Diario del coronavirus

¿Cómo se narra lo inenarrable? ¿Cómo se modela narrativamente una experiencia nueva, desconcertante y al mismo tiempo amenazante, pero no exenta de ironía y humor?

En su Diario del coronavirus, el escritor español Juanjo Ávila García -nacido en 1971 y residente en Granada, @literaturacine en Twitter- brinda su propia respuesta, y el resultado es una crónica digna de recordar sobre estos meses que han unido las diferentes orillas del mundo en el mismo desconcierto, en la misma pena y también en la misma resiliencia.

Si bien el Diario, publicado por editorial Adarve, está bien situado en tiempo y espacio -desde la alarma del domingo 15 de marzo que abre el libro hasta el final del 7 de mayo, en esa Granada que “se ha convertido en un cementerio de doscientos mil enterrados vivos que yerguen sus cabezas como lirios en los nichos de las ventanas, en los mausoleos de los balcones”- el relato resulta universal porque surge de lo más profundo de lo humano: el temor, la duda, la soledad, la hipocondría, la desesperación, y también la salvación por las artes, la lectura y la sonrisa.

“Se trata de una comedia de confinamiento en la que, como contrapunto a la tragedia de la pandemia, narro con tono lúdico las aventuras del protagonista. La obra está llena de toques de poesía, misterio y género negro. He mezclado tonos de modo que resulte tan divertida de leer como lo fue de escribir, eso sí, acariciando el estilo, la clave de la escritura”. 

Juanjo Ávila García (entrevista en tregolam.com)

El relato es la historia de Juanjo, narrada en primera persona y -el título dice- en forma de diario, atravesado por experiencias cinematográficas y literarias que remiten al personal acervo del autor. Un poco de realidad y un poco de ficción, un poco de verosimilitud y un poco de inverosimilitud: así logra reconstruir de a retazos, pero conformando un fresco oscuro y patente de los meses de confinamiento, esa sensación de extrañeza que la pandemia y las cuarentenas impusieron en todo el mundo y que en cualquier año que no fuera 2020 habrían parecido fruto de la más enferma de las imaginaciones.

El misterio y el peligro rondan la novela, como metáfora del año del coronavirus, esa amenaza invisible que se coló por todos los rincones e invadió vidas arrastrando proyectos y sueños: allí están los extraños personajes que aparecen como sombras tras las huellas del protagonista, balanceados por otros más terrestres que aportan una dosis de realidad y alivio. Y todos ellos narrados con un vocabulario expresivo, de colorido espesor, capaz de transmitir la sombra de la enfermedad y la esperanza que así y todo nunca desaparece.

El temor acecha en cada página, como en cada esquina de esa Granada literaria: “Pensé que la peor pandemia sería el hambre cuando la miseria superase al miedo”. Pero allí está la escritura, para salvar: “Intentaré hoy, alquímicamente, transmutar mi infelicidad en la felicidad de la escritura”. Esa escritura hace aparecer lo que hoy es cotidiano y no debe ser olvidado en el futuro: las calles desiertas, el silencio colándose entre los ventanales, las mascarillas, la muerte, el virus. En ese sentido, el Diario del coronavirus es una novela-testimonio, que no duda en incorporar elementos levemente fantásticos para reconstruir ese sentimiento de agobio y persecución que serían insoportables narrados desde el realismo más estricto: al fin y al cabo -afirma el Juanjo narrador- “la literatura y el cine eran preferibles a la medicación”. Un opio más amable y creativo que cualquier pastilla, y también más salvador.

Y es que además, el Diario del coronavirus es una novela profundamente literaria: “El cine y la literatura son un salvoconducto para los viajeros inmóviles”, dicho poética-narrativamente. Allí están página tras página, para dar testimonio, La hija de Ryan, de David Lean, Flecha rota, de Delmer Davis, Esperando a Godot, el Diario del año de la peste de Daniel Defoe, La ventana indiscreta de Hitchcock, por supuesto La montaña mágica de Thomas Mann. Solo algunos entre muchos nombres que conforman el entramado de filmes y libros subyacentes en el esqueleto de esta personal crónica de la pandemia.

Esta novela es una novela de atmósfera: no pesa tanto lo que pasa, el ir y venir de sus personajes, las vicisitudes narradas con habilidad y tensión, sino el ambiente interior del narrador y su proyección en ese raro mundo exterior creado por el confinamiento. Un recordatorio no solo del año que fue, sino también una advertencia tangible de lo que puede estar por venir.

Así comienza el Diario del coronavirus

DOMINGO, QUINCE DE MARZO: ALARMA

Como parientes solícitos, los muebles del salón me observan con preocupación mientras escribo a las 06:00 de la mañana. A mis dedos, las teclas del ordenador se deslizan con un rumor de lluvia fina. Granada duerme en paz. Pero tiene una pesadilla. Y su paz es la paz de la muerte, la parálisis de la muerte. A lo largo de todo el día de ayer esta paz recorrió las calles como un cortejo de tinieblas. Granada se ha convertido en un cementerio de doscientos mil enterrados vivos que yerguen sus cabezas como lirios en los nichos de las ventanas, en los mausoleos de los balcones. Peinando los tejados con las almenas de sus torres, la tejados con las almenas de sus torres, la Alhambra intenta consolar la congoja de Granada. Las fuentes del Generalife lloran lágrimas de sangre. No volveré a criticar a los granadinos. Antes lo he hecho por granadino, no hay nada más granadino que criticar a los granadinos. Después de tanto renegar de Granada por molesta, humosa, sucia de rutina y bulliciosa, sobre todo por bulliciosa, ya la estoy echando de menos. Me ha hecho cambiar el sabor tan amargo de esta Granada desangrada. Dejo de escribir para leer un correo electrónico que se acaba de alojar en mi buzón. Atónito, compruebo que en el cuerpo del mensaje solo consta una x, sin más explicación. Ignoro quién puede ser el remitente. Proviene de una dirección que me es desconocida. ¿A quién puede habérsele ocurrido escribirme a estas horas, para colmo una x? Parece que con ella el emisor ha querido resaltar en el texto la anonimia de su firma. Pero supongo que se tratará de un error o una broma, no lo tomo por amenaza; no tengo enemigos, tampoco buenos amigos. Retomo el diario, algo descentrado. Se me hará raro no recurrir a los artificios de la ficción, no tendré que inventar nada; los hechos ya parecen basados en la distopía de una ciencia ficción. Para mí no supone un cambio encerrarme bajo siete llaves, prisionero de mí mismo, para escribir. Pero no podré renovar mis lecturas en la biblioteca, habrá que desempolvar viejos clásicos. Por otra parte, dispongo de innumerables películas para poblar con sus tramas el tapiz de sombras. Me guardaré en casa, pues, sin apuro.

Premio Ampersand de Ensayo

Con motivo del décimo aniversario de la fundación de Ediciones Ampersand, y en un contexto inesperado en el marco de la pandemia, se lanza el “Premio Ampersand de Ensayo 2021”, que invita a investigadores argentinos y/o residentes en la Argentina  (ya sea adscriptos a instituciones o independientes)  a presentar proyectos de libro de investigación en curso, escritos en español, de imaginación crítica y rigor académico.
La edición 2021 del premio está dedicada a dos disciplinas: la Historia social de la cultura escrita y los Estudios de Moda.  El tema, dentro de cada disciplina, será libre.  Las obras deberán desarrollar un tema único o diversos temas agrupados en una forma orgánica.  Se seleccionará un ganador por disciplina, y el premio constará de la publicación de la obra en 2022 y un adelanto de regalías de $250.000 (doscientos cincuenta mil pesos) en concepto de derechos de autor. 
El período de presentación de originales estará abierto desde el 1° de febrero hasta el 31 de marzo de 2021.

JURADO

Historia social de la cultura escrita

José Luis de DiegoDoctor en Letras y profesor en la Universidad Nacional de La Plata, donde ha sido decano de la Facultad de Humanidades y director del Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales. Es autor de La otra cara de Jano  (2017) y Los autores no escriben libros (2019), entre otros. Codirige la colección Serie de los Dos Siglos (Eudeba) y dirige la revista académica  Orbis Tertius . Es coordinador de sección en el portal “Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI)” de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.


Antonio Castillo Gómez
Profesor titular de Historia de la cultura escrita de la Universidad de Alcalá, recibió el I Premio Internacional Agustín Millares Carlo de Investigación en Humanidades por su tesis doctoral “Escrituras y escribientes. Prácticas de la cultura escrita en una ciudad del Renacimiento” (1995). Entre sus numerosas publicaciones destacan Escribir y leer en el siglo de Cervantes (1999), Historia de la cultura escrita (2002), obras de las que es coordinador, o Historia mínima del libro y la lectura (2004). Es editor de la colección Scripta Manent de Ampersand.


Ana MosquedaDoctora en Historia de la cultura escrita por la Universidad de Alcalá de Henares, España (mención cum laude). Editora y licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires; docente de la carrera de Edición 2004-2018 (UBA). Directora Editorial de Ampersand . Es autora de Cartas sobre la mesa. Correspondencias editoriales en la Argentina moderna (1900-1935) (2021) y coautora en los libros Pliegos alzados. La historia de la edición, a debate (2020) y Cruces y perspectivas de la cultura escrita en la Argentina. Historia de la edición, el libro y la lectura (2013).


Estudios de moda
Ana Torrejón
Periodista y docente. Directora Editorial de L’ Officiel Argentina y Consultora Editorial de L’Officiel Chile . Dirigió las revistas Claudia ,  Elle y Harper’s Bazaar . Se ha desempeñado como docente en la Universidad de Las Américas y Universidad del Pacífico (Chile), Ort (Uruguay) y UP (Argentina). Entre 1998 y el 2011 fue mentora de “Dabbah Torrejón Arte Contemporáneo”, galería especializada en talentos latinoamericanos. Recibió el premio Live Brillianty, la distinción Mujeres Creativas y es una de las Mujeres Argentinas de la muestra L’Oreal. 


Marcelo Marino Licenciado en Historia del Arte por la Universidad Nacional de Cuyo. M iembro  del Centro Argentino de Investigadores de Arte (CAIA) y del equipo de editor de Caiana (Revista de Historia del Arte y Cultura Visual). Miembro tesista del CIAP (Centro de Investigaciones en Arte y Patrimonio) de la Universidad de San Martín.  Director de la colección Estudios de Moda de Ampersand.  Actualmente reside en Bristol, Inglaterra, y colabora en los montajes de exhibiciones con la Theatre Collection de la Universidad de Bristol y con el Bristol Old Vic.


