Convocatoria para Residencia de Escritores Malba

Ya abrió la convocatoria para participar de una nueva edición de la Residencia de Escritores Malba

Se seleccionarán a tres autores extranjeros que durante cinco semanas trabajarán en Buenos Aires en un proyecto propio en el contexto de la escena cultural local. Dos residentes serán elegidos de cualquier parte del mundo y gracias al Programa REM+AC/E se elegirá a un tercer participante de España.
La convocatoria para las tres estadías está abierta a través de la web de la REM hasta el 10 de noviembre.

Malba anuncia la apertura de la tercera convocatoria de la REM, Residencia de Escritores Malba, dirigida a escritores extranjeros que quieran ampliar su desarrollo artístico y profesional, viviendo cinco semanas en la Ciudad de Buenos Aires. La residencias se realizarán durante los meses de abril-mayo; agosto-septiembre (autor/a español) y octubre-noviembre 2020. La convocatoria se encuentra abierta hasta el 10 de noviembre en la nueva página de la REM: https://rem.malba.org.ar/

El comité honorario que estará a cargo de la selección de los autores está integrado por John M. Coetzee (escritor, Premio Nobel de Literatura, Sudáfrica); M. Soledad Costantini (directora, Malba Literatura); Christian Lund (director, Louisiana Literature Festival, Dinamarca) y Valerie Miles (editora, Granta en español, EEUU).

En las últimas ediciones de la REM se recibieron 700 aplicaciones de escritores de 35 países. Los autores participantes en 2018 fueron Fiona Sze-Lorrain (Singapur, 1980) y Mercedes Cebrián (Madrid, 1971); y en 2019 Luisa Geisler (Canoas, Brasil, 1991), Javier Montes (Madrid, España, 1976) y Daniel Saldaña París (Ciudad de México, 1984) que actualmente se encuentra en Buenos Aires en su segunda semana de la residencia. Hoy a las 19:00 participará de una entrevista pública en el museo a cargo de Mauro Libertella.

La REM propone una experiencia urbana que permite el contacto con diversas manifestaciones culturales de la ciudad y es además una plataforma que promueve redes de colaboración artística. La REM se constituye como un foro de diálogo y creación literaria. No sólo a través de la presencia de escritores y especialistas de prestigio residiendo en el país, sino también por medio de un programa de actividades y eventos que se desarrollan anualmente y que tienen a la Residencia como el principal gestor y promotor de redes de trabajo.

La posibilidad que uno de los tres seleccionados sea de nacionalidad española surge del objetivo común de la Residencia de Escritores Malba y de Acción Cultural Española (AC/E) de favorecer la internacionalización de los creadores de España y Argentina y construir puentes de colaboración con autores, editores y gestores de ambos países.

La Residencia en 2020 volverá a desarrollarse en un antiguo edificio de la calle Paraguay, en el barrio de Palermo.

Junto con Ediciones Ampersand -socio institucional de la REM- se organizarán diferentes actividades en Malba y en Casa Cavia en torno a la obra de los autores seleccionados a su llegada a Buenos Aires.

Selección de los participantes

  • Los autores interesados deberán tener al menos tres libros publicados de cualquier género: novela, cuento, poesía, literatura infantojuvenil, no-ficción literaria. No serán considerados los papers académicos ni las obras auto-publicadas.
  • No tener la ciudadanía argentina ni ser residente en el país.
  • En caso de no ser hispanohablante, es deseable (pero no es una condición excluyente) que algunas de las obras del autor estén traducidas al español.
  • El autor en residencia se compromete a dedicar su tiempo en Buenos Aires a trabajar en un manuscrito.
  • Un jurado de expertos seleccionará anualmente a los participantes de la REM.
  • Es importante que los aplicantes sean independientes y puedan desplazarse por la ciudad de forma autónoma.
  • La Residencia invita a los residentes a producir un texto breve (1.000 palabras) en su estadía, para ser publicado en la página web del museo.

Beneficios para los participantes

  • Pasajes correspondientes al traslado del escritor seleccionado desde su ciudad de origen hasta Buenos Aires, así como el pasaje de regreso.
  • Un departamento amueblado para su alojamiento y el desarrollo de sus actividades durante la estadía.
  • Un estipendio de U$S 500 destinado a colaborar con gastos diversos durante la duración del programa. Para autores bajo el programa REM+ AC/E serán € 500.
  • Seguro internacional de viajero durante su estadía.
  • Tarjeta Malba que permite el acceso irrestricto a las actividades programadas por el museo: salas de exposición, programación de cine, literatura y descuentos en la tienda y el restaurante.
  • Tres actividades públicas organizadas por la Residencia en el museo y/o instituciones afines destinadas a difundir la obra del autor invitado, como parte de su agenda en la ciudad.
  • Tickets para diversas manifestaciones culturales y un calendario sugerido de actividades en instituciones locales de referencia, a través de la cual los participantes podrán conocer la agenda cultural de la Ciudad.

+info y aplicación: www.rem.malba.org.ar

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Adiós a Andrea Camilleri. El sur, el norte y la palmera.

Andrea Camilleri es Sicilia. Una lista declinada en más de cien libros, bajo la forma de novelas, ensayos, colecciones de relatos, misceláneas. Una isla descrita con un color y un sabor personal, entre la ficción y la reconstrucción histórica, entre la actualidad y el minucioso trabajo de archivo. Entre sus muchos personajes, sus muchas historias, sobresale la infinita popularidad del comisario Montalbano en la imaginaria Vigàta, reconstruida literariamente sobre Porto Empedocle, la ciudad natal del escritor. Un Montalbano acompañado por una galería de personajes inefables e inolvidables: en pocas palabras, le debemos muchas horas de lecturas felices, palabras deliciosas que nos permitieron recuperar, a tantos descendientes de italianos del sur en el mundo, el sabor del dialecto siciliano o calabrés que hablaban nuestros padres.

Lo despedimos con un pequeño homenaje: un texto inédito en castellano con el que comienza el largo libro-entrevista La linea della palma. Saverio Lodato fa raccontare Andrea Camilleri, editado por Rizzoli en 2002. Se trata de un largo relato centrado en la vida del escritor, narrada por él mismo, que invita al lector a entrar en un mundo de otros tiempos. Reflexiones sobre política, preguntas sobre los difíciles tiempos en que vivimos, conocimiento de la historia: Camilleri no deja aquí tema sin tocar. Los invitamos a empezar…

Saverio Lodato: Rodeado por esposa, tres hijos y cuatro nietos, Andrea Camilleri me pareció un amasijo de bondad -como se hubiera dicho en otros tiempos-, un tranquilizador Maigret que, con su pipa y una jarra de cerveza, se inclina sobre las situaciones de la vida, sobre las razones de los otros, por muy buenos, menos buenos, insignificantes, víctimas, protagonistas, testigos ocasionales o canallas que puedan ser.

Se termina por volverse inexorablemente altruistas cuando uno se pasa la vida razonando sobre los asuntos de los otros otros. Me di cuenta entonces de que, en una ocasión semejante, el entrevistador debía dar un paso atrás: a alguien como él había que dejarlo hablar. Hacerle poquísimas preguntas. ¿Comenzando por dónde? Obviamente por Sicilia, por los sicilianos. Y por Leonardo Sciascia, que inició el razonamiento sobre la línea de la palmera que del sur subía lentamente hacia el norte, poco a poco, sobre una hojita de versos hace cuarenta años.

Andrea Camilleri: Quisiera empezar esta discusión nuestra desde lejos. Una vez, Leonardo Sciascia afirmó en una curiosa poesía, La palma va a Nord (la palmera va hacia el norte), que los estudiosos de las plantas se habían dado cuenta de que la palmera, el árbol de la palmera, subía cada año quinientos metros hacia el norte. Los últimos dos versos de aquella poesía me quedaron muy grabados: “Probablemente, entre saltos y pausas, el promedio de la marcha es más rápido…”. Debo decir que la cosa también es bastante plausible dados todos los cambios climáticos, que en los últimos tiempos se hicieron más evidentes. Sin duda, si uno lo lleva al extremo, la visión de una palmera sobre una banquisa polar, como fenómeno botánico es más bien perturbadora. Pero probablemente, como metáfora, lo es bastante menos. En sustancia la palmera es la metáfora de aquella que es -según lo que yo puedo interpretar del pensamiento de Sciascia- una cierta mentalidad paramafiosa que está invadiendo no solo Italia, sino toda Europa. Atención: no propiamente mafiosa en sí misma. Y es un modo de pensar bastante más difícil de combatir que la propia mafia. Lo vemos, por ejemplo, en países que nos parecían de algún modo inmunes e incorruptibles y que en cambio, con el tiempo, demostraron tener en su interior amplias franjas de corrupción. Naturalmente, todo esto salió a la luz solo después de Mani Pulite. Esto fue, a mi juicio, una especie de tapón que saltó. Y esta tapa hizo saltar otras botellas que se creía que habían envejecido bien, con buen calidad. Un ejemplo por todos: Helmut Kohl, en Alemania (…). La doble moral que hace decir: “Sí yo robé para el partido, pero no robé para mí” es un sistema de pensamiento muy meridional. No digo siciliano, sino muy meridional, meridional-europeo, me animaría a decir, pero que se está extendiendo hacia el norte.

Doy un paso hacia atrás. Una vez leí un asombroso artículo de un periodista siciliano, Telesio Interlandi, uno de los inventores del racismo italiano durante el período fascista. Dos años antes de publicar Contra Judaeos en medio de los años Treinta -ese libelo que luego Guido Piovene reseñó desencadenando la matanza- Interlandi había escrito en el Lunario Siciliano, una curiosa revista siciliana agrícola-literaria dirigida por Francesco Lanza y Nino Savarese, que tal vez era necesario dar vuelta el mapa. En sustancia no estaba dicho que la civilización tuviera por fuerza que venir del norte, porque Italia sí estaba apoyada como raíz hacia el norte, pero sus ramas, sus frutos, se extendían hacia el Mediterráneo, hacia Africa. Y aquellas ramas, aquellos frutos, eran para él la verdadera señal de la civilización. Se ve que esto no funcionó si luego cambió de idea, convirtiéndose en un intransigente defensor de la raza.

También es cierto que ahora, esas hojas de palma, están realmente subiendo hacia el norte, pero no se trata de una civilización. Es algo peor. Sciascia eligió entonces a la palmera para su metáfora, precisamente por su característica de mudarse… Vea, yo tengo una casa en Toscana, a novecientos metros de altura… Mi tío me regaló almendros y yo los planté. Resistieron, lograron crecer. Pero en la primera helada fuerte se fueron. Imagínese si una palmera puede resistir ese tipo de clima. Por lo tanto, quiero decir, como emblema metafórico está muy bien elegido: esta palmera que es africana, es tropical,es importada a Sicilia y en Sicilia prospera… La palmera no es siciliana… y sin embargo en Palermo está el Hôtel Des Palmes, uno de los más antiguos hoteles de la ciudad. La palmera, tal vez, encontró su territorio ideal de decoración, de embellecimiento, de gusto, precisamente en Sicilia. (…) ¿Por qué precisé que no solo de mafia quería hablar Sciascia cuando indicaba que la “línea de la palmera estaba subiendo hacia el norte? Porque creo que la palmera, para él, representaba la ambigüedad de las relaciones… Pero aquí no quisiera hablar exclusivamente de Sicilia. Todo el Meridione fue, un poco por doquier, considerado inferior respecto del norte productivo de las industrias: parasitario, lugar ideal para los que gozan la sombra de una palmera en lugar de ir a la fábrica a las seis de la mañana. Los mexicanos, casi por definición, non travaglianu, duermen siempre bajo la sombra del sombrero… Así es, nuestro sombrero sería la palmera. Pero también es cierto que bajo la palmera piensas, razonas. Y dado que debes sobrevivir, sobrevives con compromisos, astucias, relaciones ambiguas.

