habla, y el gusto, no son los mismos para todos y porque, parafraseando un relato cristiano, hay ovejas que son de este corral y otras que son de otro corral pero de todas es el universo de la lengua.
No hace mucho, una investigadora madrileña me dijo llena de sorpresa ella y más sorprendida yo por su reflexión: “No entiendo por qué los argentinos necesitan traducir a Dante (a raíz de una edición aquí de La divina comedia, con traducción del poeta Jorge Aulicino) si ya está traducido al español”, pero es que tal vez ni se advierte siquiera cómo pegan en nuestros oídos muchas traducciones de editoriales españolas, especialmente cuando se trata deescritores que trabajan con lo coloquial; pero no me extiendo en el tema porque de todo esto habrán dado cuenta las mesas sobre traducción del Congreso, ya que es materia habitual de debate entre nuestros traductores.
No se trata de una cuestión menor, ni tampoco meramente retórica. Durante la pasada
dictadura, los escritores argentinos en el exilio español se preguntaban qué hacer con nuestro lenguaje. Elijo dos respuestas a esa pregunta: el escritor y crítico David Viñas, en julio de 1980, dice en una carta “¿Se academiza la cosa, se la agayega, se le pone almidón y se la plancha?”. En otra carta, de agosto de 1980, el escritor Antonio Di Benedetto, dice: #He procurado clarificar un tanto el vocabulario para el lector español sin dar la espalda a mi potencial lector argentino o latinoamericano. Con tal criterio he sustituido algunas voces. Ejemplo: no “saco”, que aquí sugiere “bolsa”, sino chaqueta, dicción que no es extraña al argentino, ¿verdad? ¿Verdad?”. Podemos oír un grito ahogado en ese ¿verdad?, un gesto de desesperación, porque la elección de la lengua (y dentro de ella, la de sus infinitos matices) indica en qué sistema literario puede o quiere insertarse un escritor, indica por quiénes y de qué modo desea ser leído y revela también el costo que ese escritor está dispuesto a pagar para encontrarse con sus lectores.
Cuando comencé a publicar y se abrió tímidamente alguna posibilidad de editar mis libros fuera de Argentina, la lengua, esa materia con la que trabaja un escritor, comenzó a presentarse como un obstáculo. No es el libro, no es la historia, es el lenguaje… tan argentino, se me dijo en muchas ocasiones.

En 1876, Juan María Gutiérrez, preocupado por el lenguaje rioplatense (como Esteban Echeverría y Juan Bautista Alberdi, sus colegas de la Asociación de Mayo), rechazó públicamente la propuesta de integrar la Real Academia Española, lo que provocó una serie de cartas con un periodista español que también polemizó acerca de ello con Sarmiento. La cuestión de si hablar castellano o una de las lenguas originarias del territorio que ocupa nuestro país, y en el caso de hablar castellano, qué castellano hablar y escribir, en fin, la pregunta acerca de si era conveniente seguir a pie juntillas a la Academia Real del país del cual estábamos independizándonos o si debíamos dejar que la lengua, aun siendo la misma -la misma y otra, por cierto- se independizara a su vez y corriera a su aire, aceptando nosotros, sus hablantes, las transformaciones que le íbamos dando, se discutió aquí en la segunda mitad del siglo 19, una discusión que nuestros prohombres dieron por saldada hace ya más de 150 años.
Esa cuestión, que en nuestras carreras de letras se estudia como la polémica acerca de la
lengua, polémica que es por supuesto lingüística y estética pero por sobre todo fuertemente política, se dirimió en el marco del movimiento estético/político romántico, y la llevaron adelante Gutiérrez, Echeverría, Sarmiento y Alberdi, los cuatro grandes escritores románticos argentinos, a la vez cuatro políticos centrales, lo que es casi decir los fundadores de nuestra literatura y de la nación.
De todo ello emergió la convicción de que ese castellano que se hablaba no necesitaba sujetarse a los dictámenes de su casa central, de modo que ser un hablante o un escritor argentino es también ser un usuario de la lengua desobediente ante la demanda de casticidad.