Daniela Lucena
Socióloga y Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Investigadora del CONICET y profesora de grado y de posgrado en distintas universidades argentinas y del exterior. Es autora del libro Contaminación artística (2015) y coautora de  Costura y Cultura (2019) y  Modo mata moda  (2016) . Ha participado en la realización  de  muestras,  archivos  y  catálogos  en  el Museo Reina Sofía de Madrid y en los museos Moderno, Muntref y Malba, de Buenos Aires, entre otros. Colabora también con la Fundación PH15.

Consultar bases aquí

Cuentos Beatle: ¡gracias por participar!

El 8 de diciembre cerró el I Concurso de Cuentos Beatle de Hoja por Hoja. Y queremos agradecerles a todos: tanto a quienes nos ayudaron en la difusión, como a quienes enviaron sus cuentos. La participación superó todas nuestras expectativas: recibimos más de 100 cuentos, de los siguientes países: España, Argentina, Chile, Perú, Venezuela, Brasil, Colombia, Panamá, República Dominicana, El Salvador, Costa Rica y México.

Junto con nuestro agradecimiento, les pedimos también un poco más de paciencia: trasladamos el anuncio de los ganadores al lunes 25 de enero de 2021 (la fecha original era el 9 de enero), para dar más de tiempo de lectura a los jurados y concretar la publicación de la antología entre febrero y marzo de 2021.

Seguimos en contacto a través de Hoja por Hoja, y nuestras más cálidas felicitaciones para todos.

Cuando García Márquez despidió a John Lennon

Esta reflexión de Gabriel García Márquez se publicó el 15 de diciembre de 1980 en el diario El País, una semana después del asesinato de John Lennon, el 8 de diciembre de 1980 en Nueva York.

“Ha sido una victoria mundial de la poesía. En un siglo en que los vencedores son siempre los que pegan fuerte, los que sacan más votos, los que meten más goles, los hombres más ricos y las mujeres más bellas, es alentadora la conmoción que ha causado en el mundo entero la muerte de un hombre que no había hecho nada más que cantarle al amor. Es la apoteosis de los que nunca ganan. Durante 48 horas no se habló de otra cosa. Tres generaciones -la nuestra, la de nuestros hijos y la de nuestros nietos mayores- teníamos por primera vez la impresión de estar viviendo una catástrofe común, y por las mismas razones. Los reporteros de la televisión le preguntaron en la calle a una señora de ochenta años cuál era la canción de John Lennon que le gustaba más, y ella contestó, como si tuviera quince: «La felicidad es una pistola caliente». Un chico que estaba viendo el programa dijo: «A mí me gustan todas». Mi hijo menor le preguntó a una muchacha de su misma edad por qué habían matado a John Lennon, y ella le contestó, como si tuviera ochenta años: «Porque el mundo se está acabando». Así es: la única nostalgia común que uno tiene con sus hijos son las canciones de los Beatles. Cada quien por motivos distintos, desde luego, y con un dolor distinto, como ocurre siempre con la poesía.

Yo no olvidaré nunca aquel día memorable de 1963, en México, cuando oí por primera vez de un modo consciente una canción de los Beatles. A partir de entonces descubrí que el universo estaba contaminado por ellos. En nuestra casa de San, Angel, donde apenas; si teníamos dónde sentarnos, había solo dos discos: una selección de preludios de Debussy y el primer disco de los Beatles. Por toda la ciudad, a toda hora, se escuchaba un grito de muchedumbres- «Help, I need somebody». Alguien volvió a plantear por esa época el viejo tema de que los músicos mejores son los de la segunda letra del catálogo: Bach. Beethowen, Brahms y Bartok. Alguien volvió a decir la misma tontería de siempre: que se incluyera a Bosart. Alvaro Mutis, que como todo gran erudito de la música tiene una debilidad irremediable por los ladrillos sinfónicos, insistía en incluir a Bacner. Otro trataba de repetir otra vez la batalla en favor de Berliotz, que yo libraba en contra porque no podía superar la superstición de que es un pájaro de mal agüero. En cambio, me empeñé, desde entonces, en incluir a los Beatles. Emilío García Riera, que estaba de acuerdo conmigo y que es un crítico e historiador de cine con una lucidez un poco sobrenatural, sobre todo después del segundo trago, me dijo por esos días: «Oigo a los Beatles con un cierto miedo, porque siento que me voy a acordar de ellos por todo el resto de mi vida». Es el único caso que conozco de alguien con bastante clarividencia para darse cuenta de que estaba viviendo el nacimiento de sus nostalgias. Uno entraba entonces en el estudio de Carlos Fuentes, y lo encontraba escribiendo a máquina con un solo dedo de una sola mano, como lo ha hecho siempre, en medio de una densa nube de humo y aislado de los horrores del universo con la música de los Beatles a todo volumen.

Como sucede siempre, pensábamos entonces que estábamos muy lejos de ser felices, y ahora pensamos lo contrario. Es la trampa de la nostalgia, que quita de su lugar a los momentos amargos y los pinta de otro color, y los vuelve a poner donde ya no duelen. Como en los retratos antiguos, que parecen iluminados por el resplandor ilusorio de la felicidad, y en donde solo vemos con asombro cómo éramos de jóvenes cuando éramos jóvenes, y no solo los que estábamos allí, sino también la casa y los árboles del fondo, y hasta las sillas en que estábamos sentados. El Che Guevara, conversando con sus hombres alrededor del fuego en las noches vacías de la guerra, dijo alguna vez que la nostalgia empieza por la comida. Es cierto, pero solo cuando se tiene hambre. En cambio, siempre empieza por la música. En realidad, nuestro pasado personal se aleja de nosotros desde el momento en que nacemos, pero solo lo sentimos pasar cuando se acaba un disco.Esta tarde, pensando todo esto frente a una ventana lúgubre donde cae la nieve, con más de cincuenta años encima y todavía sin saber muy bien quién soy, ni qué carajos hago aquí, tengo la impresión de que el mundo fue igual desde mi nacimiento hasta que los Beatles empezaron a cantar. Todo cambió entonces. Los hombres se dejaron crecer el cabello y la barba, las mujeres aprendieron a desnudarse con naturalidad, cambió el modo de vestir y de amar, y se inició la liberación del sexo y de otras drogas para soñar. Fueron los años fragorosos de la guerra de Vietnam y la rebelión universitaria. Pero, sobre todo, fue el duro aprendizaje de una relación distinta entre los padres y los hijos, el principio de un nuevo diálogo entre ellos que había parecido imposible durante siglos.

El símbolo de todo esto -al frente de los Beatles- era John Lennon. Su muerte absurda nos deja un mundo distinto poblado de imágenes hermosas. En Lucy in the Sky, una de- sus canciones más bellas, queda un caballo de papel periódico con una corbata de espejos. En Eleanor Rigby -con un bajo obstinado de chelos barrocos- queda una muchacha desolada que recoge el arroz, en el atrio de una iglesia donde acaba de celebrarse una boda. «¿De dónde vienen los solitarios?», se pregunta sin respuesta. Queda también el padre McKensey escribiendo un sermón que nadie ha de oír, lavándose las manos sobre las tumbas, y una muchacha que se quita el rostro antes de entrar en su casa y lo deja en un frasco junto a la puerta para ponérselo otra vez cuando vuelva a salir. Estas criaturas han hecho decir que John Lennon era surrealista, que es algo que se dice con demasiada facilidad de todo lo que parece raro, como suelen decirlo de Kafka quienes no lo han sabido leer. Para otros, es el visionario de un mundo mejor. Alguien que nos hizo comprender que los viejos no somos los que tenemos muchos años, sino los que no se subieron a tiempo en el tren de sus hijos”.

¿Te animás a participar? El homenaje de Hoja por Hoja

https://hojaporhoja.com.ar/2020/09/10/concurso-de-cuentos-de-tematica-beatle/

Gianni Rodari, el Collodi del siglo XX

Una serie de eventos en toda Italia celebran el centenario del escritor y pedagogo Gianni Rodari, nacido en Omegna (Piamonte) el 23 de octubre de 1920. En el día mismo de su aniversario el Correo italiano emitió una estampilla conmemorativa.

Ganador del premio Hans Christian Andersen -considerado el Nobel de la literatura infantil- en 1970, Rodari falleció en Roma el 14 de abril de 1980. Aunque la pandemia trastocó los planes de conmemoración de su centenario, muchos de los acontecimientos pasaron este año al plano virtual.

Mientras Roma lo recordó con una lectura transmitida en streaming por Facebook, en Génova se organizaron tres días de conferencias y espectáculos y la red televisiva Sky Arte difunde el documental C’era due volte Gianni Rodari.

La clásica colección Meridiani Mondadori publica, en ocasión del aniversario, dos volúmenes especiales: Opere, a cargo de Daniela Marcheschi, y Rodari a colori, a cargo de Grazia Gotti, para recorrer la historia de sus textos más célebres ilustrados por artistas como Verdini, Munari, Altan y Mattotti. En esas más de dos mil páginas, el autor de Filastrocche in cielo e in terra y Favole al telefono se muestra en toda su moderna complejidad.

También llega el Codice Rodari‘, una auténtica obra de arte que aplica los principios del autor -por supuesto a través del juego- y fue realizada por el ilustrador Alessandro Sanna, recientemente distinguido con el Children’s Laureate (es decir que será durante dos años embajador de la ilustración italiana para niños en el mundo).

Un capítulo aún sin explorar de la biografía literaria de Rodari es el enorme y duradero éxito que tuvo primero en la Unión Soviética y ahora en Rusia: ahora, lo investiga la traductora Anna Roberti en su obra Cipollino nel Paese dei Soviet (Ediciones Lindau).

Cipollino, el personaje creado por Rodari en los años 50, fue casi olvidado en Italia, en tanto se abrió camino en la Unión Soviética, donde se hizo famosísimo. En el libro se incluye una rara entrevista donde el escritor afirma que la URSS había captado enteramente, más que otros países, el aspecto fantástico de sus libros.

Hace falta una gran fantasía, una fuerte imaginación para ser un verdadero científico, para imaginar cosas que aún no existen y descubrirlas, para imaginar un mundo mejor de aquel en que vivimos y ponerse a trabajar para construirlo.