Vuelve Natalia Ginzburg (el “efecto Ferrante”)

El éxito arrollador de L’amica geniale en lengua inglesa devuelve al centro de la escena a otras escritoras italianas. Especialmente a la autora de Lessico Famigliare.

Gracias al “efecto Ferrante” -al arrasador éxito de las novelas de la cuatrilogía napolinana de L’amica geniale– Estados Unidos redescubre a Natalia Ginzburg. “Una de las grandes autoras italianas del siglo XX”, como la describió el New York Times, saludando la publicación en inglés de dos obras de ficción de Ginzburg, fallecida en Roma en 1991. El 25 de junio llegarán a las librerías estadounidenses la novela de 1947 È stato così, en la versión clásica en inglés de Frances Frenaye de 1949, y Caro Michele, nuevamente traducido por Minna Zallman Proctor, con el nuevo título de Happyness as Such.

Ambas novelas siguen, dos años después, a la reedición para el mundo anglosajón de la obra maestra autobiográfica de Ginzburg, Lessico Famigliare (1963), en una nueva traducción de Jenny McPhee con introducción de Tim Parks. Mientras tanto, en Gran Bretaña el año pasado Daunt reeditó la colección de ensayos de 1962 Le Piccole Virtù, y en febrero reimprimió Le Voci della Sera.

“Es un poco como leer a Ferrante, con la diferencia de que mientras lees a Ferrante tienes la impresión de hacerte una nueva amiga, mientras con Ginzburg es más bien hallar un mentor”, escribió en el Guardian Lara Feigel. .

En 1991, el New York Times había rendido homenaje a Ginzburg en una nota necrológica de William H. Honan, donde se indicaba que la escritora había sido “inicialmente liquidada como una autora menor debido a su interés por la vida familiar”. “Escribo sobre las familias -había dicho Ginzburg a su vez un año antes- porque es donde todo comienza”. El redescubrimiento fue lento pero constante: “Hay algo de Beckett en su prosa, de Chejov, al que admiraba mucho; del último Shakespeare donde a menudo las tragedias son en bambalinas”. “Ginzburg nos dio un nuevo modelo para la voz femenina”, se hizo eco un año más tarde la escritora Rachel Cusk. Hoy para el New York Times esta vez es “instantánea, casi violentamente reconocible: distante, divertida y melancólica. ¿De dónde viene su estilo? ¿Conscientemente construido o inconscientemente ocultado? ¿Inventado o heredado? El sello de Ginzburg es inconfundible, tan circunscrita por su tiempo” y al mismo tiempo tan universal “que no hace falta background agregado para apreciarla”.

Aquí los invitamos a leer el comienzo de Lessico famigliare:

Cuando yo era pequeña y vivía en casa de mis padres, si mis hermanos o yo volcábamos un vaso encima del mantel o se nos caía un cuchillo, mi padre tronaba: «¡No hagáis groserías!».Si mojábamos el pan en la salsa, gritaba: «¡No rebañéis los platos! ¡No hagáis mejunjes!».

Los cuadros modernos también eran, según mi padre, cochinadas y mejunjes; no los podía soportar.

Decía: «¡No sabéis comportaros en la mesa! ¡No se os puede llevar a ningún sitio!».

Y decía: «Si fuerais a una table d’hôte de Inglaterra, os echarían enseguida por hacer cochinadas».

Tenía en gran estima a Inglaterra. Consideraba que era el mayor ejemplo de civilización del mundo.

Durante las comidas solía hablar de las personas que había visto ese día; era muy severo en sus juicios y todo el mundo le parecía estúpido. Para él, un estúpido era «un tonto». «Me ha parecido un grandísimo tonto», decía de alguien a quien acababa de conocer. Además de los tontos, estaban los «palurdos». Para mi padre los «palurdos» eran las personas que se comportaban torpe y tímidamente, las que se vestían de forma inapropiada, las que no sabían montañismo y las que no sabían idiomas.

Llamaba «palurdez» a cada acto o gesto nuestro que juzgaba fuera de tono. «¡No seáis palurdos! ¡No hagáis palurdeces!», nos gritaba continuamente. La gama de las palurdeces era muy amplia. Llamaba «palurdez» a ir con zapatos de ciudad a las excursiones al monte, a entablar conversación, en el tren o por la calle, con un compañero de viaje o con un transeúnte, a hablar con los vecinos desde la ventana, a quitarse los zapatos en el salón y calentarse los pies en el radiador, a quejarse de sed, de cansancio o de rozaduras en los pies durante las excursiones al monte y a llevar a ellas comidas grasientas y servilletas para limpiarse los dedos.

A las excursiones sólo se podía llevar un determinado tipo de alimentos: queso fontina, mermelada, peras y huevos duros, y sólo se podía tomar el té que él mismo preparaba en el hornillo de gas. Inclinaba sobre éste su cabeza absorta con el pelo rojo cortado a cepillo y protegía la llama del viento con su chaqueta de lana de color hollín, chamuscada y pelada por la zona de los bolsillos; todas las vacaciones llevaba la misma.

No permitía que nos lleváramos coñac ni terrones de azúcar a las excursiones, porque decía que eso era «de palurdos», y no nos podíamos parar a merendar en los chiringuitos porque era una palurdez. También era una palurdez ponerse un pañuelo o un sombrero de paja para que no nos diera el sol en la cabeza, cubrirnos con impermeables con capucha cuando llovía y anudarnos bufandas al cuello. Todas estas protecciones eran muy importantes para mi madre, que todas las mañanas, antes de salir de excursión, las metía en la mochila, pero mi padre, nada más verlas, las volvía a sacar encolerizado.

Durante las excursiones, nosotros, con nuestros zapatos de clavos duros y pesados como el plomo, medias de lana, pasamontañas, gafas de nieve sobre la frente, y el sol cayendo de plano sobre nuestras sudorosas cabezas, mirábamos con envidia a los «palurdos» que subían, ligeros, con zapatillas de tenis, o se sentaban a tomar nata en los chiringuitos.

Mi madre decía que ir de excursión al monte era «la diversión que el diablo daba comer fuera, porque, después de comer, le gustaba leer el periódico y echarse la siesta en el sofá.

Pasábamos todos los veranos en la montaña, donde alquilábamos una casa por tres meses, de julio a septiembre. Solían ser casas alejadas del pueblo, y mi padre y mis hermanos iban todos los días con la mochila a la espalda a hacer la compra a la aldea. Como no había ningún tipo de diversión o distracción, nos pasábamos toda la tarde metidos en casa: mi madre, mis hermanos y yo alrededor de la mesa, y mi padre leyendo en la parte opuesta de la casa. De vez en cuando se asomaba desconfiado y frunciendo el ceño a la habitación donde estábamos charlando y jugando, y se quejaba a mi madre de que nuestra criada Natalina le había desordenado los libros.

«Tu querida Natalina es una demente», decía, sin importarle que ésta pudiese oírlo desde la cocina. De todos modos, Natalina ya estaba acostumbrada a esa frase y no se ofendía en absoluto.

Buenos Aires homenajea a Conan Doyle

La Dirección General del Libro, Bibliotecas y Promoción de la Lectura del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires organiza al ciclo Homenaje al escritor británico Arthur Conan Doyle, al cumplirse 160 años de su nacimiento, a partir de una serie de actividades para recorrer sus obras en las Bibliotecas Leopoldo Lugones y Casa de la Lectura con entrada gratuita.

Durante los días viernes 21 desde las 18 hs, y sábado 22 desde las 15 hs y el domingo 23 a partir de las 16 hs, se llevarán a cabo una serie de charlas, lecturas, performances, talleres y proyecciones a cargo la periodista y escritora Andrea Ferrari, el escritor y profesor  Mario Méndez, la docente Licenciada en Letras Leticia Valls, la Licenciada en Psicopedagogía Nancy Estefano Pérez, la Doctora en Letras María Inés Castagnino, el Gestor Cultural Damián Blas Vives,  y la Editora Lucila Hechart.

Programación:

Biblioteca Leopoldo Lugones. Viernes 21 de junio.

Performance Los Sherlocks, a cargo del Taller de Actuación de la Biblioteca Lugones, bajo de la dirección de Leo Bossio. Biblioteca Leopoldo Lugones. 18 hs.

Lecturas y escrituras de Arthur Conan Doyle en Argentina. En un recorrido a dos voces por su vida y su obra, los escritores Andrea Ferrari y Mario Méndez conversarán acerca del renovado interés que los lectores de todas las edades experimentan por Conan Doyle.  18.30 hs.

Cierre de Los Sherlocks19.30 hs.

Casa de la Lectura, Sábado 22 de junio

Actuando la lectura: Edición especial “Conan Doyle”. Taller de lectura recreativa y vivencial, en la que chicas y chicos se acercarán a la obra de Arthur Conan Doyle a través del juego y el teatro. 16 h.

De la razón a la magia: las creencias de Conan Doyle. La presencia de un animal en la célebre novela El mastín de los Baskerville dispara el cuestionamiento sobre el valor que la razón reviste para Conan Doyle. Su narrativa policial, que ha hecho saltar de la ficción a la realidad a Sherlock Holmes, acaso ya deja traslucir la profunda creencia en el espiritismo y la magia, manifiesta en los últimos veinte años de su vida. María Inés Castagnino, Damián Vives y Guadalupe Campos Battilana, especialistas en literatura inglesa, policial y fantástica, se referirán a estos temas. 17.30 hs.

Casa de la Lectura, domingo 23 de junio

Taller de misterio para chicas y chicos. Partiendo de las aventuras del gran Sherlock Holmes, el grupo creará un caso misterioso con todas las pistas para resolverlo. Por Lucila Hechart. 15 hs

Conan Doyle y el cine. Función especial de Cine para Lectores. Proyección de El mastín de los Baskerville (1959), de Terence Fisher. 17 hs.

El “Fahrenheit criollo” o la debacle del libro argentino

Reproducimos completo el informe difundido por el Observatorio Universitario de Buenos Aires (OUBA), dependiente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, sobre el difícil panorama que enfrenta la industria editorial argentina.

Editoriales, libreros y cámaras de la industria editorial argentina confirmaron en los primeros meses de 2019 su peor crisis histórica agravada por los millones de volúmenes perdidos y por la generación de verdaderos daños estructurales. A partir de 2016 se publicaron menos de la mitad de ejemplares en comparación con el récord positivo histórico de 2014.

La caída editorial argentina desde 2016 registró, con la combinación explosiva de retracción de consumo generalizada a nivel nacional, inflación acumulada superior al 200% y devaluación persistente, una baja de ventas de al menos 36%, así como la pérdida de cerca del 35% de puestos de trabajo directos e indirectos y el cierre de decenas de librerías, con problemas de ventas.

Se trata de números reflejados en estadísticas publicadas por cámaras del sector, en particular por la Cámara Argentina del Libro (CAL) , a finales del año pasado, y actualizadas de manera periódica con encuestas a sus afiliados durante el presente año.

La CAL es una de las entidades más representativas y vocera de la problemática del sector al agrupar a más de 500 medianas y pequeñas editoriales.

“El sector atravesó varios momentos severos de crisis a lo largo de su desarrollo, que posiblemente no puedan ser estrictamente comparables entre sí por circunstancias históricas y puntuales, pero sí podemos decir que esta tal vez sea la crisis más prolongada alcanzando ribetes estructurales por su extensión en el tiempo”, dijo Diana Segovia, gerente de la CAL.