La tercera cuestión aparece cuando reparamos en la lengua como un capital no sólo simbólico, cuando comprendemos su faz económica, y entonces nos preguntamos ¿quién usufructúa los dividendos que da esta lengua en el mundo? El gobernador de la provincia dice “sabemos que es un recurso natural inmenso, un bien renovable que se multiplica con el uso, que gana valor cada día y hoy es deseable inclusive para los nacidos y criados en otras lenguas”, lo cual coloca en primer plano este aspecto de la lengua como capital económico. A la hora de certificar internacionalmente los cursos de aprendizaje como lengua extranjera, las jornadas internacionales para profesores de español, como suelen llamarse, ¿quién certifica? ¿Quién obtiene los dividendos de esas acciones? ¿Se distribuyen esos dividendos entre los diversos países en que se habla castellano o se trata de un recurso que le pertenece mayoritariamente a instituciones españolas?
Todas las relaciones humanas están mediadas por la política, atravesadas por diferencias de poder, y ese poder se materializa en el lenguaje que, citando a Bajtin, es producto de la actividad humana colectiva y refleja en todos sus elementos tanto la organización económica como sociopolítica de la sociedad que lo ha generado.

La búsqueda de uniformidad, el paso de un rasero que aplane las particularidades de nuestros castellanos, va en consonancia con la persecución de un mayor rendimiento económico, con que libros, películas y series, publicaciones en papel o digitales, cursos de enseñanza y literatura destinada a niños y jóvenes sirvan para la mayor cantidad posible de usuarios.
Por eso la persistente búsqueda de un castellano a la española o un latinoamericano neutro que permita a esos productos circular en todo el continente, viajando más y mejor, penetrando de modo más rápido, sin que importe que eso sea a costa de nuestra singularidades y vaya –cómo de hecho va– contra la riqueza del idioma. Baste escuchar en nuestro país a alumnos, hijos o nietos, hablando de leños, carros y neveras para comprender lo que digo.
¿Por qué hablan cómo hablan los personajes en los programas infantiles enlatados? ¿Por qué se subtitula una película de un castellano a otro, como sucedió con la ya citada Roma y sucede con tantas otras? ¿Es porque los españoles no comprenden la palabra “orilla” y necesitan que se las traduzca como “borde”? ¿O se trata de simplificar y uniformar para atraer el mayor número posible de espectadores hacia una película o una serie que pueden generar mucho dinero?
Empresas y capitales multinacionales promueven la ampliación del mercado del castellano, en su modalidad española o en lo que llaman americano neutro para, en lo uniforme y hegemónico, reforzar el monopolio de la lengua como negocio; buscan un idioma de modalidad única (para tantos hablan hablantes de culturas tan distintas), a costa de su depredación, del mismo modo que los monocultivos en su búsqueda desmedida de dinero van contra la riqueza del suelo y la diversidad que nos ofrece la naturaleza.

Víctor Klemplerer, en su libro sobre las transformaciones de la lengua alemana durante el Tercer Reich, registra en su diario de manera minuciosa cómo el lenguaje se va falsificando, va perdiendo su singularidad y su verdad, lo que constituirá la más potente difusión del nazismo en todas las capas de la población.

La vida de una lengua, si en algún sitio reside, es en lo particular, en su inestabilidad; la uniformidad como estrategia económica, la mono lengua, la neutralidad, lo que produce es destrucción, depredación. En ese arco ingresan las Industrias de la lengua, el turismo idiomático, la corrección política donde se incluyen los debates actuales sobre si el lenguaje es inclusivo o no y en qué medida es e inclusión incluye la diversidad de todo tipo, no sólo la de género.
Pero volvamos a nuestra resistencia ante la demanda de uniformidad en los modos de decir, ya que el pensamiento se construye en y con el lenguaje a través del cual se manifiesta, podríamos avanzar un paso en nuestro razonamiento y decir que se trata de una demanda de uniformidad No sólo en los modos de decir sino también en los modos de pensar.

Por eso, si bien muchos acceden a esas demandas, otros tantos nos sostenemos en el desacato, el desacomodo, el rechazo a una lengua apta para todos los públicos. No se trata de un capricho, se trata de una búsqueda de identidad que se refleja en el modo de hablar y de escribir, desvíos de cierto extranjero deber ser para encontrar en lo individual más hondo, allí donde refracta lo social, ecos de la lengua de un pueblo, una región, una comunidad, un sector social, búsqueda de un contrapoder frente a lo hegemónico.
Se dice que la lengua no es de las instituciones sino de los hablantes. Y aunque así es en  lo que hace al uso cotidiano, no parece suceder lo mismo en el aprovechamiento económico que una lengua provee porque, sin dudas, no es mayoritariamente el castellano argentino, ni el mexicano, ni el peruano, ni el boliviano… el que se comercializa en la enseñanza Internacional del idioma.