Gianni Rodari

La obra Grammatica della Fantasia encierra la reflexión teórica de Rodari sobre la “Fantástica”, es decir, el arte de inventar un universo del que estudió las leyes, mecanismos y estructuras constantes: un método en el que se basa no solo la literatura, sino el mundo mismo, un proceso intrínseco a la naturaleza humana. De ahí el papel fundamental que tiene la imaginación en la vida de cada una de las personas, y no solo de los niños: esta es la apoyatura de la complejidad del pensamiento y el diálogo con el mundo de Rodari.

Ya en 1974, el lingüista Tullio De Mauro definió a Rodari como un clásico en el sentido calviniano del término. Un clásico que dio forma literaria a una Italia en busca de nuevas expresiones literarias, dando alas a la utopía como capacidad de construir fábulas y mantenerlas siempre vivas.

Concurso de cuentos de temática Beatle

Por primera vez desde Hoja por Hoja organizamos un concurso literario: y, por ser este 2020 un año especial, porque se cumplen varios aniversarios relacionados con el grupo de Liverpool, esta primera edición está dedicada exclusivamente a relatos de tema Beatle.

La convocatoria tiene como marco el 40º aniversario del asesinato de John Lennon, en el mismo año en que hubiera cumplido 80 años. Se cumplen en 2020, asimismo, 50 años de la separación oficial de los Beatles, anunciada el 4 de abril de 1970.

El certamen está abierto a autores de todas las edades y todos los países, que pueden enviar sus cuentos en español pero también inglés, italiano o francés (al final del post pueden encontrar las bases en estos idiomas).

El período para recibir los cuentos va desde el 9 de octubre hasta el 8 de diciembre de 2020, y los ganadores serán anunciados en los primeros días de enero de 2021. Los cuentos seleccionados serán publicados en una antología en formato digital (PDF) que podrá descargarse gratuitamente desde este mismo sitio web.

Este concurso literario es una ocasión para volcar el gusto por la música y la literatura en sus relatos: invitamos a todos los interesados a participar y muy especialmente a que nos ayuden a difundir la propuesta en su círculo de actividad y sus redes sociales, para que la participación pueda ser más amplia.

A continuación, las bases y condiciones

-Los relatos deben tener un mínimo de 2.500 y un máximo de 15.000 caracteres (contando los espacios) y estar vinculados explícita o implícitamente con la temática Beatle.

-Pueden participar personas sin distinción de edad ni país de origen, en los siguientes idiomas: español, inglés, francés e italiano.

-Los relatos deben ser enviados por e-mail al correo hojaporhoja@gmail.com desde el 9 de octubre hasta el 8 de diciembre de 2020. 

-Los relatos deben ser enviados adjuntos en un correo electrónico con el asunto “Concurso Beatle”, en duplicado: uno en formato Word y otro en formato PDF. Cada archivo adjunto debe llamarse igual que el nombre del relato y debe constar en el interior solo el título, el pseudónimo elegido por el autor (que se explicitará en el cuerpo del e-mail) y el texto.

-En el cuerpo del mail debe constar: nombre del autor, país de origen, lugar de residencia, número de documento, pseudónimo elegido, nombre del cuento adjunto. 

-Los jurados solo recibirán una copia impresa del relato con su respectivo pseudónimo.

-Los relatos deben ser originales e inéditos, no publicados en ningún soporte físico o electrónico. No podrán participar trabajos ya publicados ni premiados en otros concursos.

-El anuncio de los relatos ganadores se hará el 10 de enero de 2021. Habrá tres ganadores y menciones que se anunciarán a través de www.hojaporhoja.com.ar.

-El premio consiste en la publicación de una antología en formato PDF, exclusivamente digital, con los relatos seleccionados. En caso de resultar seleccionados relatos escritos en un idioma que no sea el español, se publicarán el original y su traducción al español.

-La antología estará disponible para su descarga gratuita en Hoja por Hoja (www.hojaporhoja.com.ar) y se podrá difundir mediante la siguiente licencia Creative Commons: (https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/.

-Los autores permiten el uso de sus relatos exclusivamente para la publicación en dicha antología digital y su traducción si fuera necesario, por única vez. Permiten asimismo la lectura de dichos relatos en ocasión de la presentación al público, que se realizará en el Museo Beatle de la Ciudad de Buenos Aires (http://www.thecavern.com.ar/museo-beatle.html) en fecha a determinar (será informada mediante Hoja por Hoja) durante 2021.

-La participación en este certamen implica la aceptación de todas y cada una de sus bases, siendo el resultado inapelable por parte de los participantes. La propiedad intelectual de los cuentos premiados, al margen de la publicación en la antología digital referida, seguirá siendo de sus respectivos autores.

El jurado estará integrado por:

  • Florencia Agrasar / Prof. en Letras
  • María Amelia Arancet / Dra. en Letras, especialista en Literatura Argentina
  • Graciela Cutuli / Prof. en Letras, periodista
  • Mabel Fuzzi / Prof. en Letras, correctora literaria
  • María Victoria Rossi / Prof. en Letras
  • Teresa Téramo / Dra. en Ciencias de la Información, especialista en Narrativas Audiovisuales

Bases en inglés / Terms & Conditions

Consultas a hojaporhoja@gmail.com

Bases en francés / Règlement

Bases en italiano / Regolamento

¿Qué ciudades italianas leen más?

Milán se confirma como la “reina de la lectura” en Italia por octavo año consecutivo, seguida de Roma, que consigue la segunda posición, y Turín, para completar el podio.

La revelación de este año es Nápoles, que por primera vez ingresa en el “top ten”, según la clasificación de Amazon.it, y se apodera del noveno puesto. La lista de la librería virtual muestra un interesante crecimiento en el sur del país: Palermo pasa del puesto 47 al 13, Bari del 46 al 20, Reggio Calabria del 50 al 36.

Los últimos lugares se los disputan tres ciudades de diversas regiones:
Siracusa, Alessandria y Foggia.

La clasificación examina el número de títulos, en papel o en digital, comprados por los clientes de Amazon durante el último año, en los centros habitados con más de 90.000 residentes.

Así, también en este año de cuarentena Milán mantiene su cetro de ciudad amante de los libros, en papel o en digital. Turín desplaza, en el tercer lugar, a Bolonia y Padua, que pasan respectivamente a los puestos cuarto y octavo, en tanto Pisa sale del “top ten”.

Florencia por su parte gana tres puestos respecto de 2019, superando a Verona, que está séptima. Padua queda octava y entre los nuevos ingresos del “top ten”, junto con Nápoles, se destacan Génova y Trieste (puestos 6 y 10).

En cuanto al formato digital exclusivamente, Milán se confirma como la ciudad que compra más e-books en el Kindle Store, seguida de Roma, Turín, Bolonia y Génova. Nápoles en cambio no está entre las diez primeras en lectura digital y deja lugar a Cagliari, en el puesto 10.

Una vez más, Milán es la ciudad que más aprecia los diferentes géneros literarios, adjudicándose el primer lugar entre las ocho clasificaciones divididas por género: allí es donde más se leen textos de no ficción, cocina, fantasía y ciencia-ficción, viajes, literatura motivacional, economía y finanzas, y bienestar. Y a diferencia del año pasado, conquista el primer lugar también en materia de novelas románticas.

Nápoles a su vez figura entre las ciudades donde se leen más libros motivacionales, de economía y finanzas y bienestar, dejando espacio a Verona, cuarta en la clasificación de novelas románticas. Florencia y Bolonia por su parte se confirman como amantes de la buena mesa, en el cuarto y quinto lugar cuando se trata de libros de cocina.

Concurso de cuentos para niños escritores

Cazacuentos, en articulación con Impulso Cultural a través de su área  editorial y de BA Audiovisual, invitan a niños de 7 a 12 años a crear y escribir una historia breve que refleje que pese a todas las diferencias, somos iguales y tenemos los mismos derechos. El concurso se extenderá del 23 de julio al 31 de agosto y el ganador será anunciado la última semana de octubre.

La propuesta, que busca alimentar la imaginación, la creatividad y la sensibilidad, ofrece tres categorías de acuerdo a la edad de los niñxs: Ardillas: de 7 y 8 años; Zorros: de 9 y 10 años; y Ciervos: de 11 y 12 años. Cada categoría incluye tanto los que ya hayan cumplido como los que estén por cumplir la edad requerida en 2020.

Los cuentos deben ser inéditos y de creación propia y la extensión no deberá exceder una página tamaño A4, escrito en Arial tamaño 12.  Cada uno podrá mandar un máximo de tres cuentos que serán leídos y seleccionados por un jurado compuesto por las editoras Raquel Franco (Pequeño editor) y Lulú Kirschbaum (Limonero), Manuel Rud (Limonero) y la escritora Ana María Shua.

El ganador de cada categoría recibirá una selección de libros infantiles. Además, uno de los tres cuentos ganadores será elegido para producir un video animado. Esa elección estará a cargo de Irene Blei y las directoras de Cazacuentos.  El video será una producción de Cazacuentos, y el estudio de animación a cargo de la realización será Tamandúa.

Para consultar las bases y condiciones, y acceder al formulario de inscripción se deberá visitar la plataforma de Cazacuentos: http://www.cazacuentos.com.ar  y en caso de tener dudas o consultas se puede escribir a concurso@cazacuentos.com.ar.

El concurso reconoce la lectura como una herramienta indispensable para la adquisición de aprendizajes que fortalecen el desarrollo y el acceso a la diversidad sociocultural.

ACERCA DE CAZACUENTOS

Cazacuentos -que cuenta con el apoyo de Mecenazgo del Ministerio de Cultura porteño-, selecciona, rescata y produce animaciones infantiles en formato breve. Es una ventana que apunta a unir al público general con artistas de la animación y crear un espacio donde niñas y niños pueden acceder a un contenido artístico, divertido y seguro, que los eduque en lo audiovisual y los involucre en el proceso de creación.

CATEGORÍAS

Ardillas: niñxs de 7 y 8 años (cumplidos o por cumplir en 2020)

Zorros: niñxs de 9 y 10 años (cumplidos o por cumplir en 2020)

Ciervos: niñxs de 11 y 12 años (cumplidos o por cumplir en 2020)

SOBRE LOS CUENTOS

Deben ser inéditos, de creación propia. La extensión no deberá exceder una página tamaño A4, escrito en Arial tamaño 12.  Cada niña o niño podrá mandar un máximo de tres cuentos.