“Estamos con la mitad del mercado de producción de la primera tirada en relación al año 2015. Se pierden lectores y después es muy difícil recuperarlos, además estos tiempos propician el auge de la piratería en especial en formatos digitales de distinto tipo con perjuicios para la industria”, explicó.

Según la Encuesta Nacional de Consumos Culturales, el promedio anual de lectura pasó de tres libros por habitante en 2013 a 1,5 en 2017. Por ello en el marco recesivo argentino desde la asunción del gobierno de Mauricio Macri en diciembre de 2015, el sector editorial fue uno de los primeros en sufrir graves pérdidas, dos años antes que otros como electrodomésticos, textiles, calzados y automóviles.

Según datos del ISBN (International Standard Book Number) compilados por la CAL de enero a octubre del 2018 se imprimieron 36.320.000 de ejemplares, que si fueran comparados con 2014 –año del récord histórico absoluto para la industria en volumen de producción, con más de 128.900.000 ejemplares impresos–, muestran el vértigo de la debacle.

“En lo que va de 2019 se generaron 22,6 millones de ejemplares. Esto muestra una pérdida de un cuarto de tirada promedio para la edición general argentina”, dijo Adrián Vila, Especialista en Políticas Editoriales de la Universidad de Buenos Aires y Doctor por la Universidad de Salamanca, al realizar una estimación de cifras actualizadas al día de hoy.

También la producción de ejemplares del Sector Editorial Comercial (SEC) no deja de decrecer desde 2016 y el año pasado fue de cerca de ocho millones de ejemplares menos que en aquel año.

Un derrumbe transversal

El desglose de la pérdida de puestos de trabajo hasta el mes de febrero del año 2019 implicó una caída directa para el sector editorial de al menos 20% de trabajadores, a lo que debe sumarse la desocupación indirecta ligada a la falta de tareas para correctores, diagramadores, traductores y otros oficios que participan externamente en la producción de libros, que suma al menos 15%

A las “bajas” en el camino debe agregarse también la reducción de personal en librerías de al menos el 15% desde 2016.

El informe de la Federación Argentina de la Industria Gráfica y Afines (Faiga), otra asociación de relevancia, determinó a su vez que entre 2016 y 2018, se perdieron más de cinco mil puestos de trabajo en la industria gráfica.

Las editoriales deben afrontar el valor “volátil” y dolarizado del papel, que se traslada de manera inmediata a los costos: se trata de dificultades que afectan al conjunto de la industria gráfica, no solamente a la producción específica de libros.

“Además habría que ver cómo editoriales y librerías añaden a sus catálogos y a sus planes de venta los libros digitales. El ecosistema digital está en constante expansión y se está transponiendo literatura nacida impresa en papel de manera sostenida”, indicó Vila.

“Un estudio sobre literatura latinoamericana que hemos realizado muestra que en tres años (2015-2018) se ha digitalizado un 10% más de los títulos de la base de datos que disponíamos.

Pasamos de un 31% del corpus buscado en 2015, a un 41% en 2018. Los libros digitales poseen algunas ventajas: su estructura de costos es menor (una vez realizado, ya está, no se sigue produciendo en reimpresiones y reediciones). El tema es qué papel juegan las librerías físicas y las imprentas “, prosiguió.

Vaivenes políticos

Los incentivos a la producción y la compra estatal de libros, por licitación, se dejaron de lado, tras tomar impulso con la sanción, en 2006, durante el gobierno de Néstor Kirchner, de la Ley de Educación Nacional, en la que los libros se concibieron como material de promoción de lectura en escuelas públicas de los niveles inicial, primario y secundario y llegaban gratis a los alumnos.

Alberto Sileoni, que se desempeñó como ministro de Educación entre 2009 y 2015 durante las dos presidencias de Cristina Fernández de Kirchner, promovió la compra, también por licitación, y con la misma finalidad de promoción de la lectura, de autores nacionales.

Por otra parte la CONABIP (Comisión Nacional de Bibliotecas Populares), conformada por casi dos mil bibliotecas y 30 mil voluntarios en toda Argentina, contribuyó asimismo a la promoción de la lectura.

Una estadística oficial muestra con claridad el cambio de situación con la asunción del gobierno de Macri : de 1150 millones de pesos en 2015, en el renglón de compras estatales de libros, se pasó a erogar sólo 100 millones de pesos en 2016.

Según el último informe del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc), dependiente de UNESCO, se registró “disminución de los ejemplares producidos por las entidades públicas en Argentina” , durante los años desde el cambio de gobierno.

Recientemente, diversos actores del medio editorial propusieron un proyecto parlamentario que aspira a la creación del Instituto Nacional del Libro (INLA), iniciativa que fue presentada ante la Comisión de Cultura por el diputado nacional Daniel Filmus.

Algunos de los ejes fundamentales del proyecto de ley, entre otros, son:

– Contribuir a la circulación de la creación literaria y el pensamiento argentino como herramienta de democratización y enriquecimiento del debate público.

– Promover la circulación federal del libro y el acceso igualitario en todo el territorio de nuestro país, fortaleciendo los mecanismos de distribución y comercialización.

– Promover los espacios de promoción y difusión del libro en sus dimensiones culturales y de promoción de la lectura.

– Contribuir a garantizar derechos de autores y productores culturales editoriales.

– Promover la presencia y circulación del libro argentino en el ámbito de la lengua castellana más allá de las fronteras nacionales a través de políticas de estímulo a la exportación y traducción de libros argentinos.

El drama en sordina de las librerías

“Muchas librerías cierran, entran en convocatoria o pagan muy mal y son nuestra principal fuente de ingresos”, dijo el responsable de una importante editorial que opera en el país. Según cifras de la CAL desde 2016 se cerraron 35 pequeñas librerías en el país y otras 30 liquidaron sucursales, fueron absorbidas por cadenas, -otro rasgo del fenómeno de la concentración en la industria editorial-, o redujeron espacios y personal por los costos inaccesibles por el aumento inflacionario de alquileres y servicios como la electricidad.

Apenas como somera mención y a modo de ejemplo, según la asociación de Defensa de Usuarios y Consumidores (DEUCO), las tarifas de luz en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el conurbano bonaerense se incrementaron hasta 2.800% desde 2016 hasta el último mes de abril.

Para el librero Ezequiel Leder Kremer, responsable de Librería Hernández, las cifras de cierres hasta el mes de mayo de este año son casi el doble a las estimadas en el último informe de la CAL, de acuerdo con mediciones propias que llevan adelante entre representantes de librerías.

“Nuestros relevamientos en el sector nos indican al menos los cierres de 56 puntos de venta si agregamos las seis sucursales de la cadena Distal que se contabilizaron a principios de mayo de este año. La única posibilidad a futuro que vemos es una recuperación del mercado interno, incremento del poder adquisitivo y mayor demanda laboral como soluciones de fondo”, dijo. “Tenemos cada vez menos clientes, la recesión contribuye a cambios de idiosincracia cultural, destruye hábitos cultivados por años en nuestro país. Las personas ya no salen, se recluyen temprano en sus casas, aferradas a sus abonos al cable o a los servicios por streaming como su última ventana con el exterior y los consumos culturales, que costaron décadas fomentar, se ven profundamente perjudicados”, concluyó Leder Kremer.

Crisis coyuntural y estructural

“La crisis editorial actual puede pensarse en dos dimensiones, una coyuntural y otra estructural.  La primera se refiere a la circunstancia de que el libro es un objeto suntuario y en toda situación económicamente recesiva es una de las primeras materias que cae en el mercado y una de las últimas en recuperarse. En tanto la mirada estructural tiene que ver con que a partir de la década del 90 en Argentina empieza a darse un proceso de concentración permanente de la industria editorial”, afirmó el vicedecano de la Facultad de Filosofía, Américo Cristófalo, referente en el área editorial y reconocido traductor.

“Los grandes grupos editoriales dominan una porción vastísima del mercado, mientras que las editoriales medianas, pequeñas e independientes se disputan una porción muy pequeña. Este rasgo estructural que acompaña el movimiento de la industria editorial a nivel global, solamente puede ser modificado por medio de regulaciones del Estado, que no es precisamente el concepto que tiene hoy la política hegemónica”, agregó

“Estamos ante una crisis incomparable, ni durante las dictaduras ni en la década menemista delos 90, que marcó el inicio de la concentración de la industria editorial argentina, se verificó un panorama tan desolador”, explicó.

“A la gran crisis de 2001 le siguió una fuerte recuperación que se acentuó de manera  exponencial entre 2004 y 2015, hasta marcar el récord histórico de publicaciones del país en millones de ejemplares. Este período se caracterizó, además de las mejores condiciones de producción y de venta, por la recuperación de funciones de la actividad editorial relegadas, como la traducción, que en muchos casos logró anticipar a grandes editoriales concentradas con la puesta en circulación de autores y obras relevantes, como ocurrió en las mejores épocas de la historia editorial argentina, así como la promoción de autores jóvenes y el rescate de escritores argentinos “, añadió Cristófalo.

“Del mismo modo habría que decir que durante ese período la industria gráfica alcanzó altos niveles de inversión en nuevas tecnologías y en la modernización del parque editorial”, concluyó.

Según el Cerlalc : “En Argentina, las seis editoriales comerciales líderes, ordenadas según la cantidad de ejemplares declarados, son responsables del 56% del total de ejemplares producidos por las editoriales comerciales, sobre la base de un modesto 10% de los ISBN solicitados por estas mismas en 2017. Cuatro de las siete editoriales destacadas por ejemplares producidos son grupos internacionales, en concreto, Penguin Random House mediante su división Grupo Editorial con sede en España; las españolas Planeta y Grupo Prisa, casa Matriz de la editorial de libros educativos Santillana, y la alemana Holtzbrinck” .

Las publicaciones universitarias no son la excepción en la crisis. La Facultad de Filosofía y Letras, por ejemplo, trabaja dos líneas de edición: una vinculada a materiales académicos de las cátedras y a la publicación de resultados de investigación producidos en la casa y otra, EUFyL, que aspira a intervenir con un catálogo relevante en el medio cultural argentino, esta segunda línea de producción dirigida a librerías y de distribución nacional quedó fuertemente afectada por el impacto de la crisis actual.

Las publicaciones universitarias apenas suman el 4% de quiénes producen libros en Argentina, según las últimas estimaciones de la CAL.

Fahrenheit criollo: resistencia y reducción de daños

El 14 de diciembre del año pasado el colectivo “Trabajadorxs de la palabra” realizó con gran repercusión de asistencia un “Librazo” en la Plaza de los Dos Congresos, frente al Parlamento argentino, con mesas de debate, espectáculos musicales, “suelta de libros” y lecturas públicas, justamente de fragmentos de la novela Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, que recrea un aparato estatal dedicado literalmente a la quema de libros con el oxímoron de un Cuerpo de Bomberos incendiario.

El llamado se hizo bajo las siguientes consignas: “Tratamiento efectivo de la Ley del Libro, No al vaciamiento de la Cultura y la Educación, No a la falta de políticas activas para la actividad editorial y No al ajuste, el endeudamiento y la represión”.