La cuarta cuestión, el lenguaje inclusivo.
“El Congreso de la Lengua se ocupará del presente del español, pero no discutirá sobre lenguaje inclusivo”, han dicho a la prensa, con total firmeza, las autoridades de la Academia.
“Tendremos participación igualitaria entre varones y mujeres”, se dijo, y yo no puedo dejar de preguntarme si habrá habido mujeres y en qué proporción en las decisiones de contenidos.
Desconozco si la Academia y el Instituto tienen mujeres en sus directorios, pero si las tienen, ellas no han dado sus opiniones a la prensa. Se dijo que hay 250 ponentes de 32 países… 250 ponentes y ni una sola mesa de discusión sobre un tema como es la inclusión de género, vivamente presente en la agenda actual, tanto de América latina como de España.
El lenguaje inclusivo nos pone delante de la carga ideológica de la lengua, que habitualmente nos es invisible. Claro que compartimos la lengua y que ella no es de nadie, ni siquiera de las buenas causas.
Claro que corremos riesgos de que el lenguaje inclusivo se vuelva pura corrección política. Claro que no sabemos qué pasará con la literatura, ni si es posible escribir en lenguaje inclusivo de un modo lo suficientemente cargado de ambigüedad como para conservar la función poética del lenguaje, de un modo que además de hacernos pensar, nos conmueva, nos emocione, nos complejice.

Claro que no sabemos qué sucederá en el largo plazo, si ese lenguaje que viene a irrumpir se estabilizará en la lengua y en tal caso de qué modo, si ingresará y de qué manera a nuestras literaturas, pero sabemos de su uso y expansión en ciertos sectores sociales (especialmente urbanos) y en jóvenes de cualquier género, y vemos cómo impregna y permea los usos públicos, periodísticos y políticos, y entonces resulta asombroso que no se haya incluido siquiera una mesa de discusión sobre algo que está moviendo los cimientos de nuestras sociedades.
En la lengua se libran batallas, se disputan sentidos, se consolida lo ganado y los nuevos
modos de nombrar –estos que aparecen con tanta virulencia – vuelven visibles los patrones de comportamiento social. Palabras o expresiones que llegan para decir algo nuevo o para decir de otro modo algo viejo, porque el lenguaje no es neutro, refleja la sociedad de la que formamos parte y se defiende marcando, haciendo evidente que los valores de unos (rasgos de clase o geográficos o de género o de edad…) no son los valores de todos.
Algo que no existía comienza a ser nombrado, algo que ya existía quiere nombrarse de otro modo, verdadera revolución de la que no conocemos sus alcances, ni hasta dónde irá, ni si abarcará un día a la mayor parte de la sociedad, a sus diversas regiones, a las formas menos urbanas de nuestra lengua y a todos sus sectores sociales.
No podemos prever su punto de llegada, pero sí sabemos que está entre nosotros de un modo tal que no podemos obviar. Lo que queda claro, lo insoslayable, es que se trata de una cuestión política, de que la lengua responde a la sociedad en la que vive, al momento histórico que transitan sus hablantes, porque como dice también Victor Klemperer, “el espíritu de una época se define por su lengua”.
El asunto entonces es cómo se las ingeniará la lengua para conservar un territorio común entre sus hablantes, para seguir siendo en su diversidad, sus diferencias y su riqueza, su lugar de reunión, para usar el nombre de un poema de nuestro Alejandro Nicotra. La lengua es mía pero no sólo mía, entonces cada uno de nosotros es dueño de la lengua, siempre que tenga la conciencia suficiente como para advertir su componente social.
Este código compartido, este contrato entre hablantes, esta libertad tiene siempre por límite el deseo de ser comprendidos, porque no hablamos solos ni para nosotros sino para comunicarnos con otros. Ante esa complejidad, sólo caben la diversidad y la flexibilidad; por otra parte, la lengua nos da todo el tiempo muestras de saber transformarse sin destruirse y, finalmente, sacudir el lenguaje, es –en palabras de Althusser- una forma entre otras, de práctica política.