CRONOGRAMA

La apertura del concurso es el 20 de julio de 2020 en el marco de la Feria del Libro Infantil y Juvenil y se podrán enviar los cuentos hasta el 31 de agosto a las 23.59 h de 2020.  

El jurado trabajará en los meses de septiembre y octubre, el ganador será anunciado en la última semana de octubre mediante una publicación en la web de Cazacuentos.

CÓMO PARTICIPAR

Las bases y condiciones, así como el formulario de inscripción estarán disponibles en la plataforma de Cazacuentos: http://www.cazacuentos.com.ar. La inscripción en el concurso implica la aceptación de sus bases. Para todas las dudas y consultas se habilita el email: concurso@cazacuentos.com.ar

Pandemia y “rentrée” literaria 2020 en Francia

Pasadas las vacaciones de verano el hemisferio norte, empieza en Europa la temporada de edición de las novedades literarias del año. Un período que en Francia se conoce como la “rentrée littéraire”, y que coincide con la “rentrée” o regreso al año escolar.

Este año sin embargo es particular, tanto para la escuela (que podrá volver solo con precisos protocolos para combatir el Covid-19) como para la literatura. En 2020, en efecto, la oferta de óperas primas en novelas, así como de novelas extranjeras, será muy inferior a la habitual.

Entre mediados de agosto y octubre 2020 -el período de la “rentrée”- se editarán 511 nuevas novelas y colecciones de nouvelles o relatos, según publicó Livres-Hebdo. Se trata del menor número desde 1999. El año pasado eran 524 (-2,5%), lo que marca el tercer año de baja consecutiva.

La cantidad de novelas francesas, por su parte, pasa de 336 a 366 títulos. Las primeras novelas pasan de 82 el año pasado a 65 este año, 37 de ellas obra de mujeres. Con 145 títulos, frente a 188 el año pasado (-22,9%), la literatura extranjera sigue disminuyendo su participación.

Este año, la “rentrée” tendrá autores como Muriel Barbery, Emmanuel Carrère y Amélie Nothomb. Entre las traducciones, se publicarán en francés obras de Salman Rushdie, Jon Kalman Stefansson y Joyce Carol Oates.

Este año los lanzamientos editoriales del fin del verano-otoño se producen en un contexto particular, debido a las consecuencias de la cuarentena por el coronavirus. Las editoriales con un volumen de negocios entre los 100.000 y los diez millones de euros pueden postular a un fondo de cinco millones de euros; desde el comienzo de la crisis sanitaria, el Estado francés movilizó más de 230 millones de euros. El 2 de julio pasado, los diputados votaron líneas de crédito de 50 millones de euros para la “misión Cultura”, que engloba a todos los sectores.

El pasado mayo un grupo de 600 editores, autores y libreros había pedido al presidente, Emmanuel Macron, “salvar” el sector del libro, ya que el cierre total de las librerías había causado pérdidas superiores al 80% a las editoriales.

Sin embargo voces de la industria alertan que, pese a que las intenciones eran publicar menos libros para defender las nuevas publicaciones (y con ellas el trabajo de los libreros) la disminución no es muy significativa.

Clément Ribes, director de Christian Bourgois, explicó sus razones a la prensa francesa: “La programación de la rentrée littéraire se construye con un año y medio o dos de anticipación, sobre todo en literatura extranjera. Toda postergación de un título provoca una reacción en cadena, que hará postergar también los siguientes. La cuestión es cómo organizar las cosas para que las programaciones de 2021 y 2022 no sean demasiado asfixiantes para los libreros”. En su caso, de las cinco novedades previstas finalmente aparecerán tres. No es el caso de Stock, que publicará todo lo previsto y considera que la oferta cultural de la temporada estará concentrada en los libros, relegando al teatro y el cine.

Algunas de las novedades 2020:

Amélie Nothomb, Les aérostats, Albin Michel

Yasmina Khadra, Le sel de tous les oublis, Julliard

Lola Lafon, Chavirer, Actes Sud

Serge Joncour, Nature Humaine, Flammarion

Eric Reinhardt, Comédies françaises, Gallimard

Emmanuel Carrère, Yoga, POL

Odiseo, de Troya a Ítaca

El accidentado regreso de Ulises al terminar la Guerra de Troya inspiró gran parte de la Odisea de Homero. Un itinerario por las islas y costas mediterráneas donde, según el épico relato, el legendario héroe vivió sus fabulosas aventuras.

Por Graciela Cutuli

Buena falta le hizo a Ulises ser “fecundo en ardides” para completar su travesía de diez años después de la Guerra de Troya. Si un precursor hubo del “turismo aventura”, bien puede haber sido este griego astuto, proclive a dejarse llevar por las corrientes del mar y de la vida, que mientras Penélope tejía y destejía a él lo llevaban a un fantástico mundo de hechiceras, sirenas, cíclopes y remolinos. De Troya a Itaca fueron numerosas las escalas que hizo en el recorrido por el homérico “mar de color de vino”, y casi igualmente numerosas son las versiones sobre su auténtico itinerario, que tantos siglos después sólo puede reconstruirse en forma incierta y aproximada. Los espejismos del Mare Nostrum bien pueden situar cada episodio en uno u otro punto de sus remotos rincones, aunque a lo largo de la travesía mediterránea es posible encontrarse en lugares donde no hace falta siquiera usar la imaginación para sentirse en el corazón de la Odisea: todavía hay playas casi vírgenes de aguas transparentes como el cielo, farallones amenazantes que surgen fantasmales de la superficie del agua, verdes islas que ofrecen un puerto seguro para el descanso del navegante. Siguiendo las huellas de Ulises, se pasa desde Asia Menor al sur de Italia, y hay quienes llevan su aventura incluso más allá, hasta las costas de España.

TODO EMPEZO EN TROYA Durante siglos, el emplazamiento de Troya –y hasta su propia existencia, incluyendo la historicidad de la guerra que enfrentó a griegos y troyanos– fueron un misterio. Hizo falta la pasión del muy discutido Heinrich Schliemann para encontrar finalmente los restos de la ciudad, sobre la colina de Hissarlik, en Turquía, a partir de 1870. A lo largo de varios años de excavaciones, Schliemann y sus colaboradores descubrieron la construcción de nueve ciudades sucesivas en el emplazamiento de Troya: la ciudad homérica se atribuye a la capa VI, aunque persisten las dudas y debates sobre dataciones y hechos históricos. El extenso y complejo sitio de la excavación de Troya, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, se visita de la mano de guías expertos y minuciosos, aunque para el lego es fácil perderse entre las sucesivas capas arqueológicas. Una de sus imágenes más conocidas, sin embargo, no es histórica: se trata de la reconstrucción del gigantesco caballo de madera que evoca el gran ardid de Ulises –ocultar a los griegos en el caballo regalado a los troyanos– para derrotar finalmente las murallas de Ilión.Dejando atrás Troya, Ulises llegó al “país de los cicones”, en Tracia, una región que hoy se reparte entre Turquía, Grecia y Bulgaria. Ulises y sus compañeros saquearon la ciudad de Ismaro en un auténtico ataque pirata, hasta que fueron expulsados por la furiosa reacción de los habitantes y pusieron proa hacia el “país de los lotófagos”, peligroso para quienes deseaban volver a su patria, porque el loto que comían los habitantes borraba todos sus recuerdos… Quien visite hoy las costas del norte de Africa –probablemente Libia, aunque Homero no fue muy preciso sobre la dirección de los caprichosos vientos que impulsaron las naves de Ulises– no correrá los mismos peligros: en todo caso, es la belleza del lugar lo único que podría inducir al olvido de las ganas de regresar.Libia se abrió al turismo en épocas recientes, y es una de las estrellas ascendentes de la región, por la variedad y riqueza de sus vestigios arqueológicos, aunque una infraestructura todavía no del todo desarrollada hace más que recomendable viajar con conocedores de la zona. Uno de los lugares a visitar son las ruinas de Cirene, un conjunto arqueológico aún en excavación que incluye templos, el ágora, una importante necrópolis y un teatro. A sólo media hora se levanta Apollonia, el primer asentamiento griego en la costa del norte de Africa. La magnificencia de las ruinas, sin intervenciones que alteren su autenticidad, sorprende por su extensión y permite darse una idea de la importancia de Cirene en la Antigüedad, cuando formaba junto con otras cuatro ciudades griegas el conjunto llamado Pentápolis.

“NADIE ES MI NOMBRE” Cuando Ulises consigue finalmente arrastrar a sus compañeros fuera de los peligros del dulce fruto del loto, en verdad sus aventuras no hacen más que empezar. Nuevamente empujados por el viento, exploran una nueva costa y descubren una cueva llena de alimentos: un festín para los viajeros siempre hambrientos, si no fuera porque el festín tenía dueño. Y un dueño ciertamente amenazante: Polifemo, un gigante de un solo ojo que nada más verlos devoró a dos de los infortunados compañeros de Ulises. Haría falta todo el ingenio del griego, que dice llamarse “Nadie”, para escapar a la trampa del cíclope, vencido gracias al vino y un oportuno estacazo en el ojo. “Me atacan, me dejaron ciego”, grita un Polifemo desesperado pidiendo ayuda a sus congéneres, para rematar con una afirmación desconcertante: “Nadie me hizo esto”.Para algunas versiones, el episodio se sitúa en la costa occidental de Sicilia; para otros es indudable que Polifemo y los cíclopes vivían en Creta. Esta isla, la más meridional y también la mayor de Grecia, bien podría haber sido escenario de la aventura, gracias a su litoral accidentado y sus numerosas cuevas: se dice incluso que en una de ellas nació Zeus, y logró escapar a la furia devoradora de su padre, Cronos. Creta posee hermosísimas playas y senderos de montaña; también es célebre por el Palacio de Cnosos, aunque no se encontraron los restos del célebre laberinto de Teseo, Ariadna y el Minotauro.Situar a los cíclopes en Sicilia acerca a los personajes de la Odisea hacia su siguiente aventura, la llegada a la isla de Eolo, el rey de los vientos. Muchos creen que Homero situó las peripecias de su héroe en las tierras y mares occidentales que por entonces fascinaban a los griegos: así habría ubicado a Eolo en las islas Eolias, sobre la costa nordeste de Sicilia. El archipiélago se forma con Lipari, Vulcano, Salina, Stromboli, Filicudi, Alicudi y Panarea, un pequeño rosario de islas volcánicas rodeadas de aguas cristalinas, con playas vírgenes y un sol que favorece el cultivo de vides, olivas y alcaparras, ingredientes esenciales de la dieta mediterránea. Aquí Eolo regaló a Ulises un odre que encerraba los vientos tormentosos, para que pudieran regresar sanos y salvos a sus casas: pero la irrefrenable curiosidad de los marineros pudo más, y al abrir el odre salieron vientos huracanados que los arrojaron nuevamente a tierras desconocidas, esta vez habitadas por los lestrígones, unos gigantes antropófagos no más amables que los cíclopes. Cerdeña, la isla de las costas esmeralda, o bien Córcega pueden haber sido inspiradoras de este episodio: en todo caso, no se puede negar que la imprudencia, la sed de aventura y los vientos llevaron a Ulises por algunos de los más bellos lugares del Mediterráneo, islas que hoy están entre los más preciados destinos turísticos del mundo, meta del jet set y las testas coronadas de Europa.Claro que a nuestro héroe, presa de los lestrígones, no le habrían parecido tan agradables… fue así que, cuando pudo escapar, puso rumbo hacia el norte y desembarcó en la isla de Eea, feudo de la maga Circe, que acostumbraba transformar a los forasteros en animales. Esta vez no le fue tan mal a Ulises, ya que permaneció un año junto a la hechicera, que incluso le dio un hijo, Telégono. ¿Dónde se sitúa el país encantado de Circe? Probablemente en las costas cercanas a Nápoles, donde se encuentra precisamente el cabo Circeo. A los griegos estas costas, al norte de la Magna Grecia, les eran también bien conocidas: la propia Nápoles nació como colonia griega, la “ciudad nueva” de Neapolis.