“Lxs trabajadorxs de la palabra somos librerxs, editores, periodistas culturales, traductorxs y escritorxs. El sector en el que trabajamos está en crisis. La caída del salario diezmó las ventas de libros teniendo como consecuencia, en muchos casos, el cierre de librerías. El aumento en los costos de producción, a partir de la devaluación y la dolarización del precio del papel, daña los planes editoriales y conlleva una menor cantidad de libros publicados y de trabajos asociados a la producción del libro. Toda la cadena de valor está precarizada. Desde correctorxs hasta autorxs,  pasando por el diseño, la diagramación, la impresión y la venta. A lo que se suma la falta de políticas públicas de incentivo o regulación y la apertura de importaciones”, resumía el Colectivo en el comienzo del significativo comunicado de convocatoria.

La metáfora creada por Bradbury en 1953, como repudio a la asfixiante extensión del macartismo en Estados Unidos, cobra actualidad en el plano de la realidad editorial argentina:

la vida del libro argentino, amenazada por la profundidad de la crisis y por la estructura monopólica dominante del sector requiere políticas urgentes de reparación y de recuperación activa.

Entre distintos actores del mundo editorial circula la convicción generalizada de que un período de cuatro años más en estas condiciones va a significar un golpe de gracia letal para la industria cultural tal como la conocemos hasta el momento.

Gran muestra sobre Gramsci en Moscú

El filósofo italiano Antonio Gramsci vivió en la entonces Unión Soviética entre 1922 y 1923, como delegado del Partido Comunista Italiano (PCI) en el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista.
    En el Museo Estatal de Historia de la Literatura Dahl de Moscú abre la exposición dedicada a sus famosos Cuadernos de la cárcel, que por primera vez salen de los límites de la Unión Europea.
    Los Cuadernos, expuestos una sola vez fuera de Italia en 2017 en el Instituto Italiano de Cultura de Londres, se conservan habitualmente en la Fundación Gramsci de Roma.
    “Se trata de un evento de extraordinaria importancia desde el punto de vista histórico y cultural por cuanto permite reabrir un debate en Rusia sobre el legado político y la memoria histórica vinculándolo con la figura de Gramsci, poco conocido para el público ruso”, comentó Olga Strada, directora del Instituto Italiano de Cultura de Moscú.
  Si la muestra londinense estuvo dedicada exclusivamente a los Cuadernos, en Moscú el objetivo es más amplio: dar a conocer al público el pensamiento, la personalidad y el destino de Gramsci, dado que en Rusia solo lo conocen los estudiosos, mientras en Italia y en toda Europa se lo considera como una figura clave del siglo XX.
 Un destino extraño, considerado que la biografía de Gramsci está indisolublemente vinculada con Rusia. Allí conoció a Julia Schucht, hija del revolucionario Apollon Alexandrovich Schucht, muy cercano a la familia Ul’janov y amigo personal de Lenin.
   Julia dio a luz dos hijos: Delio y Giuliano, cuyos hijos, los nietos de Antonio Gramsci, todavía viven en Moscú.
   En la muestra se exponen documentos únicos, libros, cartas (en italiano y ruso) procedentes de la colección del Archivo Estatal Ruso de Historia Social y Política, fotos y objetos personales de la colección del nieto del filósofo, Antonio Gramsci “el joven”.
  Entre las reliquias de familia se presenta un cenicero que, fumador empedernido, Grasmci usó hasta el final de su vida, y “El príncipe” de Nicolás Maquiavelo, que lo acompañó durante todo su período de prisión y fue fuente de inspiración para la redacción de los “Cuadernos”.
    La muestra abrirá hasta el 7 de julio en la nueva sede del Museo Dahl.

Fuente: http://www.ansalatina.com https://bit.ly/2YRlT7p

El hijo de J.D. Salinger publicará material inédito de su padre

J.D. Salinger, autor de The Catcher in the Rye (El guardián entre el centeno), dejó “mucho material inédito que será publicado”, según contó su hijo, el actor y productor Matthew Salinger, en un encuentro realizado en el Salón del Libro de Turín, dedicado al centenario del nacimiento del novelista.


“No hay mejor momento para comunicar que mi padre siguió escribiendo durante otros siete años, después de haberse retirado de la escena. Leí todo el material que existe e intenté ensamblarlo del mejor modo posible”, explicó Matthew Salinger, cuyo papel más conocido es el de “Capitán América” (1990).
“Es un material que quiero compartir, pero no saldrá seguramente en los próximos tres años… digamos que será en la próxima década. Estoy buscando actuar más rápidamente, pero también quiero ser muy atentado y cuidadoso”.
Mientras tanto, no quiso dar más detalles porque “diría mis impresiones -según aseguró- pero sería un error ante mi padre y sus lectores si dijera más”. También dijo desear que su padre hubiera tenido “un sistema mejor de archivo. Algunas cosas las acomodaba un poco a su manera”.
Para Matthew Salinger, su padre era un escritor en el que había “un elemento religioso en la relación con sus lectores. No quería que la gente tuviera preconceptos mirando un libro suyo, no quería fajas en la tapa y tampoco imágenes hollywoodenses del autor”.
En el plano personal, Matthew recordó a un padre “muy dulce y presente”, así como “su atención cuando te miraba. Sus ojos. Lograba entenderte. Veía todo y sabía cuándo debía dejarte por tu cuenta”. Lo describió como un hombre que “escuchaba a las personas que lo necesitaban, pero solo si había un problema real”.
También “me hizo entender que no alcanza con ser inteligentes. Hay que tener un corazón y luchar en nuestra propia vida para hallar la sabiduría. Encuéntrenme, decía, la verdadera sabiduría”, dijo Salinger evocando a su padre, que “estuvo siempre presente en mi vida, más que los padres de mis amigos”.
Cuando extraña a su padre, agregó, Matthew Salinger hace lo mismo que su padre: “Era la persona menos sola que conozco, porque estaba rodeado de sus libros. Pasaba días con ellos. Yo también lo hago. Cuando lo extrañé, releí todas sus obras. Y ahora leo todos los días este material no publicado, y esto lo mantiene vivo para mí”.

¿Qué es la Twitteratura?

El fenómeno de lectura colectiva de clásicos en Twitter

La dinámica de contar libros ha cambiado, y en Twitter aumenta el número de referentes para América Latina. Otra forma de leer y sumar lectores.

Sin dejar las páginas de los libros, la literatura se vuelca al mundo digital. Las plataformas como Twitte se conocen como “el ágora del siglo XXI”, donde la lectura de clásicos o los nuevos autores, encuentran y conectan con sus audiencias.

Poco a poco, la esfera de Twitter ha comenzado a llenarse de textos cortos y creativos. Pero no hay que confundirse, pues la Twitteratura –un término usado de forma general por estos lectores– no es impresa. Más bien son textos, originales o de autores clásicos, distribuidos a través de la plataforma y que adoptan diversas formas: Tweets, Retweets, Favoritos, Hilos, imágenes o videos. Lo que se sea para poder ilustrar y dar forma a una historia, pero siempre en 280 caracteres.

¿Qué se gana con esta propuesta? Que la Twitteratura despierte la curiosidad de los nuevos lectores, lo cual es parte de la literatura electrónica que exige una participación activa de la comunidad. Se puede enriquecer parte de la historia contada y compartirla con otros usuarios. Y es que en Twitter existen muchos intereses, pero cuando se trata de contar historias, hacerlo a la audiencia adecuada –y atenta, sobre todo– marca la diferencia para los lectores.

Comienza la literatura digital en Twitter

Si bien esta tendencia está en Twitter desde hace algún tiempo, la dinámica comienza a posicionarse cada vez más en Latinoamérica. Claros ejemplos del movimiento y su impacto en las audiencias son: Jean-Yves Fréchette (@pierrepaulpleau) y Jean-Michel Le Blanc (@Centquarante), quienes fundaron el primer Instituto de Twitteratura Comparada (ITC) Burdeos-Quebec, destinado a promover el género. Este Instituto organizó el Festival internacional de Twitteratura, cuya primera edición se celebró en Quebec en 2012.

Asimismo, la primera novela reconocida de este tipo fue la creación española “Serial Chicken”, sobre una gallina asesina y que se catalogó dentro del género “Twiller”; sí, por la combinación entre “Twitter” y “Thriller”. Su autor es el escritor y periodista Jordi Cervera (@JordiCervera), que la incluyó en el certamen de novela negra de Barcelona en 2010, y la divulgó en microcapítulos diarios.

La intriga protagonizada por la gallina mala se pudo seguir el perfil de BCNegra (@bcnegracast), en donde sus seguidores esperaban atentos cada Tweet que revelaba la siguiente acción dentro de la historia.

El ingenio latino, al servicio de la literatura en Twitter

Con la herramienta Hilos de Twitter, disponible desde fines de 2017, la tarea del Twitterato –por la combinación entre Twittero y Literato– se facilitó, y mucho más aún, para los Twitteros lectores que pudieron empezar a leer historias completas por medios de varios Tweets unidos. Esto mismo ha sido aprovechado por Pablo Maurette (@maurette79), Twittero argentino que ha destacado por sus increíbles historias dentro de la plataforma. Pablo es un autor e investigador radicado en Estados Unidos desde el 2004, conocido por tomar la iniciativa de publicar el libro “La Divina Comedia” en forma de Tweet, un canto por día. Su nombre es hoy sinónimo de lectura de los clásicos de la literatura universal, en la plataforma.

Salón del Libro en Turín

Del 9 al 13 de mayo se realiza el próximo Salón del Libro de Turín, bajo el lema “El juego del mundo”, entendido como himno a la vida, la superación de las crisis y las contradicciones contemporáneas.
El programa es amplio y para todos los públicos: desde los más jóvenes, a quienes les guiña un ojo el alma pop del encuentro, hasta los lectores de larga data.
Participarán Fernando Savater, con una “lectio” sobre Europa en la velada inaugural, y Wole Soyinka, premio Nobel de Literatura 1986. También el irlandés Colum McCann y la sueca Camilla Läckberg; Luis Sepúlveda y Giancarlo di Cataldo.
A diferencia de otros años no habrá países invitados, sino un idioma –el español- que atraviesa encuentros y presentaciones, con un programa realizado junto con el Instituto Cervantes y los Institutos Italianos de Cultura de Madrid y Buenos Aires.
Será importante el espacio para la historieta, el cine y los autores musicales, como Achille Lauro, Frankie Hi-nrg Mc y Danny
Goldberg, exmanager de Nirvana, llamados a hablar de la lengua italiana hablada, cantada y escrita.
También habrá una sección dedicada a Primo Levi, realizada con el Centro Internacional de Estudios Primo Levi presidido por Ernesto Ferrero, el IBF-International Book Forum en el que se inscribieron 465 profesionales del mundo editorial de 36 países, y la reunión con finalistas del premio Strega Europa, Catherine Dunne, David Diop, Robert Menasse, Jeanne de Salzman y Leonard Feijffer.

Rayuela, nueva edición conmemorativa

 

El reciente VIII Congreso de la Lengua Española organizado en Córdoba fue la ocasión para presentar oficialmente una nueva edición conmemorativa (en 2013 hubo otra, cuando fueron los 50 años de la publicación original en 1963) de Rayuela, la más famosa novela de Julio Cortázar, considerada su obra maestra (una valoración en permanente en discusión) y famosa tanto por su desestructuración como por el tierno y perdurable personaje de la Maga.

Rayuela, que se iba a llamar Mandala hasta que Cortázar pensó que el título era pedante, o que se asociaba con “mandala a…” -acentuando a la argentina- atraviesa las décadas consagrada como clásico pero también ampliamente discutida por quienes ven en sus ansias de experimentación las visibles marcas del tiempo. O no: a cada lector su Rayuela, al fin y al cabo.