Otra cuestión, el castellano como lengua de las ciencias y del conocimiento.
El posicionamiento del castellano como lengua científica y filosófica, nos lleva a la disputa ante el inglés como lengua dominante, a entrar en diálogo y tensión con otras lenguas y contra la imposición de una lengua única para el universo científico.
En fin, que el mismo razonamiento sostenido en defensa de las variables americanas del
castellano, ante su variante oficial se aplicaría en este campo de disputa en el que nuestro idioma está en condición de minoría con respecto a la lengua oficial de las ciencias, el inglés  como lengua única.
Una tarea de principal importancia es la recuperación del castellano como lengua del saber, lo que no equivale a promover un provincianismo autoclausurado y estéril sino un universalismo en castellano que se acompaña con el aprendizaje de muchas otras lenguas para acceder a todas las culturas y entrar en interlocución con ellas contra la imposición de una lengua única.
El desarrollo del castellano como lengua del saber, del pensamiento y del conocimiento  académico postularía un internacionalismo de otro orden, babélico y no monolingüe, y requeriría un cambio radical en nuestra cultura de autoevaluación universitaria y científica, dice el cordobés Diego Tatian y el argentino / mexicano Enrique Dussel, en su libro Filosofías del sur, pregona que las diversas tradiciones se dispongan para un auténtico y simétrico diálogo, gracias al cual cada una aprendería muchos aspectos desconocidos, más desarrollados por otras tradiciones. Se trataría de un mutuo enriquecimiento.

La amenaza de una lengua de comunicación única es muy real. Contra esa amenaza, es necesario que cada uno hable su lengua y más de una lengua, dice Bárbara Cassin. Lugar común la lengua y el pensamiento, donde lo común no aspira a lo uniforme, lo aceptado por todos ni lo ya dado, sino a un territorio que, abrigando las singularidades, permita encontrar en un tesoro acumulado por generaciones de escribientes y de hablantes, las palabras que nos permitan abrir la historia, decir cosas nuevas y a la vez reconocer la radical igualdad de los seres humanos.

Para ir cerrando
El lenguaje da acogida a la experiencia de los hombres, nos promete que lo que se ha experimentado no desaparecerá del todo, dice John Berger. Una novela, un cuento, un poema, dice también él, usan los mismos materiales que el informe anual de una corporación multinacional.
El hecho de que estén hechos con casi las mismas palabras y similar sintaxis no significa más que el hecho de que un faro y la celda de una prisión puedan construirse con piedras de la misma cantera, unidas con el mismo cemento.
En fin, que casi todo depende del modo en que se articulan las palabras, el modo en el que cada uno de nosotros se vincula con el lenguaje como lugar de reunión, en el convencimiento de que él es –además de instrumento práctico- vehículo de expresión de la subjetividad de un individuo y de una sociedad, tesoro fecundado por múltiples desvíos e innovaciones, sostenido por generaciones de hablantes y escribientes como motor de creación, factor de mutación, de transformación, para dar testimonio de lo vivido e imaginado, de la ligazón con lo sagrado, la celebración de lo acontecido y el lamento por lo perdido. En fin, para construir Memoria e Historia.
Entre lo personal y lo político, lo privado y lo público, lo individual y lo colectivo, crece esta lengua nuestra. Para que su energía no se pierda, para que eso que habita en ella y es fácilmente corrompible, no pierda su música, nervio o alma –la diversidad puesta a vivir en nuestras bocas-, ella se distancia de lo oficial, de lo abstracto, lo general, lo convencional, en busca de lo sepultado bajo capas de artificios, condicionamientos y convenciones, porque cuando por mentirosa, farragosa, fangosa o inexacta, por excesiva, hinchada, henchida o snob, grandilocuente, críptica o burda, se corrompe la relación entre las palabras y las cosas, todo el delicadísimo equilibrio, todo el misterioso artefacto, se desploma.
La homogeneización a través de una lengua, la búsqueda de una lengua de nadie producto del capitalismo, dice Barbara Cassin y nos advierte sobre la amenaza de un lenguaje único para la comunicación. Necesitamos diversidad en las lenguas, como parte de la diversidad de los ciudadanos.
Cada palabra es el resultado de una historia y de una serie de representaciones, pero sólo adquiere su significado, que designa una cosa y no otra, en su diferencia con otras palabras de la misma lengua. Cada lengua tiene su forma de inventar, de inventariar, de describir, de concebir, de comprender. Una lengua es una energía y se inventa todo el tiempo.