ULTIMAS AVENTURAS Tras dejar atrás los encantos de Circe y escapar a los tentadores pero peligrosos cantos de las sirenas, Ulises estaba lejos todavía de ver el fin de sus aventuras. Escila y Caribdis, dos monstruos que provocaban remolinos y devoraban a los marineros, son el siguiente escollo de su viaje: tradicionalmente, se ubica a los monstruos junto a la actual Scilla, un encantador cabo que se adentra en el Tirreno, a la altura de Calabria, en lo que llaman la “costa viola” (costa violeta) por el extraordinario color del mar. Scilla mira hacia el estrecho de Messina, célebre por sus difíciles corrientes, un detalle más que ayuda a ubicar aquí la siguiente etapa de Ulises: la isla de Trinacria, el antiguo nombre de Sicilia. De aquí, tras una terrible tormenta cuyo único sobreviviente fue el astuto griego, Ulises fue a dar a la isla Ogigia, morada de la ninfa Calipso. Hay quienes identifican el lugar con Crotone, una antigua colonia griega en la actual Calabria, junto al Mar Jónico, aunque otras versiones llevan mucho más lejos la navegación de Ulises y sitúan a Calipso y sus encantos tan lejos como en el estrecho de Gibraltar. Sólo la intervención divina hizo que Calipso dejara partir a Ulises, que pagó sus años de calma junto a la ninfa con una fuerte tormenta que lo dejaría finalmente en las costas del país de los feacios. Es decir, Corfú, que si no lo fue realmente bien podría haber sido el escenario del encuentro de Ulises con la joven Nausicaa. Corfú es una de las islas más turísticas de Grecia, aunque conserva todavía costas vírgenes de gran belleza y soledad. Pueblitos costeros, bahías protegidas, lagos y una hermosa capital de eclécticas influencias europeas hacen la belleza de Corfú, que fascinó también a la emperatriz Sissi en sus numerosos viajes por Europa. Como recuerdo de su paso queda el Palacio del Achilleion, que la esposa de Francisco José hizo construir al sur de la capital de la isla a fines del siglo XIX.Pero como todo tiene que terminar alguna vez, también los viajes de Ulises llegan a su fin. Con ayuda de los feacios, el héroe regresa finalmente a Itaca, su patria, una isla pequeña que forma parte del archipiélago de las Jónicas, al sur de Corfú. En verdad hoy día a Ulises sólo se lo encuentra con la imaginación, pero la minúscula y escarpada Itaca sigue gozando del privilegio de haber sido la cuna del héroe de la Odisea. “Nuestro padre Odiseo”, como dicen sus habitantes. Sólo por eso, si no es por el atractivo de Vathy, la capital, merece la visita en una recorrida por las islas griegas. En el norte de la isla, se cree que el pueblo de Stavros fue el lugar donde se levantaba el palacio de Ulises, pero no queda vestigio alguno (ni siquiera Schliemann, aunque lo intentó, pudo encontrarlo): sólo una de las piezas del museo arqueológico local, con el nombre del héroe, sirve de testimonio a la veracidad de la Odisea. Una veracidad que al fin y al cabo no tiene importancia alguna, ya que su única verdad está en la literatura, argumento más que suficiente para emprender un viaje que siga las imaginarias y extraordinarias huellas de Ulises.

(Publicado en Página/12, 2008)

El misterio de la desaparición de Agatha Christie

Por Graciela Cutuli

Además de ser el exitoso padre de Sherlock Holmes, Sir Arthur Conan Doyle se interesó personalmente en algunos resonantes casos judiciales de su época, en los que logró no solo liberar de culpa y cargo a los acusados, sino sentar las bases de la futura Corte de Apelaciones en lo Criminal. Tal vez por eso, además de su experiencia como novelista policial, en diciembre de 1926 fue convocado para dilucidar un misterio que atrapó a la sociedad británica durante 11 días y, a pesar de la movilización de numerosas fuerzas policiales e investigaciones de prensa, nunca logró dilucidarse realmente. 

El misterio tenía como protagonista, además, a una colega de Conan Doyle: también de la mano de la novela policial, Agatha May Clarissa Miller -más conocida como Agatha Christie- se había tallado una reputación literaria tan amplia como discutida gracias a sus primeras obras, donde ya aparecía el detective Hercule Poirot.

Un agudo Poirot o una perspicaz Miss Marple, otro personaje que más tarde contribuiría a su fama global, hubieran hecho falta tal vez para descubrir qué pasó aquella fría noche de 1926 en que la escritora literalmente se esfumó de su casa en Berkshire.

Crónica de una desaparición no anunciada

Sin duda no hay que contar con la extensa Autobiografía que escribió Agatha Christie y que se publicó, póstumamente, en 1977.  Llena de episodios, viajes, reflexiones, recuerdos y aventuras, no hace ni la menor mención a lo que ocurrió aquella noche ni los 11 días siguientes en los que estuvo oficialmente desaparecida. Aunque el comienzo de uno de los capítulos podría dar alguna pista: “El siguiente año (1926) -escribió- es uno de los pocos que odio recordar. Como tantas veces sucede en la vida, cuando una cosa va mal, todo va mal”.

Volvamos a la noche del 3 de diciembre de 1926, en la casa de los Christie en Sunningdale, Berkshire. Una mansión llamada Styles, un nombre inspirado en El misterioso caso de Styles, la primera obra de la novelista, publicada pocos años antes. Pasadas las nueve, Christie se levantó de su sillón y subió las escaleras para dar un beso de buenas noches a su hija Rosalind, de siete años. Volvió a bajar, salió, se puso al volante de su auto -un Morris Cowley Bullnose que le había costado horrores aprender a dominar, pionera entre las mujeres de su época- y partió con rumbo desconocido. 

Desaparición de Agatha Christie en la prensa en 1926

Un reporte en la primera plana del New York Times, fechado el 5 de diciembre, se hizo eco de la noticia cuando se seguía sin noticias del paradero de la escritora: bajo el título Mrs. Agatha Christie, novelista, desaparece de un modo extraño de su casa en Inglaterra, el diario refería que la mujer se había “desvanecido en misteriosas circunstancias, y un centenar de policías la buscaron en vano durante el fin de semana. El viernes a la noche, tarde, Mrs. Christie empacó ropa en una maleta y se fue, dejando una nota para su secretaria diciendo que no volvería esa noche”.  Y luego más detalles para añadir misterio al asunto: “A las ocho de la mañana de ayer (4 de diciembre, es decir la mañana siguiente a su partida, NDR), el auto de la novelista fue hallado abandonado cerca de Guilford, junto a una cantera, con las ruedas de adelante colgando del precipicio. Evidentemente el vehículo se había despistado y solo la presencia de un gran arbusto evitó su caída. En el auto se encontraron prendas de vestir y una caja con papeles”.

“Todos los policías disponibles -agregaba el cable- fueron movilizados y realizaron una búsqueda exhaustiva en varias millas a la redonda, pero sin hallar huellas de Mrs. Christie. El coronel Christie refiere que su esposa ha estado sufriendo de los nervios. Un amigo describe a Mrs. Christie como especialmente feliz con su vida doméstica y muy dedicada a su única hija”. 

Y aunque las cosas no eran exactamente así… todavía no era de público conocimiento.

Semejante escenario, de todos modos, inducía a pensar en un asesinato, un suicidio o un accidente. El despliegue policial fue sin precedentes: hasta aviones se usaron en la búsqueda. Al coronel Christie lo interrogaron, bajo la sospecha de la primera opción, pero tenía una coartada sólida. La policía llevó al perro terrier de la escritora al lugar de la desaparición, sin éxito, y empezó a inclinarse por la hipótesis de un suicidio, descartando las decenas de cartas con indicaciones de presuntos avistajes de la escritora desvanecida. 

En una nota fechada el 9 de diciembre, el New York Times añadía un detalle tan surrealista como escalofriante: “Según una persona amiga de Mrs. Christie, la casa donde vive en Sunningdale la estaba poniendo nerviosa. Se levanta en un sendero solitario, sin iluminación a la noche, que se dice está embrujado. El sendero fue escenario del asesinato de una mujer y del suicidio de un hombre”. Según la fuente, remataba el diario, Christie había dicho que “si no dejo pronto Sunningdale, Sunningdale será mi fin”.