Pero esta tiene un plus, o mejor dicho dos: por un lado el regreso de la tapa original, con la rayuela que el propio Cortázar dibujó para la primera edición, y la inclusión en facísimil del Cuaderno de Bitácora, las notas que el escritor fue trabajando en paralelo con la escritura de la novela, reseñando su proceso de génesis. ¿Fue Rayuela una novela cuidadosamente planificada… o no? Según Vargas Llosa, la principal figura de la presentación en Córdoba, no. Cuenta el autor de La ciudad y los perros que se sorprendió el día que le preguntó a Cortázar, quien le aseguró que nunca sabía qué seguiría en la hoja cada día.

Estuvieron en la presentación en Córdoba, además de Vargas Llosa, el nicaragüense Sergio Ramírez, al presidente de la RAE Santiago Muñoz Machado y el de Academia Argentina de Letras, José Luis Moure. La nueva edición, como las anteriores a cargo de Alfaguara, forma parte de la colección que patrocina la RAE y que ya incluye al  Quijote, de Miguel de Cervantes; Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez; o Yo el Supremo, de Augusto Roa Bastos. En el caso de Rayuela, el volumen incluye textos complementarios de Gabriel García Márquez, Adolfo Bioy Casares, Carlos Fuentes, Vargas Llosa, Sergio Ramírez, Julio Ortega, Andrés Amorós, Eduardo Romano y Graciela Montaldo.

Vargas Llosa se explayó largamente sobre su amistad con Cortázar, a quien conoció en París en 1958, contando anécdotas sobre el escritor y su esposa, Aurora Bernárdez, en apoyo de su teoría de que no resulta posible comprender la obra cortazariana sin dilucidar aspectos de su biografía.

“Había un rumor ya en esa época -comentó-, que en la casa de los Cortázar había un cuarto donde Julio Cortázar se encerraba a jugar. Armaba mecanos, o tocaba su trompeta -le gustaba mucho el jazz- y simplemente era un cuarto de juguetes. Y yo creo que por lo menos el Cortázar de aquellos años -después cambió mucho- no me hubiera sorprendido nada que pasara algunas horas exactamente como los niños, jugando”. “La gran novedad, la verdadera revolución” de Rayuela “creo que no fue la estructura, absolutamente insólita, sorprendente, sino probablemente que era la primera novela en la historia de la lengua española que introducía el juego como elemento absolutamente esencial. Ya desde el título. A lo largo de la novela todos los personajes, sin excepción, se entregan al juego, a distintos tipos de juego”.

Sin embargo, para Vargas Llosa Rayuela no es “la gran obra de Julio Cortázar. Yo creo que el Cortázar del futuro -será siempre leído, tendrá siempre admiradores devotos-, probablemente el Cortázar más verdadero, será el de los cuentos. Fue un cuentista verdaderamente excepcional, que tiene pocos equivalentes en su época”.

Por su parte Sergio Ramírez recordó que para los escritores de su generación “la década del 60 fue una década de retos, desafíos e interrogantes como ninguna otra. Entrar en el universo de la literatura precisaba de héroes literarios, de iconos. La literatura ampliaba la rebeldía” y “el hecho de escribir no se separaba de la idea de acción”.

“El espíritu de Julio Cortázar flotaba sobre las aguas revueltas de la historia, los cronopios que querían tomar por asalto por el poder -porque los seres humanos quedaban inexorablemente divididos en cronopios, esperanzas y famas. El mundo anterior no servía, se había agotado: Rayuela planteaba la destrucción sistemática de todo el catálogo de valores de Occidente, sin hacer propuestas. Se quedaba en una operación de demolición y no aspiraba a más. Las propuestas políticas de Julio Cortázar vinieron después”.

El desafío de la lectura de Rayuela -“compleja en la trama, la propuesta de lectura, las vidas de los personajes”- sigue así vigente, tal como recordó José Luis Moure, precisando que se intentó hacer con la nueva publicación una edición “que le sirva al lector”.

El castellano, ¿el español?

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crédito: youtube

Discurso de cierre de la escritora María Teresa Andruetto en el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española (Córdoba 2019)

Hay una grieta en todo / así es cómo entra la luz, dice Leonard Cohen, Y entonces es ahí, en las fisuras, donde quisiera mirar.
No fue sencillo para mí aceptar la invitación a cerrar este congreso, por las disidencias diversas que con él tiene, por razones también diversas, la comunidad a la que pertenezco y por mis propias disidencias.
Me tranquilizan dos cuestiones, la primera es que antes de aceptar hice saber mi posición y la invitación se sostuvo –con un espíritu democrático y una amplitud que mucho agradezco–; la otra es que estoy aquí como escritora y el lugar de quien escribe es, en lo que respecta a la lengua, un lugar de desobediencia, de disenso. En nombre de ambas cosas digo estas palabras.

La primera cuestión tiene que ver con el nombre mismo del Congreso, llamado aquí –y es al menos curioso que con la contraparte nacional se haya llegado a esa denominación– Congreso de la Lengua Española, porque para nosotros, para nuestro sistema educativo, la academia, la alta cultura y la cultura popular, esta lengua en la que aquí hablo siempre ha sido la lengua castellana.
Así llegó a América, con la conquista y con la iglesia, la lengua de Castilla, y fue esa lengua y no otras que se hablaban o se hablan en España como la que se impuso –no sin dolor, no sin lucha, no sin resistencia– sobre las lenguas originarias.
Esto nos lleva a preguntarnos de quién es la lengua, quién le da el nombre y quiénes reconocen su lengua en ese nombre. Aunque en las previas a este Congreso se ha insistido en la idea de que la lengua es de todos sus hablantes, en la amplia procedencia geográfica de los ponentes y en la alta presencia de mujeres en las mesas, me pregunto si esa que se dice de todos es la misma lengua; en caso de serlo, quiénes son sus dueños y atendiendo a que una lengua con tantos hablantes, además de un capital simbólico es un capital económico, quiénes hacen usufructo de ella.
Desde Madrid, el ministro de Educación de la Provincia, a la pregunta de un periodista acerca de ciertos contenidos, reconoció que ni la parte argentina ni la cordobesa intervienen en la elección del temario.
Es la Real Academia, dice. A su vez, el director de la Real Academia, remarcó la importancia de estos congresos con la frase: “Durante unos días, se tratará de ponerle voz española a los asuntos que nos ocupan a todos, tal vez sin tener dimensión de lo que la frase “voz española” significa aquí, para nosotros.
Entonces, no debiéramos desentendernos de ciertas preguntas, aunque incomoden. Preguntas como: ¿Para qué un congreso en estas pampas sin intervención local sobre sus contenidos? ¿Es la lengua de España la misma que se habla en América? ¿El muy diverso castellano de cada uno de nuestros países es la misma lengua española de la que el Congreso habla? Y finalmente, porque estamos en Argentina, ¿se trata de la misma lengua que aquí se habla?

Sí y no. La misma y otra. Para los hablantes de mi país se trata de una cuestión que lleva más de un centenario, cuestión desestimada o minimizada por las instituciones españolas de la lengua, sus espacios de formación, sus editores…, como lo expresa blanco sobre negro el reciente planteo del director mexicano Alfonso Cuarón, quien declaró en la clausura de un ciclo de cine en Nueva York, que le resultaba ofensivo para el público (e imagino sin dudas que para sí mismo) que su película Roma se haya subtitulado en España.
“Me parece muy, muy ridículo, a mí me encanta ver, como mexicano, el cine de Almodóvar y yo no necesito subtítulos al mexicano para entender a Almodóvar”. Le parece ridículo, dice, que un español necesite que le digan “No os acerquéis al borde” en lugar de “Nomás no se vayan hasta la orilla”. Entiendo muy bien lo que dice Cuarón, me ha pasado que una editora española haya pretendido cambiar durazneros por melocotoneros con la extraña fundamentación de que en España nadie entendería la palabra duraznero, pero sucede que melocotonero es una palabra tan artificial para un argentino que nunca jamás podría usarla.

En fin, cierta pretensión de uniformidad, la homogeneización que destruye lo singular o lo invisibiliza, el modo en que se ilumina la propia lengua al ver cómo toma caminos diversos.

Todo eso borrado, dice la cordobesa Eugenia Almeida, porque el castellano de esta América es un conjunto de variables mestizadas por pueblos originarios, aportes árabes, africanos, europeos y asiáticos que –esclavizados, sometidos, aceptados o bienvenidos- impregnaron nuestros modos de decir y de pensar. Hablaba el ruso en quince lenguas, dice en algún lugar Julia Kristeva.

La segunda cuestión aparece cuando reparamos en que esto no es recíproco. Casi 600 millones de personas de 22 naciones hablamos la misma lengua. ¿Son soberanas lingüísticamente esas naciones? Y si es así, ¿por qué sus modos de decir necesitan ser traducidos a un decir mejor, a un bien decir?

En la Declaración Universal de los Derechos Lingüisticos firmada en Barcelona en 1996, se expresa que los hablantes pueden usar la lengua según las necesidades de cada lugar de origen, garantizando así “los principios de una paz lingüística mundial justa y equitativa, factor decisivo de la coexistencia social y cultural”.
Más del 90 por ciento de los hablantes de lengua española habita en países de América, y
menos del 10 por ciento, en España. Sin embargo, las variedades idiomáticas americanas no tienen tantas posibilidades de ser reconocidas por la Academia y, cuando lo son, pasan por formas folklóricas, americanismos.
Por su parte, en el Diccionario Panhispánico de Dudas, alrededor de un 70 por ciento de lo que se considera “malos usos de la lengua” es de origen latinoamericano, lo cual tiene que ver no sólo con la idea de purismo y la pretensión de uniformidad, sino sobre todo con la convicción de que el bien decir se decide fuera de nosotros.
Se trata de las políticas de control del idioma, de la tensión entre las hablas de una comunidad y las normas que esa comunidad dicta o acepta y de la lucha entre transformación y preservación. La advertencia gramatical no me limita, sino que me recuerda que yo estoy en la lengua, y me da movilidad dentro de ella. Me recuerda que la lengua es mía y que no es solo mía… me recuerda que el vínculo es el vehículo compartido.

El interés por la gramática trasunta el interés por la conservación del espacio público, dice la colombiana Carolina Sanín. ¿Sin leyes seríamos más libres? Necesitamos instituciones reguladoras pero necesitamos también que esas instituciones nos representen de una manera más justa, porque una lengua –que por cierto es mucho más que sus reglas- vive en las bocas de sus hablantes y es asombrosa la velocidad con que lo vivo deviene en frase hecha, en palabra muerta, en clisé.