Sabemos que las leyes son necesarias para sistematizar la lengua y enseñarla a las siguientes generaciones, y sabemos también que una lengua está en permanente movimiento y que, de no ser por esos movimientos, desvíos, disidencias y transformaciones, estaríamos hablando hoy lenguas romances o latín vulgar… de hecho, el castellano comenzó desobedeciendo, como lo muestran las Glosas Emilianenses, esas anotaciones al margen en un códice escrito en latín, que en el siglo X o XI algún monje hizo para aclarar algún pasaje, anotaciones en un modo de decir en el que ya hablaba el pueblo pero que todavía no había pasado a su forma escrita. En fin, que en una lengua cabe un mundo, y en ese mundo caben los disensos y las luchas.

Digo esto sabiendo del lugar en el que estoy, deseando profundamente que unos y otros, de aquí o allá, podamos volvernos más y más conscientes de que la uniformidad no es el camino para que la lengua que compartimos se mantenga viva; pienso entonces en congresos de la lengua donde el país receptor intervenga activamente en los contenidos, en un congreso que revise su nombre, un congreso donde se discutan los beneficios económicos de la enseñanza de castellano en el mundo y donde no se vuelva costumbre traducir en un país el castellano de otro país, porque si hay riqueza en esta lengua nuestra, esa riqueza no está en la rigidez sino en la posibilidad de aceptar la potencia de lo diverso y de lo múltiple, la riqueza del permanente movimiento, como sin ir más lejos han hecho los hablantes de lengua inglesa –donde la estandarización proviene de la literatura, los medios y el uso- en distintos modos de hablarlo y escribirlo.

Necesitamos oírnos en nuestras semejanzas y nuestras diferencias, en los múltiples meandros que ofrece este idioma nuestro en el que Cervantes y Rulfo, Sor Juana, García Márquez, Gabriela Mistral y Roa Bastos, Teresa de Ávila, Luis de Góngora, Elvira Orphée y José Donoso, César Vallejo, Quevedo, Borges, Blanca Varela y Juana Castro, Gil de Biedma, Lemebel, Lugones, Arguedas, Watanabe, Sara Gallardo y Onetti, Humberto Akabal, Arlt, Saer y Rosario Castellanos, entre tantos otros… abrieron con mano de seda y de hierro los intersticios de la lengua que de mil maneras les había sido impuesta, para poder decir lo que aún no había sido dicho.

Alfabetizando a población chiriguana en la frontera salteña, nuestra educadora María Saleme entendió que no servían las cartillas hechas en Buenos Aires, que tenía que empezar por la palabra agua, porque el chiriguano es hombre de río, y cuando lo hizo en los valles calchaquíes descubrió que la palabra nudo no era agua, sino tierra.
Adrián Bravi, escritor argentino de la lengua italiana, en un libro que se llama La gelosia della lingua cuenta acerca de una tía que emigró a Argentina en un barco en el que faltó agua potable y donde murieron casi todos los niños de brazos, una tía que podía contar lo vivido en castellano pero al intentar decirlo en italiano, se quebraba porque al evocarlo sus recuerdos tomaba vida propia.
¿Es borde la palabra? ¿O es orilla? ¿O es canto, o línea, o costa, o ribera, o margen? Cada uno tiene sus razones para decir de uno u otro modo porque la lengua es mía, pero no solamente mía.
Esa lengua en la que nuestros recuerdos toman vida propia, en la que podemos razonar y conmovernos, conocer y cuestionarnos, aprender e imaginar, hasta que lo nombrado adquiera vida propia. Porque, como en la parábola que relata Gershom Scholem, aunque no sepamos encender el fuego ni encontrar aquel lugar en el bosque, ni seamos ya capaces de rezar, podemos seguir contándonos unos a otros nuestras historias y la Historia. Perder eso sería perdernos, sería una nueva forma de barbarie.

 

Programa de residencias en Buenos aires para escritores extranjeros

Residence Programme for foreign writers in Buenos Aires

Offers the opportunity to stay five weeks in Buenos Aires as part of their professional and artistic development. 