Desorientada y en busca de más opiniones, la policía recurrió a Conan Doyle, tal vez atribuyéndole las dotes de sabueso de su famosa criatura. Pero en lugar de elucubraciones sobre pistas y huellas a la usanza de Sherlock Holmes, Conan Doyle recurrió al médium Horace Leaf, un experto en psicometría que decía poder extraer información psíquica de una persona a partir de objetos. “Un artículo usado por una persona y sostenido en la mano o contra la frente puede atraer a la mente pensamientos, sentimientos y hasta visiones relacionadas con ese individuo”, afirmaba. Cuando Conan Doyle le puso en la mano un guante de la escritora, el médium exclamó: “Agatha”. Lo cierto es que nadie le había dicho a quién pertenecía la prenda, aunque considerando la repercusión del caso Leaf probablemente haya usado, simplemente, el sentido común. Más curioso -o tal vez lo más sensato considerando que nunca se había hallado el cuerpo- es que afirmara a continuación que había algún tipo de perturbación relacionada con el guante y que su dueña “no está muerta, como muchos creen. Está viva. Van a saber de ella, creo, el próximo miércoles”.

Agatha Christie en la época de su desaparición

Un misterio sin fin

Con cuentagotas, como imitando en la realidad las ficciones policiales, los investigadores fueron dando a conocer poco después algunos detalles más: lo principal era que habían aparecido tres cartas, dirigidas respectivamente a su marido (que la destruyó asegurando que no decía nada relevante para el caso), a su cuñado (que también la destruyó) y a su secretaria: esta misiva había sobrevivido, pero solo tenía instrucciones irrelevantes. Un grupo de espiritistas volvió, otra vez sin resultados, al lugar de los hechos. Y la prensa reportó rumores según los cuales Agatha Christie podría estar en Londres, disimulando su presencia con ropas masculinas. El propio coronel Christie revisó su ropero para saber si faltaba alguna prensa: también en vano.

Con el misterio cada día más denso, cuando ya eran pocas las esperanzas de llegar a un desenlace feliz y se rumoreaba que la escritora se había ido con intención de no volver, llegó el 14 de diciembre. Ese día, Agatha Christie fue encontrada en el hotel Hydro de Harrogate, una ciudad termal de Yorkshire, donde un músico la reconoció y avisó a los dueños, quienes a su vez reportaron a la policía.

La escritora estaba, entonces, sana y salva. Pero el enigma de su desaparición estaba lejos de ser resuelto: Agatha Christie se había registrado en el hotel con el nombre de Teresa Neele y, aunque su marido afirmaba que tal nombre no tenía significado alguno, era en realidad el apellido de Nancy Neele, su amante. La noticia se difundió e indignó incluso al padre de Nancy Neele: “Mi hija está muy molesta por todo esto, al igual que todos nosotros -declaró a la prensa- y no tiene nada que ver con la desaparición de Mrs. Christie”.

El coronel Christie terminó por volver a Londres con su esposa. Cientos de personas los esperaban en la estación de King’s Cross con la esperanza de ver a la famosa escritora, ahora presa de una profunda amnesia. Efectivamente, Agatha decía no tener ni idea de lo que había ocurrido: no recordaba nada de su partida, ni del choque de su vehículo, ni del día de su ingreso en el hotel, en una de las zonas más de moda en la Inglaterra de los años 20. En su autobiografía ignoró olímpicamente el episodio. Solo una vez, dos años más tarde, admitió en una entrevista que atravesaba entonces un mal momento y había pensado en arrojarse a una cantera con el auto, pero desistió de la idea porque estaba con su hija: sin embargo, esa noche dejó su casa, presa de una conmoción nerviosa y con intención de hacer algo desesperado. Y lo intentó, pero sufrió un golpe en la cabeza que la dejó sin memoria. 

Cierta o no su versión, muchos de quienes eran sus admiradores reaccionaron con enojo, atribuyendo todo lo ocurrido a un montaje publicitario. Pero a lo largo de los años, intrigados por lo ocurrido, numerosos investigadores volvieron sobre aquellos 11 días, y en la mayoría de los casos llegaron a la conclusión de que Agatha Christie, la reina del policial, fue entonces presa de un profundo episodio de amnesia provocado por el estrés. Su posterior divorcio podría confirmar la teoría: pero sobre todo, el misterio que aún envuelve lo ocurrido sirvió de inspiración al cine, la televisión y la literatura, que intentaron resolver mediante la ficción lo que en realidad nunca se pudo saber. –

Publicado en La Nación, Buenos Aires:

La enigmática desaparición de la escritora que fue tapa del New York Times.

Convocatoria para escribir cuentos infantiles sobre Parques Nacionales

El Ministerio de Ambiente de la República Argentina, a través de la Administración de Parques Nacionales (APN), creó una convocatoria de cuentos infantiles. La idea es que los chicos y las chicas puedan imaginar en familia y elaborar relatos que abracen los elementos de la naturaleza.

“En un momento marcado por el aislamiento para protegernos del coronavirus, la propuesta está pensada como una manera de impulsar el aprendizaje del patrimonio natural y cultural argentino en chicos y grandes. Y aunque la mayoría de las áreas naturales protegidas permanezcan cerradas debido a la situación sanitaria, la convocatoria de cuentos es una oportunidad para saber más sobre nuestros parques naturales, su vegetación, el comportamiento de su fauna y su clima, entre otras cosas por conocer”, informó un comunicado de APN.

De esta manera, se invita a niños y niñas, junto a sus familias, a elaborar relatos infantiles que no tengan más de tres carillas de extensión. La condición fundamental es que se trate en cada caso de una historia situada en alguna de las áreas protegidas de Argentina, bajo jurisdicción de la APN, y que incluya por lo menos una especie de flora o de fauna de la zona.

De la selección de las narraciones más creativas se ocupará un equipo de la APN. También realizará las ilustraciones para integrarlas en una publicación digital que será dada a conocer a través de las redes sociales y la página web del Ministerio de Ambiente nacional y la APN.

Para leer algunos ejemplos de cuentos inspiradores, conocer más a fondo cómo partipar y consultar las bases y condiciones de la convocatoria, se puede visitar este enlace: https://www.argentina.gob.ar/noticias/convocatoria-de-cuentos-infantiles.

Hay tiempo hasta el 31 de julio para presentar relatos.

Aquí bases y condiciones:

1.- Podrán participar de esta convocatoria niños y niñas, de hasta 15 años de edad, que se encuentren movilizados por la propuesta sin distinción de nacionalidad, ni país de residencia.
2.- Los textos (ya sea ficción, relato biográfico, crónica, leyenda, etc.), deben estar escritos en español y deben enviarse en formato word al correo electrónico contenidos@apn.gob.ar
3.- Los textos deben ser inéditos y su extensión será como máximo 3 carillas con tipografía número 12 y a doble espacio.
4.- Los textos (ya sea ficción, relato biográfico, crónica, leyenda, etc.) deberán situarse en un Parque nacional o Reserva y además debe incluir por lo menos una especie de flora o fauna de la región en la que se encuentre el área protegida seleccionada.
5.- Cada niño o niña podrá presentar uno o más relatos, y además deberá incluir otro archivo de texto con: Nombre, Apellido, Edad, Ciudad de residencia y autorización firmada por los padres para publicar el texto y su autoría en caso de resultar seleccionado.
6.- El equipo de la Administración de Parques Nacionales seleccionará los mejores relatos que serán ilustrados por los diseñadores para la publicación de una antología digital.
7.- El plazo de admisión de los textos será del 1 al 31 de julio del año 2020. El domingo 16 de agosto, en el día del niño, se anunciarán los textos elegidos.

Pablo Neruda y Delia del Carril

El 2 de julio de 1943, en el estado mexicano de Morelos, se casan Neftalí Reyes Basoalto (Pablo Neruda) con Delia del Carril Iraeta. Ambos divorciados: la novia 45 años; él, originario de Parral, 39 años. La novia se había quitado 14 años, está al borde de los 60.

En su libro Delia del Carril, la mujer argentina de Neruda, Fernando Sáez describe así el evento:

A pesar del calor del verano y la persecución de los jejenes, temibles mosquitos que no dejan a nadie en paz, el almuerzo de celebración es al aire libre, con cantos, poesías y un entusiasmo que dura hasta el anochecer. Pablo le regala a la novia un collar de plata moldeado en Oaxaca, que le queda perfecto. Si olímpicamente se ha quitado catorce años en el certificado de matrimonio, nadie lo podría poner en duda, su apariencia no da indicios que hagan sospechar que está al borde de los sesenta años.

En agosto del mismo año, Neruda renuncia a sus labores consulares. Lo despiden en México con una fiesta de dos mil personas y parten de vuelta a Chile, en un largo viaje por los países del continente. En Lima coinciden en el mismo hotel con Victoria Ocampo. A pesar de que las relaciones con Neruda son distantes -el poeta ha criticado duramente a los colaboradores de la revista Sur, en especial a Drieu La Rochelle, por sus simpatías nazis-, se sorprende que aparezca con Delia a saludarla y hasta le entregue un regalo.

El presidente del Perú, Manuel Prado, pone a disposición de los visitantes las facilidades para ir hasta las ruinas de Machu Picchu descubiertas en 1911, pero sin ser aún el espacio turístico de hoy. Hicieron un esforzado viaje en mula y muchos trayectos a pie, siguiendo huellas escarpadas. El viaje duró más de tres días hasta llegar al lugar: “Un lugar fantástico que me recordó las ruinas de Pompeya -recuerda Delia-, tú podías ver que quedaban restos de comida dentro de las casas, y vasos de vino, se podía ver la vida que llevaban… muy notable cosa, oye”.

El escritor argentino Jorge Carrol evocó así su encuentro con ella:

“A comienzos de los años 50, en mi primer y ya tan lejano viaje a Santiago de Chile, conocí a Delia del Carril en su santuario-atelier de Los Guindos, rodeada de bellos y extraños grabados, y del cariño de sus muchos amigos, algunos de los cuales como lo recuerda Volodia Teitelboim, tomaron partido cuando después de su divorcio con Pablo Neruda (de la que fue su segunda esposa), el cual dividió de alguna manera en dos, la vida del poeta.

Delia, La Hormiga, como cariñosamente la llamaban sus amigos de toda su centenaria vida, era hermana de la bella Adelina, viuda de Ricardo Güiraldes, el inolvidable autor de Don Segundo Sombra, y reinó durante los difíciles años 30 y 40, en el corazón y en los poemas del chileno.

Apoyada en una mesa me recibió quizá porque sabía que era portador de una carta que le enviaba Oliverio Girondo, y de un fraternal saludo de Raúl González Tuñón. No fue una conversación fácil y acaso tampoco fue lo cordial que yo esperaba. Sin embargo, las defensas cayeron cuando le comenté que formaba parte de un grupo de jóvenes poetas que editábamos Poesía Buenos Aires y le obsequié un ejemplar, creo del Nº 3, donde reproducíamos el Prólogo de Temblor de Cielo, de Vicente Huidobro.