Un idioma es una entidad en permanente movimiento, una inmensidad, un río, en su adentro caben muchas lenguas como caben muchos pueblos. Argentina, para dar el ejemplo que más a mano tengo, no se hizo sólo con descendientes de hispanohablantes, es un país que mezcló la población originaria con la invasora, y recibió aluviones migratorios de italianos, gallegos, árabes, aymaras, vascos, polacos, guaraníes, armenios, coreanos, alemanes… se trata de un país que nunca vivió el purismo idiomático, la necesidad de conservar la “casticidad”, palabra por otra parte tan cercana a la castidad.
En fin, que somos impuros o mestizos (muchas veces mestizos étnicos y siempre mestizos
culturales), que es impura nuestra lengua y esa impureza es nuestra riqueza. Dice el colombiano Fernando Vallejo que preguntarse quién habla bien es una tontería porque el castellano se habla como se puede en todos los ámbitos del idioma, un idioma de 22 países entre los cuales contamos a España.
En fin, que para riqueza de hablantes, escribientes y lectores, y para riqueza de nuestras
literaturas, peninsulares, latinoamericanos y ecuatoguineanos debiéramos cuidarnos mucho de una lengua que se someta a la lengua oficial, una escritura que ponga en retirada a cada modalidad de la lengua en particular, cuidarnos de no confundir la lengua viva con los cementerios de la lengua, acoger, dice también Fernando Vallejo, el idioma de la vida, que es el local.
Hasta acá, un poco distraídos, podríamos pensar que se trata de diferencias de habla, de lo singular que se aleja de ciertas normas, de ciertos corrales, cierta legislación que va y viene desde una región a otra, pero por cierto que no se trata de un camino de ida y vuelta entre modos diversos de usar la lengua, sino de una corriente que va o pretende ir desde la antigua metrópoli hacia sus dominios de antaño y nunca de modo inverso.
Esa corriente de poder lingüístico unidireccional viene a nuestros países con las formas de decir y escribir que España considera correctas sin comprender que a muchas expresiones del castellano de España las comprendemos nosotros poniendo a prueba nuestros oídos, porque la música, y el habla, y el gusto, no son los mismos para todos y porque, parafraseando un relato cristiano, hay ovejas que son de este corral y otras que son de otro corral pero de todas es el universo de la lengua.
No hace mucho, una investigadora madrileña me dijo llena de sorpresa ella y más sorprendida yo por su reflexión: “No entiendo por qué los argentinos necesitan traducir a Dante (a raíz de una edición aquí de La divina comedia, con traducción del poeta Jorge Aulicino) si ya está traducido al español”, pero es que tal vez ni se advierte siquiera cómo pegan en nuestros oídos muchas traducciones de editoriales españolas, especialmente cuando se trata deescritores que trabajan con lo coloquial; pero no me extiendo en el tema porque de todo esto habrán dado cuenta las mesas sobre traducción del Congreso, ya que es materia habitual de debate entre nuestros traductores.
No se trata de una cuestión menor, ni tampoco meramente retórica. Durante la pasada
dictadura, los escritores argentinos en el exilio español se preguntaban qué hacer con nuestro lenguaje. Elijo dos respuestas a esa pregunta: el escritor y crítico David Viñas, en julio de 1980, dice en una carta “¿Se academiza la cosa, se la agayega, se le pone almidón y se la plancha?”. En otra carta, de agosto de 1980, el escritor Antonio Di Benedetto, dice: #He procurado clarificar un tanto el vocabulario para el lector español sin dar la espalda a mi potencial lector argentino o latinoamericano. Con tal criterio he sustituido algunas voces. Ejemplo: no “saco”, que aquí sugiere “bolsa”, sino chaqueta, dicción que no es extraña al argentino, ¿verdad? ¿Verdad?”. Podemos oír un grito ahogado en ese ¿verdad?, un gesto de desesperación, porque la elección de la lengua (y dentro de ella, la de sus infinitos matices) indica en qué sistema literario puede o quiere insertarse un escritor, indica por quiénes y de qué modo desea ser leído y revela también el costo que ese escritor está dispuesto a pagar para encontrarse con sus lectores.
Cuando comencé a publicar y se abrió tímidamente alguna posibilidad de editar mis libros fuera de Argentina, la lengua, esa materia con la que trabaja un escritor, comenzó a presentarse como un obstáculo. No es el libro, no es la historia, es el lenguaje… tan argentino, se me dijo en muchas ocasiones.

En 1876, Juan María Gutiérrez, preocupado por el lenguaje rioplatense (como Esteban Echeverría y Juan Bautista Alberdi, sus colegas de la Asociación de Mayo), rechazó públicamente la propuesta de integrar la Real Academia Española, lo que provocó una serie de cartas con un periodista español que también polemizó acerca de ello con Sarmiento. La cuestión de si hablar castellano o una de las lenguas originarias del territorio que ocupa nuestro país, y en el caso de hablar castellano, qué castellano hablar y escribir, en fin, la pregunta acerca de si era conveniente seguir a pie juntillas a la Academia Real del país del cual estábamos independizándonos o si debíamos dejar que la lengua, aun siendo la misma -la misma y otra, por cierto- se independizara a su vez y corriera a su aire, aceptando nosotros, sus hablantes, las transformaciones que le íbamos dando, se discutió aquí en la segunda mitad del siglo 19, una discusión que nuestros prohombres dieron por saldada hace ya más de 150 años.
Esa cuestión, que en nuestras carreras de letras se estudia como la polémica acerca de la
lengua, polémica que es por supuesto lingüística y estética pero por sobre todo fuertemente política, se dirimió en el marco del movimiento estético/político romántico, y la llevaron adelante Gutiérrez, Echeverría, Sarmiento y Alberdi, los cuatro grandes escritores románticos argentinos, a la vez cuatro políticos centrales, lo que es casi decir los fundadores de nuestra literatura y de la nación.
De todo ello emergió la convicción de que ese castellano que se hablaba no necesitaba sujetarse a los dictámenes de su casa central, de modo que ser un hablante o un escritor argentino es también ser un usuario de la lengua desobediente ante la demanda de casticidad.

La tercera cuestión aparece cuando reparamos en la lengua como un capital no sólo simbólico, cuando comprendemos su faz económica, y entonces nos preguntamos ¿quién usufructúa los dividendos que da esta lengua en el mundo? El gobernador de la provincia dice “sabemos que es un recurso natural inmenso, un bien renovable que se multiplica con el uso, que gana valor cada día y hoy es deseable inclusive para los nacidos y criados en otras lenguas”, lo cual coloca en primer plano este aspecto de la lengua como capital económico. A la hora de certificar internacionalmente los cursos de aprendizaje como lengua extranjera, las jornadas internacionales para profesores de español, como suelen llamarse, ¿quién certifica? ¿Quién obtiene los dividendos de esas acciones? ¿Se distribuyen esos dividendos entre los diversos países en que se habla castellano o se trata de un recurso que le pertenece mayoritariamente a instituciones españolas?
Todas las relaciones humanas están mediadas por la política, atravesadas por diferencias de poder, y ese poder se materializa en el lenguaje que, citando a Bajtin, es producto de la actividad humana colectiva y refleja en todos sus elementos tanto la organización económica como sociopolítica de la sociedad que lo ha generado.

La búsqueda de uniformidad, el paso de un rasero que aplane las particularidades de nuestros castellanos, va en consonancia con la persecución de un mayor rendimiento económico, con que libros, películas y series, publicaciones en papel o digitales, cursos de enseñanza y literatura destinada a niños y jóvenes sirvan para la mayor cantidad posible de usuarios.
Por eso la persistente búsqueda de un castellano a la española o un latinoamericano neutro que permita a esos productos circular en todo el continente, viajando más y mejor, penetrando de modo más rápido, sin que importe que eso sea a costa de nuestra singularidades y vaya –cómo de hecho va– contra la riqueza del idioma. Baste escuchar en nuestro país a alumnos, hijos o nietos, hablando de leños, carros y neveras para comprender lo que digo.
¿Por qué hablan cómo hablan los personajes en los programas infantiles enlatados? ¿Por qué se subtitula una película de un castellano a otro, como sucedió con la ya citada Roma y sucede con tantas otras? ¿Es porque los españoles no comprenden la palabra “orilla” y necesitan que se las traduzca como “borde”? ¿O se trata de simplificar y uniformar para atraer el mayor número posible de espectadores hacia una película o una serie que pueden generar mucho dinero?
Empresas y capitales multinacionales promueven la ampliación del mercado del castellano, en su modalidad española o en lo que llaman americano neutro para, en lo uniforme y hegemónico, reforzar el monopolio de la lengua como negocio; buscan un idioma de modalidad única (para tantos hablan hablantes de culturas tan distintas), a costa de su depredación, del mismo modo que los monocultivos en su búsqueda desmedida de dinero van contra la riqueza del suelo y la diversidad que nos ofrece la naturaleza.

Víctor Klemplerer, en su libro sobre las transformaciones de la lengua alemana durante el Tercer Reich, registra en su diario de manera minuciosa cómo el lenguaje se va falsificando, va perdiendo su singularidad y su verdad, lo que constituirá la más potente difusión del nazismo en todas las capas de la población.

La vida de una lengua, si en algún sitio reside, es en lo particular, en su inestabilidad; la uniformidad como estrategia económica, la mono lengua, la neutralidad, lo que produce es destrucción, depredación. En ese arco ingresan las Industrias de la lengua, el turismo idiomático, la corrección política donde se incluyen los debates actuales sobre si el lenguaje es inclusivo o no y en qué medida es e inclusión incluye la diversidad de todo tipo, no sólo la de género.
Pero volvamos a nuestra resistencia ante la demanda de uniformidad en los modos de decir, ya que el pensamiento se construye en y con el lenguaje a través del cual se manifiesta, podríamos avanzar un paso en nuestro razonamiento y decir que se trata de una demanda de uniformidad No sólo en los modos de decir sino también en los modos de pensar.

Por eso, si bien muchos acceden a esas demandas, otros tantos nos sostenemos en el desacato, el desacomodo, el rechazo a una lengua apta para todos los públicos. No se trata de un capricho, se trata de una búsqueda de identidad que se refleja en el modo de hablar y de escribir, desvíos de cierto extranjero deber ser para encontrar en lo individual más hondo, allí donde refracta lo social, ecos de la lengua de un pueblo, una región, una comunidad, un sector social, búsqueda de un contrapoder frente a lo hegemónico.
Se dice que la lengua no es de las instituciones sino de los hablantes. Y aunque así es en  lo que hace al uso cotidiano, no parece suceder lo mismo en el aprovechamiento económico que una lengua provee porque, sin dudas, no es mayoritariamente el castellano argentino, ni el mexicano, ni el peruano, ni el boliviano… el que se comercializa en la enseñanza Internacional del idioma.

La cuarta cuestión, el lenguaje inclusivo.
“El Congreso de la Lengua se ocupará del presente del español, pero no discutirá sobre lenguaje inclusivo”, han dicho a la prensa, con total firmeza, las autoridades de la Academia.
“Tendremos participación igualitaria entre varones y mujeres”, se dijo, y yo no puedo dejar de preguntarme si habrá habido mujeres y en qué proporción en las decisiones de contenidos.
Desconozco si la Academia y el Instituto tienen mujeres en sus directorios, pero si las tienen, ellas no han dado sus opiniones a la prensa. Se dijo que hay 250 ponentes de 32 países… 250 ponentes y ni una sola mesa de discusión sobre un tema como es la inclusión de género, vivamente presente en la agenda actual, tanto de América latina como de España.
El lenguaje inclusivo nos pone delante de la carga ideológica de la lengua, que habitualmente nos es invisible. Claro que compartimos la lengua y que ella no es de nadie, ni siquiera de las buenas causas.
Claro que corremos riesgos de que el lenguaje inclusivo se vuelva pura corrección política. Claro que no sabemos qué pasará con la literatura, ni si es posible escribir en lenguaje inclusivo de un modo lo suficientemente cargado de ambigüedad como para conservar la función poética del lenguaje, de un modo que además de hacernos pensar, nos conmueva, nos emocione, nos complejice.