Annual application 1st November – 5th December 2018

Programa de Residencia para escritores extranjeros en Buenos Aires

Ofrece la oportunidad de permanecer cinco semanas en Buenos Aires como parte de su desarrollo artístico y profesional.

Candidaturas anuales: del 1 de noviembre al 5 de diciembre de 2018

residenciaescritores

Camilleri será Tiresias

camilleri
Andrea Camilleri

El novelista italiano Andrea Camilleri, “padre” del comisario Montalbano -su personaje más popular- protagonizará una obra teatral que él mismo escribió, Conversación sobre Tiresias, por pedido del Instituto Nacional de Drama Antiguo.
El escritor, de 92 años, será dirigido por Roberto Andò en el estreno de la obra, en el Teatro Griego de Siracusa. Será el 11 de junio y la primera vez que Camilleri interprete sobre el escenario un texto propio.
Como el poeta argentino Jorge Luis Borges, también ciego, del mismo modo Camilleri -oriundo de Sicilia y creador de un particular lenguaje que fusiona el italiano con el dialecto- elige al personaje de Tiresias para profundizar en la ceguera y la narración de historias.
El mítico adivino de Tebas es -dice Camilleri- “un espejo en el cual reflejarse y a través del cual releer el sentido último de la invención literaria”. Durante su solitaria conversación, el narrador devenido en actor meditará en voz alta sobre la ceguera y el tiempo, la memoria y la profecía, a la vez que hablará de su propio viaje por la vida y la historia.

Italia celebra sus parques literarios

mappa-724x1024El 22 de octubre Italia celebra la Jornada Nacional de los Parques Literarios, un evento que incluye visitas, paseos y otras iniciativas gratuitas para gratuitos para revivir la atmósfera y la sugestión de aquellos sitios donde nacieron los grandes poemas y novelas italianas.
La Jornada cuenta con el apoyo de la la red de la Sociedad Dante Alighieri: durante ese día, los parques literarios que custodian los recuerdos e inspiraciones de poetas y escritores de todos los tiempos abren al público con iniciativas que incluyen paseos, degustaciones, lecturas, exposiciones y representaciones teatrales.
El conjunto de acontecimientos previstos para ese domingo, durante el cual los parques literarios tendrán entrada gratuita, se puede consultar en www.parchiletterari.com.

Petrarca. En el parque dedicado a Petrarca, en Padua y en los Colli Euganei, los visitantes pueden descubrir lugares que inspiraron los versos del poeta aretino y las cartas apasionadas de los grandes poetas del romanticismo, desde el amor cortés de los trovadores provenzales a los poemas de Shelley, Byron y Foscolo.
En el parque se visitan oasis naturales, abadías, castillos, villas, termas y la casa del Francesco Petrarca en Arquá, última y amada morada del poeta. Por la tarde se prevén paseos literarios con la inauguración de algunas placas y una degustación final.

Eugenio Montale. En el parque consagrado a Eugenio Montale, en Cinque Terre (Liguria), se hallan todas las impresiones y huellas del poeta genovés, reconocido en 1975 con el Premio Nobel: el parque encierra el paisaje natural que inspiró al poeta, y que la Unesco reconoció como Patrimonio de la Humanidad.
Este espacio literario invita a caminar entre los pueblos de Vernazza, Corniglia, Manarola y Riomaggiore, donde se hallan las mismas vistas y villas descritas por la sensibilidad del poeta: en particular Monterosso, donde tiene sede la célebre “casa de las dos palmeras” o la “pagoda amarillenta”, como Montale describía la casa donde pasaba sus vacaciones estivales.

Dante Alighieri. El parque literario “Las tierras de Dante” lleva hacia el descubrimiento de los pueblos y lugares donde vivió el Sumo Poeta. El itinerario abraza un territorio muy vasto, que va desde Florencia a Ravenna: sin embargo, es posible realizar paseos más breves.
El fin de semana del 21 y 22 de octubre un evento especial celebrará también los 750 años del nacimiento de Giotto, con un itinerario guiado hacia el descubrimiento de paisajes ricos en arte y cultura. En particular se visita Vicchio, donde está la casa natal de Giotto y un museo de arte sagrado dedicado al Beato Angelico.