Vicente era un sol. Grandísimo poeta y buen amigo, en las buenas y en las malas.

Y sin más, me invitó a una reunión a la que asistirían Margarita Aguirre biógrafa de Neruda- y su esposo, Rodolfo Aráoz Alfaro, con quienes precisamente en esa reunión recordamos a Oliverio y a Norah Lange, a Alfredo Varela y fundamentalmente me hablaron largo y tendido de Louis Aragon, Paul Éluard y Elsa Triolet.

(…)
Recuerdo y no sé por qué, la luz de su taller instalado en lo que alguna vez fue el comedor del matrimonio entonces inexistente. Por las amplias vidrieras entraba esa luz y también se veía el parque.

Recuerdo su delicada y encantadora conversación, y cómo estaba al tanto de todo, especialmente en política, donde sin la menor duda, fue más consecuente que Neruda.

Recuerdo sus nostálgicos y divertidos recuerdos de Huidobro:

Era un tipo de clase, che. Elegante. Culto. Un huevón encantador.

También y por qué no, la recuerdo como la última vez que la vi en el jardín de Los Guindos, navegando en su silla de ruedas, las mismas nieblas de la arteriosclerosis de mi madre, creyendo que en cualquier momento Pablo regresaría. Ella tenía quizá cien años y hacía veinte que el poeta había marchado para siempre. Por esos días se conmemoraban en Chile los ochenta años del natalicio de Pablo Neruda”.

Los aduaneros y el Ulises

El Ulises, de Joyce, había obtenido infinitos rechazos en incontables editoriales y, especialmente, por parte de microcéfalos funcionarios de aduanas que obedecían órdenes superiores (los censores de correos, doctos en materia literaria). Pero el libro aún no había sido vetado por la justicia. Este requisito era necesario para poder lograr un dictamen legal, favorable o no. La editorial norteamericana recurrió a un truco. Envió un funcionario a París, que se puso en contacto con Sylvia Beach y obtuvo un ejemplar del libro. De vuelta a New York, un día muy caluroso, se encontró con aduaneros enervados por el bochorno que lo invitaron a pasar sin siquiera abrir las maletas. Pero el mensajero protestó y exigió que revisaran su equipaje porque llevaba un libro prohibido. El aduanero se quejó amargamente de que lo hicieran trabajar con semejante temperatura y cuando vio el cuerpo del delito comentó: “Pero si todos los turistas que vienen de Francia traen el Ulises“.

Sin embargo se resignó, se hizo cargo del libro maldito y lo puso en manos de sus jefes. Ahora había una base para iniciar la querella, que terminó con el fallo absolutorio del juez, J.M. Wolsey, cuyo nombre no figura entre los grandes de la literatura, con torpe injusticia. Su Señoría dictaminó que el libro podía ser “vomitivo, pero no inmoral”.

(Fuente: Juan Carlos Onetti. Confesiones de un lector)

La nueva novela de Kazuo Ishiguro

La próxima novela del novelista británico, la primera desde que ganó el premio Nobel de Literatura en 2017, se publicará en marzo de 2021, según anunció la editorial Faber, que publica su obra. Klara and the Sun, según se anticipó,  es la historia de un ser artificial con “extraordinarias capacidades de observación” en busca de hallar un dueño humano.

“Cuando surge la posibilidad de que sus circunstancias cambien para siempre, a Klara se le advierte que no crea demasiado en las promesas de los seres humanos”, explicó Faber. El director editorial de la firma, Angus Cargill, dijo que Klara and the Sun es “una novela sobre el corazón humano que habla con urgencia al aquí y ahora, pero desde otro lugar”.

Se trata de un libro “asombroso” -dijo- y “como siempre en la escritura de Ishiguro, puede ser absolutamente sorprendente y al mismo tiempo consistente con el cuerpo de su obra.

La anterior novela del autor de Lo que queda del día, The Buried Giant, se publicó en 2015 y estaba ambientada en una versión semimítica de la antigua Gran Bretaña, entre ogros y dragones.

 

Tú no eres como otras madres

Angelika Schrobsdorff es la Angelika de este libro, “una niña difícil”, narradora y aguda observadora de la vida de su madre, Else Kirschner, pero también de su familia entera y al mismo tiempo de una época -la mitad del siglo XX y la Segunda Guerra Mundial- que a través de sus palabras se vuelve dolorosamente tangible.

La madre que no es como las otras es Else Kirschner, nacida en el seno de una familia judía alemana y casada primero con el escritor Fritz Schwiefert y luego con Eric Schrobsdorff, un burgués de Berlín al que le tocará estar casado con una judía en pleno ascenso del nazismo.

Los vaivenes vitales de Else dan para una novela en sí misma: sus matrimonios, sus caprichos, su disfrutar de la vida, sus convicciones de libertad, sus amistades -nada de todo eso demasiado acomodado a los prejuicios de su época- conforman la aventura vital de una mujer poco aficionada a las convenciones. 

Pero Tú no eres como otras madres (Du bist nicht so wie andre Mütter) no es estrictamente una novela, en el sentido de que no es ficción, aunque se lea como tal: es la biografía de una mujer -y la autobiografía de su hija- que encarnaba a la perfección el ansia de libertad de los “años locos” de ese Berlín que celebraba en la superficie y en el fondo empezaba a virar hacia la tragedia.

“Un día después de la Noche de los Cristales Rotos se publicó el decreto según el cual el conjunto de los judíos alemanes debería abonar una prestación de desagravio por el valor de mil millones de Reichsmark y eliminar sin demora los daños causados por el pogromo. Siguieron, en rápida procesión, ocho decretos más, entre ellos el que prohibía a los judíos regentar negocios y empresas artesanales y asistir a teatros, cines, conciertos y exposiciones, así como transitar a determinadas horas por determinadas zonas. O aquellos que establecían que los niños judíos ya no podrían frecuentar escuelas alemanas, ni los estudiantes judíos las universidades del país. Además, se les retiraban las licencias de vehículo y los carnets de conducir y se los obligaba a vender sus empresas y a entregar sus joyas y títulos de valor”.

Y ahí está lo mejor del libro: en la forma en que Angelika Schrobsdorff consigue reconstruir la reticencia de Else, y de muchos otros, a creer en la entidad real del monstruo que se estaba gestando en Alemania. Las cosas, se sabe, no pasan de un día para otro: tampoco de un día para otro se impusieron el nazismo, sus leyes raciales, la marcha definitiva hacia el desastre. Estaban quienes querían verlo, quienes querían abrirle los ojos, para terminar chocando con la ¿ingenuidad? ¿ceguera? de Else. Estaban quienes huían, quienes buscaban relegar su matriz judía o quienes, por el contrario, más que nunca deseaban exaltarla. Y estaban, como Else, quienes eran y se sentían profundamente alemanes, incapaces de creer que en la culta Berlín de la primera mitad del siglo XX pudiera imponerse la política de ese nacionalsocialismo al que solo consideraban como una banda de brutos vándalos sin consenso. Se equivocaban, por supuesto.

Y eso le valió a Else, a Angelika y a su hermana Bettina el exilio en Bulgaria, que se convierte en las más bellas páginas del libro. Una forma tal vez no deseada pero intensa de concretar la promesa de su juventud: “Vivir la vida con la máxima intensidad y tener un hijo con cada hombre al que amara”. 

Angelika Schrobsdorff publicó este libro en 1992. Su madre había fallecido en 1949, poco después de la guerra. Su abuelo materno, Daniel Kirschner, había muerto en 1939; su abuela, Minna Kirschner, había muerto en Theresiendstadt. Durante la guerra murió Peter, su hermano mayor. En el umbral de los años 50 murió su padre, Erich Schrobsdorff. Y sin embargo, este es un libro sobre la vida y cómo puede ser a la vez fascinante y absurda, trágica y cómica, cruel y compasiva, sobre todo cuando se nace y se crece a la luz y a la sombra de una madre que no es como las otras.

A continuación, un fragmento del comienzo de Tú no eres como otras madres:

“Aquí, pues, va la anécdota: a los cuatro años y medio, Else entró en el jardín de infancia, donde tuvo su primer contacto con niños cristianos. Se parecían en todo punto a ella: reían como ella, jugaban como ella, hacían travesuras como ella, hablaban como ella. Pero cuando se acercó la Navidad, algo cambió. Los niños, de repente, hablaban distinto que ella, hablaban ya sólo de cosas que ella nunca había oído mencionar: del niño Jesús y de Papá Noel, de José, María y los Reyes Magos, entre los cuales había un moro. Hablaban de regalos, de árboles de Navidad, de ángeles, de estrellas de Belén y de pesebres con todas sus piezas: el niño Jesús, la Santísima Pareja, la mula, el buey. —Majaderías —atajó Minna cuando su hija la avasalló con preguntas acerca de lo escuchado—, no hagas caso. Pero Else hizo caso y ya no pensó en otra cosa y hasta soñaba con eso. Poco antes de la gran fiesta, se colocó en el jardín de infancia un árbol de Navidad que los niños engalanaron con adornos de magnífico brillo y colorido. De pie y plegando las manos frente a aquella maravilla, entonaron un villancico tras otro. Else, que ya con año y medio sabía cantar «Zorro, robaste el ganso», captó las canciones al vuelo y, en casa, se las repitió a sus padres. Éstos se sobresaltaron al oír lo de «entre los astros que esparcen su luz viene anunciando al niño Jesús» y decidieron mantener a su hija alejada del jardín de infancia durante tan peligrosos festejos. Pero el daño ya estaba hecho. La niña quiso a toda costa un árbol de Navidad. Rabió y sollozó hasta que los padres, enervados y a punto de romper a llorar ellos mismos, trajeron un pequeño árbol, amén de algunas bolitas y espumillón. Lo único que no hubo fueron velas, pues Daniel tenía pánico a los incendios y estaba resuelto a no ceder, en ese punto, a las goyim najes, las diversiones de los no judíos. Cuando el árbol, parcamente adornado, estaba listo y Else entonaba con las manos plegadas «Noche de paz», sonó el timbre. Daniel, con una mala corazonada, se apresuró hacia la puerta, espió por la mirilla y vio una barba blanca abierta en abanico y un gran sombrero negro. ¡Qué otra cosa era aquello sino una señal del Señor! Volvió corriendo a la habitación, agarró el arbolito y lo arrojó al cuarto de las escobas. A continuación, Else se tiró al suelo y chilló para que le devolvieran su árbol. El abuelo, al que por fin habían abierto la puerta, contemplaba, desde el umbral, la escena con rostro serio y sin palabras: su nieta, poseída por el espíritu maligno; su hijo, con la cara bañada en sudor; su nuera, blanca como la cera. Que la pequeña estaba completamente pasada de rosca, dijo por fin Minna, cosa nada extraña con tanto jaleo de árbol navideño. Árboles de Navidad por todas partes, dijo Daniel, y por eso la niña tenía fiebre y deliraba. La metieron en la cama, y Minna se sentó con ella y le acarició su cara ardiente y desesperada. Trató de consolarla 18 19 diciendo que había cosas más importantes que los árboles de Navidad, y que mañana encendería las velas de Janucá. Al día siguiente, Daniel acomodó a su hija en su regazo y la introdujo en el judaísmo. Le habló de un templo situado en el lejano Oriente que había sido destruido y de un pueblo dispersado por el mundo entero. Le habló de un Dios único que no tenía barba blanca ni mucho menos un hijo. Y que ése era su Dios. A Else le gustó más la historia del niño Jesús, y el Dios sin rostro ni familia tampoco fue de su agrado. Lo ocurrido abrió la primera grieta en la vida intacta de la pequeña Else, y si alguna cosa comprendió fue que ella, por extrañas razones, era distinta a los niños del jardín de infancia, y que por eso nunca volvería a tener un árbol de Navidad en su casa”.