Claro que no sabemos qué sucederá en el largo plazo, si ese lenguaje que viene a irrumpir se estabilizará en la lengua y en tal caso de qué modo, si ingresará y de qué manera a nuestras literaturas, pero sabemos de su uso y expansión en ciertos sectores sociales (especialmente urbanos) y en jóvenes de cualquier género, y vemos cómo impregna y permea los usos públicos, periodísticos y políticos, y entonces resulta asombroso que no se haya incluido siquiera una mesa de discusión sobre algo que está moviendo los cimientos de nuestras sociedades.
En la lengua se libran batallas, se disputan sentidos, se consolida lo ganado y los nuevos
modos de nombrar –estos que aparecen con tanta virulencia – vuelven visibles los patrones de comportamiento social. Palabras o expresiones que llegan para decir algo nuevo o para decir de otro modo algo viejo, porque el lenguaje no es neutro, refleja la sociedad de la que formamos parte y se defiende marcando, haciendo evidente que los valores de unos (rasgos de clase o geográficos o de género o de edad…) no son los valores de todos.
Algo que no existía comienza a ser nombrado, algo que ya existía quiere nombrarse de otro modo, verdadera revolución de la que no conocemos sus alcances, ni hasta dónde irá, ni si abarcará un día a la mayor parte de la sociedad, a sus diversas regiones, a las formas menos urbanas de nuestra lengua y a todos sus sectores sociales.
No podemos prever su punto de llegada, pero sí sabemos que está entre nosotros de un modo tal que no podemos obviar. Lo que queda claro, lo insoslayable, es que se trata de una cuestión política, de que la lengua responde a la sociedad en la que vive, al momento histórico que transitan sus hablantes, porque como dice también Victor Klemperer, “el espíritu de una época se define por su lengua”.
El asunto entonces es cómo se las ingeniará la lengua para conservar un territorio común entre sus hablantes, para seguir siendo en su diversidad, sus diferencias y su riqueza, su lugar de reunión, para usar el nombre de un poema de nuestro Alejandro Nicotra. La lengua es mía pero no sólo mía, entonces cada uno de nosotros es dueño de la lengua, siempre que tenga la conciencia suficiente como para advertir su componente social.
Este código compartido, este contrato entre hablantes, esta libertad tiene siempre por límite el deseo de ser comprendidos, porque no hablamos solos ni para nosotros sino para comunicarnos con otros. Ante esa complejidad, sólo caben la diversidad y la flexibilidad; por otra parte, la lengua nos da todo el tiempo muestras de saber transformarse sin destruirse y, finalmente, sacudir el lenguaje, es –en palabras de Althusser- una forma entre otras, de práctica política.

Otra cuestión, el castellano como lengua de las ciencias y del conocimiento.
El posicionamiento del castellano como lengua científica y filosófica, nos lleva a la disputa ante el inglés como lengua dominante, a entrar en diálogo y tensión con otras lenguas y contra la imposición de una lengua única para el universo científico.
En fin, que el mismo razonamiento sostenido en defensa de las variables americanas del
castellano, ante su variante oficial se aplicaría en este campo de disputa en el que nuestro idioma está en condición de minoría con respecto a la lengua oficial de las ciencias, el inglés  como lengua única.
Una tarea de principal importancia es la recuperación del castellano como lengua del saber, lo que no equivale a promover un provincianismo autoclausurado y estéril sino un universalismo en castellano que se acompaña con el aprendizaje de muchas otras lenguas para acceder a todas las culturas y entrar en interlocución con ellas contra la imposición de una lengua única.
El desarrollo del castellano como lengua del saber, del pensamiento y del conocimiento  académico postularía un internacionalismo de otro orden, babélico y no monolingüe, y requeriría un cambio radical en nuestra cultura de autoevaluación universitaria y científica, dice el cordobés Diego Tatian y el argentino / mexicano Enrique Dussel, en su libro Filosofías del sur, pregona que las diversas tradiciones se dispongan para un auténtico y simétrico diálogo, gracias al cual cada una aprendería muchos aspectos desconocidos, más desarrollados por otras tradiciones. Se trataría de un mutuo enriquecimiento.

La amenaza de una lengua de comunicación única es muy real. Contra esa amenaza, es necesario que cada uno hable su lengua y más de una lengua, dice Bárbara Cassin. Lugar común la lengua y el pensamiento, donde lo común no aspira a lo uniforme, lo aceptado por todos ni lo ya dado, sino a un territorio que, abrigando las singularidades, permita encontrar en un tesoro acumulado por generaciones de escribientes y de hablantes, las palabras que nos permitan abrir la historia, decir cosas nuevas y a la vez reconocer la radical igualdad de los seres humanos.

Para ir cerrando
El lenguaje da acogida a la experiencia de los hombres, nos promete que lo que se ha experimentado no desaparecerá del todo, dice John Berger. Una novela, un cuento, un poema, dice también él, usan los mismos materiales que el informe anual de una corporación multinacional.
El hecho de que estén hechos con casi las mismas palabras y similar sintaxis no significa más que el hecho de que un faro y la celda de una prisión puedan construirse con piedras de la misma cantera, unidas con el mismo cemento.
En fin, que casi todo depende del modo en que se articulan las palabras, el modo en el que cada uno de nosotros se vincula con el lenguaje como lugar de reunión, en el convencimiento de que él es –además de instrumento práctico- vehículo de expresión de la subjetividad de un individuo y de una sociedad, tesoro fecundado por múltiples desvíos e innovaciones, sostenido por generaciones de hablantes y escribientes como motor de creación, factor de mutación, de transformación, para dar testimonio de lo vivido e imaginado, de la ligazón con lo sagrado, la celebración de lo acontecido y el lamento por lo perdido. En fin, para construir Memoria e Historia.
Entre lo personal y lo político, lo privado y lo público, lo individual y lo colectivo, crece esta lengua nuestra. Para que su energía no se pierda, para que eso que habita en ella y es fácilmente corrompible, no pierda su música, nervio o alma –la diversidad puesta a vivir en nuestras bocas-, ella se distancia de lo oficial, de lo abstracto, lo general, lo convencional, en busca de lo sepultado bajo capas de artificios, condicionamientos y convenciones, porque cuando por mentirosa, farragosa, fangosa o inexacta, por excesiva, hinchada, henchida o snob, grandilocuente, críptica o burda, se corrompe la relación entre las palabras y las cosas, todo el delicadísimo equilibrio, todo el misterioso artefacto, se desploma.
La homogeneización a través de una lengua, la búsqueda de una lengua de nadie producto del capitalismo, dice Barbara Cassin y nos advierte sobre la amenaza de un lenguaje único para la comunicación. Necesitamos diversidad en las lenguas, como parte de la diversidad de los ciudadanos.
Cada palabra es el resultado de una historia y de una serie de representaciones, pero sólo adquiere su significado, que designa una cosa y no otra, en su diferencia con otras palabras de la misma lengua. Cada lengua tiene su forma de inventar, de inventariar, de describir, de concebir, de comprender. Una lengua es una energía y se inventa todo el tiempo.

Sabemos que las leyes son necesarias para sistematizar la lengua y enseñarla a las siguientes generaciones, y sabemos también que una lengua está en permanente movimiento y que, de no ser por esos movimientos, desvíos, disidencias y transformaciones, estaríamos hablando hoy lenguas romances o latín vulgar… de hecho, el castellano comenzó desobedeciendo, como lo muestran las Glosas Emilianenses, esas anotaciones al margen en un códice escrito en latín, que en el siglo X o XI algún monje hizo para aclarar algún pasaje, anotaciones en un modo de decir en el que ya hablaba el pueblo pero que todavía no había pasado a su forma escrita. En fin, que en una lengua cabe un mundo, y en ese mundo caben los disensos y las luchas.

Digo esto sabiendo del lugar en el que estoy, deseando profundamente que unos y otros, de aquí o allá, podamos volvernos más y más conscientes de que la uniformidad no es el camino para que la lengua que compartimos se mantenga viva; pienso entonces en congresos de la lengua donde el país receptor intervenga activamente en los contenidos, en un congreso que revise su nombre, un congreso donde se discutan los beneficios económicos de la enseñanza de castellano en el mundo y donde no se vuelva costumbre traducir en un país el castellano de otro país, porque si hay riqueza en esta lengua nuestra, esa riqueza no está en la rigidez sino en la posibilidad de aceptar la potencia de lo diverso y de lo múltiple, la riqueza del permanente movimiento, como sin ir más lejos han hecho los hablantes de lengua inglesa –donde la estandarización proviene de la literatura, los medios y el uso- en distintos modos de hablarlo y escribirlo.

Necesitamos oírnos en nuestras semejanzas y nuestras diferencias, en los múltiples meandros que ofrece este idioma nuestro en el que Cervantes y Rulfo, Sor Juana, García Márquez, Gabriela Mistral y Roa Bastos, Teresa de Ávila, Luis de Góngora, Elvira Orphée y José Donoso, César Vallejo, Quevedo, Borges, Blanca Varela y Juana Castro, Gil de Biedma, Lemebel, Lugones, Arguedas, Watanabe, Sara Gallardo y Onetti, Humberto Akabal, Arlt, Saer y Rosario Castellanos, entre tantos otros… abrieron con mano de seda y de hierro los intersticios de la lengua que de mil maneras les había sido impuesta, para poder decir lo que aún no había sido dicho.

Alfabetizando a población chiriguana en la frontera salteña, nuestra educadora María Saleme entendió que no servían las cartillas hechas en Buenos Aires, que tenía que empezar por la palabra agua, porque el chiriguano es hombre de río, y cuando lo hizo en los valles calchaquíes descubrió que la palabra nudo no era agua, sino tierra.
Adrián Bravi, escritor argentino de la lengua italiana, en un libro que se llama La gelosia della lingua cuenta acerca de una tía que emigró a Argentina en un barco en el que faltó agua potable y donde murieron casi todos los niños de brazos, una tía que podía contar lo vivido en castellano pero al intentar decirlo en italiano, se quebraba porque al evocarlo sus recuerdos tomaba vida propia.
¿Es borde la palabra? ¿O es orilla? ¿O es canto, o línea, o costa, o ribera, o margen? Cada uno tiene sus razones para decir de uno u otro modo porque la lengua es mía, pero no solamente mía.
Esa lengua en la que nuestros recuerdos toman vida propia, en la que podemos razonar y conmovernos, conocer y cuestionarnos, aprender e imaginar, hasta que lo nombrado adquiera vida propia. Porque, como en la parábola que relata Gershom Scholem, aunque no sepamos encender el fuego ni encontrar aquel lugar en el bosque, ni seamos ya capaces de rezar, podemos seguir contándonos unos a otros nuestras historias y la Historia. Perder eso sería perdernos, sería una nueva forma de barbarie.

 

Programa de residencias en Buenos aires para escritores extranjeros

Residence Programme for foreign writers in Buenos Aires

Offers the opportunity to stay five weeks in Buenos Aires as part of their professional and artistic development. 

Annual application 1st November – 5th December 2018

Programa de Residencia para escritores extranjeros en Buenos Aires

Ofrece la oportunidad de permanecer cinco semanas en Buenos Aires como parte de su desarrollo artístico y profesional.

Candidaturas anuales: del 1 de noviembre al 5 de diciembre de 2018

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Camilleri será Tiresias

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Andrea Camilleri

El novelista italiano Andrea Camilleri, “padre” del comisario Montalbano -su personaje más popular- protagonizará una obra teatral que él mismo escribió, Conversación sobre Tiresias, por pedido del Instituto Nacional de Drama Antiguo.
El escritor, de 92 años, será dirigido por Roberto Andò en el estreno de la obra, en el Teatro Griego de Siracusa. Será el 11 de junio y la primera vez que Camilleri interprete sobre el escenario un texto propio.
Como el poeta argentino Jorge Luis Borges, también ciego, del mismo modo Camilleri -oriundo de Sicilia y creador de un particular lenguaje que fusiona el italiano con el dialecto- elige al personaje de Tiresias para profundizar en la ceguera y la narración de historias.
El mítico adivino de Tebas es -dice Camilleri- “un espejo en el cual reflejarse y a través del cual releer el sentido último de la invención literaria”. Durante su solitaria conversación, el narrador devenido en actor meditará en voz alta sobre la ceguera y el tiempo, la memoria y la profecía, a la vez que hablará de su propio viaje por la vida y la historia.