Giosué Carducci. Un poco más al sur, en la provincia de Livorno, está el parque de Giosué Carducci, donde se encuentra intacta la atmósfera de los antiguos poblados -Castagneto Carducci, Bolgheri y Donoratico- descritos en los versos y cartas del poeta, Premio Nobel en 1906. “Aquel tramo de la Maremma que va de Cecina a San Vincenzo, es el círculo de mi juventud… las dulces colinas, el camino del vino, los bosques, los olivares, los pinares sombríos, el canto de las cigarras, las amplias playas sobre un mar cristalino”.

Pier Paolo Pasolini. En Ostia, cerca de Roma, el parque dedicado al escritor e intelectual romano Pier Paolo Pasolini se convirtió, tras años de abandono, el un lugar que conmemora el trágico fin del autor con un monumento realizado por el escultor Mario Rosati. El sitio se encuentra dentro del espléndido oasis natural protegido Lipu, que permite organizar excursiones en un entorno natural.

Gabriele D’Annunzio. A su vez en el parque dedicado a Gabriele D’Annunzio, en Anversa (Abruzzos), tendrá varias actividades en torno al pueblo, que domina el último tramo de las sugestivas gargantas del Sagitario, hoy una reserva natural. El sitio de la provincia del L’Aquila inspiró a muchos otros literatos, botánicos, artistas y viajeros; incluso el gráfico holandés Maurits Escher se inspiró en Castrovalva, antiguo pueblo a 820 metros de altura entre las gargantas, para sus visiones geométricas.

Carlo Levi. En el parque de Aliano (provincia de Matera, Basilicata) dedicado a Carlo Levi se reviven las emociones y lugares descritos en la novela Cristo se detuvo en Eboli: pasando por allí y sus alrededores se capta el sentimiento poético y el profundo amor del escritor por la tierra lucana y su gente. Incluso las leyendas de los brigantes, los lobos y las brujas son elementos que suscitan en el visitante las mismas emociones de maravilla y estupor que sintió Levi al comienzo de su confinamiento.

Otros parques. En Sicilia hay otros parques literarios: el de Caltanissetta, dedicado al dramaturgo siciliano Pier Maria Rosso de San Secondo, el de Aliminusa entre Cefalú y las Madonie, consagrado al poeta Giuseppe Giovanni Battaglia, y el de Polizzi Generosa, dedicado a Giuseppe Antonio Borgese.
Asimiso en Galtelli, Cerdeña, un parque literario recuerda a la Premio Nobel Grazia Deledda; y en Adda Nord se encuentra otro dedicado a Alessandro Manzoni, autor de Los novios.

Premio Tusquets para el argentino Quirós

premiotusquets

El jurado del XIII Premio Tusquets Editores de Novela 2017, presidido por Juan Marsé e integrado por Almudena GrandesAntonio Orejudo, Daniel Ruiz García, ganador en su anterior convocatoria, y, en representación de la editorial, Juan Cerezo, ha acordado por mayoría otorgar el premio a la obra Una casa junto al Tragadero de Mariano Quirós

El jurado ha valorado de la obra ganadora la fuerza de un relato de supervivencia en medio de una naturaleza hostil, el poder hipnótico en la sucesión de acechanzas y peligros que vive el protagonista, y el acierto en la composición de la novela, por la que el lector reconstruye los orígenes y las verdaderas motivaciones de los personajes a medida que avanza en su lectura.

Se presentaron en esta edición 472 manuscritos.

El premio consiste en una estatuilla de bronce diseñada por Joaquín Camps y en un anticipo sobre derechos de autor de 18.000 euros.

Una casa junto al Tragadero

El Mudo vive desde hace unos años en las afueras de la Colonia, un extraño pueblo del norte argentino, junto a su perra, la India. Llegó desde la ciudad de Resistencia y ocupó una misteriosa casa en medio del monte, junto al río. El Mudo trata de no juntarse con nadie, salvo con Insúa, dueño de una tienda-almacén, que le cuenta historias del río Tragadero y le enseña, entre otras habilidades de supervivencia, a cazar monos. Lo que el Mudo quiere es vivir tranquilo, y por eso le molestan los acechos de Soria, un lugareño huidizo que lo denuncia una y otra vez ante la Fundación Vida Silvestre. Con la llegada al lugar de unos jóvenes miembros de esa fundación, las cosas se complicarán.

En medio de la aspereza de una naturaleza hostil, entre pájaros, monos y caimanes yacarés, el lector asiste con tensión creciente a los peligros del río y a las amenazas de los desconocidos, cuyas verdaderas intenciones adivinamos de manera inquietante desde los ojos del protagonista, un hombre que hizo propósito de no molestar a nadie, y de que nadie lo molestara.

 Una casa junto al Tragadero se publicará en la Colección Andanzas el próximo mes de noviembre.

 Mariano Quirós

Mariano Quirós (1979) nació en Resistencia, provincia del Chaco, Argentina. Ha publicado las novelas Robles (Primer Premio Bienal-CFI), Torrente (Premio Festival Iberoamericano de Nueva Narrativa), Río Negro (Premio «Laura Palmer no ha muerto»),  Tanto correr (Premio Francisco Casavella) y No llores, hombre duro (Premio Festival Azabache y Premio Memorial Silverio Cañada, de la Semana Negra de Gijón). Su libro de cuentos La luz mala dentro de mí recibió el Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes. Junto a Germán Parmetler y Pablo Black, publicó el libro de cuentos Cuatro perras noches, ilustrado por Luciano Acosta. Dirige, junto a Pablo Black, el sello editorial Colección Mulita.

Una amiga genial… en tv

ferranteVer el relato que se ha creado convertido en miniserie de televisión es un “cambio radical”, dijo la escritora italiana Elena Ferrante al New York Times, consultada sobre la transformación de su novela La amiga estupenda (L’amica geniale) para la pantalla chica, gracias a una producción HBO-RAI en preparación.
Los personajes, el barrio, “dejan el mundo de los lectores para entrar en aquel, mucho más vasto, de los telespectadores, encuentran personas que nunca leyeron sobre ellos y que por circunstancias sociales o por elección nunca lo habrían
hecho. Es un proceso que me intriga”, agregó.
La miniserie, que se basará en la primera novela de la tetralogía napolitana de Ferrante, convertida en un best-seller mundial, será dirigida por Saverio Costanzo, realizador ganador de un David di Donatello, con producción de Lorenzo Mieli y Mario Gianani para Wildside, y de Domenico Procacci para Fandango.
“Las ciudades no tienen una energía propia”, dijo Ferrante -que desde siempre protege su identidad con un pseudónimo- cuando se le preguntó si espera que surja de la serie una
imagen distinta de Nápoles para el mundo respecto de la que ofrece Gomorra, sobre las investigaciones de Roberto Saviano relativas a la camorra.
Esta energía -agregó- “deriva de la densidad de su historia, del poder de su literatura y de sus artes, de la riqueza emocional de los acontecimientos humanos que allí tienen lugar. Espero que el relato visual provoque emociones auténticas, sentimientos complejos y también contradictorios. Esto es lo que nos hace enamorar de la ciudad”.
La escritora no participa directamente en la escritura del guión -“no tengo las capacidades técnicas para hacerlo”, afirma- pero está contribuyendo con algunas sugerencias en las decisiones para el set, en fase de montaje cerca de Caserta, escribe el periodista del New York Times Jason Horowitz. En las últimas semanas, Horowitz ya había contado sobre una jornada de casting en Nápoles para la serie. (Ver aquí Artículo del New York Times sobre el casting de L’amica geniale)
“Leo los textos y mando notas detalladas. Todavía no sé si las tendrán en cuenta, pero es muy probable que las usen más adelante en la última versión del guión”, agregó la escritora.
Sobre la elección de las dos protagonistas, Lila y Lenú, subrayó que “los niños actores retratan a los niños como los adultos imaginan que deberían ser. (En cambio) los niños que no son actores tienen algunas posibilidades de salir del estereotipo, especialmente si el realizador es capaz de hallar el justo equilibrio entre ficción y realidad”.
Para Ferrante, L’amica geniale no es una fábula, sino “un relato realista. Es la infancia la que se ve coloreada por elementos de lo fantástico, y seguramente Lila también. Por cuanto concierne a la fidelidad al libro, espero que sea en forma compatible con la necesidad del relato visual, que usa diferentes instrumentos para obtener los mismos efectos”.
Finalmente la escritora también opina cuando le preguntan si espera, o teme -dada la participación de HBO- que la serie se convierta en un fenómeno mundial, una suerte de “Game of Thrones” a la italiana. “Lamentablemente -dice- no ofrece el mismo tipo de articulaciones narrativas”.

Fuente: ANSA