Italia celebra sus parques literarios

mappa-724x1024El 22 de octubre Italia celebra la Jornada Nacional de los Parques Literarios, un evento que incluye visitas, paseos y otras iniciativas gratuitas para gratuitos para revivir la atmósfera y la sugestión de aquellos sitios donde nacieron los grandes poemas y novelas italianas.
La Jornada cuenta con el apoyo de la la red de la Sociedad Dante Alighieri: durante ese día, los parques literarios que custodian los recuerdos e inspiraciones de poetas y escritores de todos los tiempos abren al público con iniciativas que incluyen paseos, degustaciones, lecturas, exposiciones y representaciones teatrales.
El conjunto de acontecimientos previstos para ese domingo, durante el cual los parques literarios tendrán entrada gratuita, se puede consultar en www.parchiletterari.com.

Petrarca. En el parque dedicado a Petrarca, en Padua y en los Colli Euganei, los visitantes pueden descubrir lugares que inspiraron los versos del poeta aretino y las cartas apasionadas de los grandes poetas del romanticismo, desde el amor cortés de los trovadores provenzales a los poemas de Shelley, Byron y Foscolo.
En el parque se visitan oasis naturales, abadías, castillos, villas, termas y la casa del Francesco Petrarca en Arquá, última y amada morada del poeta. Por la tarde se prevén paseos literarios con la inauguración de algunas placas y una degustación final.

Eugenio Montale. En el parque consagrado a Eugenio Montale, en Cinque Terre (Liguria), se hallan todas las impresiones y huellas del poeta genovés, reconocido en 1975 con el Premio Nobel: el parque encierra el paisaje natural que inspiró al poeta, y que la Unesco reconoció como Patrimonio de la Humanidad.
Este espacio literario invita a caminar entre los pueblos de Vernazza, Corniglia, Manarola y Riomaggiore, donde se hallan las mismas vistas y villas descritas por la sensibilidad del poeta: en particular Monterosso, donde tiene sede la célebre “casa de las dos palmeras” o la “pagoda amarillenta”, como Montale describía la casa donde pasaba sus vacaciones estivales.

Dante Alighieri. El parque literario “Las tierras de Dante” lleva hacia el descubrimiento de los pueblos y lugares donde vivió el Sumo Poeta. El itinerario abraza un territorio muy vasto, que va desde Florencia a Ravenna: sin embargo, es posible realizar paseos más breves.
El fin de semana del 21 y 22 de octubre un evento especial celebrará también los 750 años del nacimiento de Giotto, con un itinerario guiado hacia el descubrimiento de paisajes ricos en arte y cultura. En particular se visita Vicchio, donde está la casa natal de Giotto y un museo de arte sagrado dedicado al Beato Angelico.

Giosué Carducci. Un poco más al sur, en la provincia de Livorno, está el parque de Giosué Carducci, donde se encuentra intacta la atmósfera de los antiguos poblados -Castagneto Carducci, Bolgheri y Donoratico- descritos en los versos y cartas del poeta, Premio Nobel en 1906. “Aquel tramo de la Maremma que va de Cecina a San Vincenzo, es el círculo de mi juventud… las dulces colinas, el camino del vino, los bosques, los olivares, los pinares sombríos, el canto de las cigarras, las amplias playas sobre un mar cristalino”.

Pier Paolo Pasolini. En Ostia, cerca de Roma, el parque dedicado al escritor e intelectual romano Pier Paolo Pasolini se convirtió, tras años de abandono, el un lugar que conmemora el trágico fin del autor con un monumento realizado por el escultor Mario Rosati. El sitio se encuentra dentro del espléndido oasis natural protegido Lipu, que permite organizar excursiones en un entorno natural.

Gabriele D’Annunzio. A su vez en el parque dedicado a Gabriele D’Annunzio, en Anversa (Abruzzos), tendrá varias actividades en torno al pueblo, que domina el último tramo de las sugestivas gargantas del Sagitario, hoy una reserva natural. El sitio de la provincia del L’Aquila inspiró a muchos otros literatos, botánicos, artistas y viajeros; incluso el gráfico holandés Maurits Escher se inspiró en Castrovalva, antiguo pueblo a 820 metros de altura entre las gargantas, para sus visiones geométricas.

Carlo Levi. En el parque de Aliano (provincia de Matera, Basilicata) dedicado a Carlo Levi se reviven las emociones y lugares descritos en la novela Cristo se detuvo en Eboli: pasando por allí y sus alrededores se capta el sentimiento poético y el profundo amor del escritor por la tierra lucana y su gente. Incluso las leyendas de los brigantes, los lobos y las brujas son elementos que suscitan en el visitante las mismas emociones de maravilla y estupor que sintió Levi al comienzo de su confinamiento.

Otros parques. En Sicilia hay otros parques literarios: el de Caltanissetta, dedicado al dramaturgo siciliano Pier Maria Rosso de San Secondo, el de Aliminusa entre Cefalú y las Madonie, consagrado al poeta Giuseppe Giovanni Battaglia, y el de Polizzi Generosa, dedicado a Giuseppe Antonio Borgese.
Asimiso en Galtelli, Cerdeña, un parque literario recuerda a la Premio Nobel Grazia Deledda; y en Adda Nord se encuentra otro dedicado a Alessandro Manzoni, autor de Los novios.

Premio Tusquets para el argentino Quirós

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El jurado del XIII Premio Tusquets Editores de Novela 2017, presidido por Juan Marsé e integrado por Almudena GrandesAntonio Orejudo, Daniel Ruiz García, ganador en su anterior convocatoria, y, en representación de la editorial, Juan Cerezo, ha acordado por mayoría otorgar el premio a la obra Una casa junto al Tragadero de Mariano Quirós

El jurado ha valorado de la obra ganadora la fuerza de un relato de supervivencia en medio de una naturaleza hostil, el poder hipnótico en la sucesión de acechanzas y peligros que vive el protagonista, y el acierto en la composición de la novela, por la que el lector reconstruye los orígenes y las verdaderas motivaciones de los personajes a medida que avanza en su lectura.

Se presentaron en esta edición 472 manuscritos.

El premio consiste en una estatuilla de bronce diseñada por Joaquín Camps y en un anticipo sobre derechos de autor de 18.000 euros.

Una casa junto al Tragadero

El Mudo vive desde hace unos años en las afueras de la Colonia, un extraño pueblo del norte argentino, junto a su perra, la India. Llegó desde la ciudad de Resistencia y ocupó una misteriosa casa en medio del monte, junto al río. El Mudo trata de no juntarse con nadie, salvo con Insúa, dueño de una tienda-almacén, que le cuenta historias del río Tragadero y le enseña, entre otras habilidades de supervivencia, a cazar monos. Lo que el Mudo quiere es vivir tranquilo, y por eso le molestan los acechos de Soria, un lugareño huidizo que lo denuncia una y otra vez ante la Fundación Vida Silvestre. Con la llegada al lugar de unos jóvenes miembros de esa fundación, las cosas se complicarán.

En medio de la aspereza de una naturaleza hostil, entre pájaros, monos y caimanes yacarés, el lector asiste con tensión creciente a los peligros del río y a las amenazas de los desconocidos, cuyas verdaderas intenciones adivinamos de manera inquietante desde los ojos del protagonista, un hombre que hizo propósito de no molestar a nadie, y de que nadie lo molestara.

 Una casa junto al Tragadero se publicará en la Colección Andanzas el próximo mes de noviembre.

 Mariano Quirós

Mariano Quirós (1979) nació en Resistencia, provincia del Chaco, Argentina. Ha publicado las novelas Robles (Primer Premio Bienal-CFI), Torrente (Premio Festival Iberoamericano de Nueva Narrativa), Río Negro (Premio «Laura Palmer no ha muerto»),  Tanto correr (Premio Francisco Casavella) y No llores, hombre duro (Premio Festival Azabache y Premio Memorial Silverio Cañada, de la Semana Negra de Gijón). Su libro de cuentos La luz mala dentro de mí recibió el Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes. Junto a Germán Parmetler y Pablo Black, publicó el libro de cuentos Cuatro perras noches, ilustrado por Luciano Acosta. Dirige, junto a Pablo Black, el sello editorial Colección Mulita.

Una amiga genial… en tv

ferranteVer el relato que se ha creado convertido en miniserie de televisión es un “cambio radical”, dijo la escritora italiana Elena Ferrante al New York Times, consultada sobre la transformación de su novela La amiga estupenda (L’amica geniale) para la pantalla chica, gracias a una producción HBO-RAI en preparación.
Los personajes, el barrio, “dejan el mundo de los lectores para entrar en aquel, mucho más vasto, de los telespectadores, encuentran personas que nunca leyeron sobre ellos y que por circunstancias sociales o por elección nunca lo habrían
hecho. Es un proceso que me intriga”, agregó.
La miniserie, que se basará en la primera novela de la tetralogía napolitana de Ferrante, convertida en un best-seller mundial, será dirigida por Saverio Costanzo, realizador ganador de un David di Donatello, con producción de Lorenzo Mieli y Mario Gianani para Wildside, y de Domenico Procacci para Fandango.
“Las ciudades no tienen una energía propia”, dijo Ferrante -que desde siempre protege su identidad con un pseudónimo- cuando se le preguntó si espera que surja de la serie una
imagen distinta de Nápoles para el mundo respecto de la que ofrece Gomorra, sobre las investigaciones de Roberto Saviano relativas a la camorra.
Esta energía -agregó- “deriva de la densidad de su historia, del poder de su literatura y de sus artes, de la riqueza emocional de los acontecimientos humanos que allí tienen lugar. Espero que el relato visual provoque emociones auténticas, sentimientos complejos y también contradictorios. Esto es lo que nos hace enamorar de la ciudad”.
La escritora no participa directamente en la escritura del guión -“no tengo las capacidades técnicas para hacerlo”, afirma- pero está contribuyendo con algunas sugerencias en las decisiones para el set, en fase de montaje cerca de Caserta, escribe el periodista del New York Times Jason Horowitz. En las últimas semanas, Horowitz ya había contado sobre una jornada de casting en Nápoles para la serie. (Ver aquí Artículo del New York Times sobre el casting de L’amica geniale)
“Leo los textos y mando notas detalladas. Todavía no sé si las tendrán en cuenta, pero es muy probable que las usen más adelante en la última versión del guión”, agregó la escritora.
Sobre la elección de las dos protagonistas, Lila y Lenú, subrayó que “los niños actores retratan a los niños como los adultos imaginan que deberían ser. (En cambio) los niños que no son actores tienen algunas posibilidades de salir del estereotipo, especialmente si el realizador es capaz de hallar el justo equilibrio entre ficción y realidad”.
Para Ferrante, L’amica geniale no es una fábula, sino “un relato realista. Es la infancia la que se ve coloreada por elementos de lo fantástico, y seguramente Lila también. Por cuanto concierne a la fidelidad al libro, espero que sea en forma compatible con la necesidad del relato visual, que usa diferentes instrumentos para obtener los mismos efectos”.
Finalmente la escritora también opina cuando le preguntan si espera, o teme -dada la participación de HBO- que la serie se convierta en un fenómeno mundial, una suerte de “Game of Thrones” a la italiana. “Lamentablemente -dice- no ofrece el mismo tipo de articulaciones narrativas”.

Fuente: ANSA