Premio Itaú de Cuento Digital 2020

Las fundaciones Itaú de Argentina, Paraguay y Uruguay anunciaron la apertura de la décima edición del Premio Itaú de Cuento Digital.

Los participantes pueden inscribirse en la Categoría General (mayores de 18 años) o Sub-20 (estudiantes secundarios, de 13 a 20 años).

Deben tener nacionalidad o residencia en Argentina, Paraguay o Uruguay.

Recepción de obras: hasta el 25 de agosto de 2020 (Categoría General) y hasta el 8 de septiembre de 2020 (Sub-20).

Los cuentos pueden ser digitales o tradicionales.

Los participantes pueden presentar un solo cuento, de tema libre, original e inédito. Se aceptan obras colectivas.

  • Premios:

Categoría General: USD 2.000, USD 1.000 y USD 500 para los 3 primeros, y dispositivos electrónicos para los demás cuentos premiados.

Categoría Sub-20: el Primer Premio de Cuento Digital recibirá una cámara deportiva de alta resolución. Los demás cuentos premiados recibirán una tablet.

Todos los cuentos premiados se publicarán en una antología internacional. Al menos habrá un cuento representante de Argentina, Paraguay y Uruguay.

El/La docente de Argentina con mayor cantidad de obras preseleccionadas recibirá un celular de gama media.

La escuela de Argentina con más obras seleccionadas recibirá órdenes de compra para equipamiento multimedial. Si es pública, USD 1.500. Si es privada, USD 750, y otros USD 750 para una escuela pública.

  • Además de las menciones de cuento digital, cuento poético y cuento infantil otorgadas por Itaú, habrá menciones especiales otorgadas por instituciones que apoyan el premio, como UNESCO, ASHOKA y OEI.
  • Itaú otorgará la mención “El día después”, distinguiendo a un cuento por su trabajo en el tratamiento de temáticas que reflejen el sentimiento de comunidad en el contexto de la lucha contra el COVID-19.
  • Además de la antología internacional puede haber otras provinciales o nacionales.
  • Los participantes, docentes y escuelas de Argentina con cuentos seleccionados podrán solicitar un certificado digital.

·         Los resultados se van a dar a conocer en noviembre de 2020.

¿Cuándo sale el último libro de Montalbano?

Riccardino, la novela final de la larga serie del comisario Montalbano, que por voluntad del propio Andrea Camilleri se publicará en forma póstumo, llegará a las librerías italianas el próximo 17 de julio.

Camilleri, padre de la célebre y querida saga del comisario Montalbano, falleció el 17 de julio de 2019: la fecha de la publicación de parte de Sellerio, su tradicional editorial, es así un homenaje al escritor en el primer aniversario de su muerte.

El primer capítulo fue leído, en un extraordinario “preestreno”, el 17 de mayo en el Salón Internacional del Libro de Turín Extra (la versión virtual del evento). La lectura estuvo a cargo de Antonio Manzini, amigo, discípulo y de algún modo heredero de Camilleri.

Entre las sorpresas del libro se encuentra la confrontación-enfrentamiento entre Montalbano y su alter ego literario y televisivo: cuando llega al lugar de un homicidio (al que hubiera preferido no ir, sino enviar a Mimì Augello), encuentra a todos asomados, tanto que pariva la festa di San Calò. En el “diálogo aéreo entre los balcones”, alguien lo indica, lo reconoce. “Es el comisario Montalbano”. “¿Pero es el de la televisión?”, pregunta alguien. “No, el verdadero”, responde otro. Y a Montalbano le empiezan a firriare i cabasisi: todo había comenzado cuando le contó una de sus investigaciones a un “escritor local”, “un tal Camilleri”, una gran camurria d’uomo que había hecho una novela, pero “como en Italia leen cuatro gatos”, ese primer libro no había hecho ruido. Entonces había tomado de sus relatos otros policiales, en una “lengua bastarda” que había tenido un éxito enorme, también en el exterior, y habían sido llevadas a la televisión. “Ahora todos lo conocían y lo confundían con ese otro”, su doble pirandelliano, el actor que “no se le parecía y era 15 años más joven”.

La ironía, marca de fábrica del éxito planetario de Camilleri, surge de nuevo cuando Montalbano vuelve a la comisaría y Catarella le dice que lo llamó “il professore Cavilleri”. “Camilleri”, lo corrige el comisario, “dile que no estoy”.

Así empieza Riccardino, la última novela de Montalbano, publicada póstumamente a un año de la muerte de Camilleri.

 

Montalbano 1 y 2, el verdadero y el de la televisión

Apenas consiguió dormirse sonó el teléfono, o por lo menos eso le pareció, después de horas y horas dando vueltas en la cama. Lo había probado todo: desde contar ovejitas hasta contar sin ovejitas, desde tratar de recordar cómo empezaba el primer canto de la Ilíada hasta lo que Cicerón había escrito en el comienzo de la Catilinaria, pero todo en vano. Después del “quosque tandem, Catilina”, nada de nada. Era un insomnio sin remedio, porque no lo había provocado una comilona o una ola de malos pensamientos. Prendió la luz, miró el reloj: todavía no eran las cinco de la mañana. Seguro que lo llamaban de la comisaría, habría pasado algo gordo. Se levantó sin apuro para ir contestar. Tenía una toma de teléfono al lado en la mesa de luz, pero nunca había querido usarla porque estaba convencido de que esa pequeña caminata de una habitación a otra, en caso de llamada nocturna, le daba la posibilidad de sacarse los restos de sueño que se obstinaban en quedarse pegadas al cerebro.

“¿Hola?”

Más que ronca, parecía que la voz le había salido pegada con cola.

“Soy Riccardino”, dijo una voz que, al contrario de la suya, era vibrante y festiva.

Eso lo irritó. ¿Cómo carajo se hacía para ser vibrante y festivo a las cinco de la mañana? Y además había un detalle no menor: no conocía a ningún Riccardino. Abrió la boca para mandarlo a ese lugar, pero Riccardino no le dio tiempo.

“¿Pero cómo? ¿Te olvidaste de la reunión? Ya estamos todos acá, frente al bar Aurora, solo nos faltas tú. Está un poquito nublado, pero más tarde va a ser un día espléndido”.

“Espérenme. En diez minutos, como mucho un cuarto de hora, llego”, mintió Montalbano.

Y colgó, yendo a acostarse de nuevo. Está bien: había estado mal, tendría que haberle dicho a Riccardino que él no era la persona que esperaban, en cambio así frente al bar Aurora perderían media mañana sin que apareciera el amigo que faltaba. Por otro lado, para ser justos, a las cinco de la mañana uno no se puede equivocar de número, despertar a un extraño que no tiene nada que ver y librarse como si nada. Ahora el sueño estaba definitivamente perdido. Menos mal que Riccardino le había dicho que iba a ser un lindo día. Se consoló.

El segundo llamado llegó poco después de las seis.

“Perdón, comisario, ¿lo desperté?”

“No, Catarè, estaba despierto”

“¿Seguro seguro, comisario? ¿O me lo dice para darme el gusto?

“No, Catarè, no te preocupes. Dime”

“Comisario, Fazio acaba de llamar porque dijo que lo habían llamado a usted”

¿Y por qué me llamas a mí?

“Porque Fazio me dijo que lo llame”

“¿A mí?”

“No, comisario, a Fazio”.

A este ritmo nunca iba a entender nada. Colgó y llamó a Fazio al celular.

“¿Qué pasa?”

“Lamento molestarlo, comisario, pero le dispararon a alguien”

“¿Lo mataron?”

“Sí, comisario. Dos tiros en la cara. Sería bueno que venga”.

“¿Augello no está?

“Comisario, ¿se olvidó? Se fue al pueblo de los suegros, con la mujer y el nene”.

Y enseguida Montalbano pensó con amargura que lo que acababa de preguntar, es decir si Mimì Augello estaba de turno, era una señal de los tiempos, o mejor dicho del tiempo, en singular, el suyo, personal, los años que empezaban a pesarle: en otro momento hubiera hecho lo imposible para mantener a Mimì Augello lejos de una investigación, no por envidia o para dañarle la carrera, sino para no compartir con él el indescriptible placer de la caza solitaria. Ahora en cambio con ganas lo habría mandado en su lugar, le habría pasado la investigación.

Los libros verdes

Un relato – #DeMiBiblioteca

Hace más de 25 años que los libros fueron formando la biblioteca. Una de las bibliotecas, la primera, la más inclasificable. Fue el primer mueble de una casa que todavía estaba vacía: sólidamente cortada, cepillada, lustrada y amurada por Andronik, un carpintero ucraniano mudado a las pampas, sigue ahí firme y sólida como Atlas soportando el mundo. Exagero un poco, por supuesto, pero un poco de hipérbole viene bien de vez en cuando.

¿De cuántas formas se puede ordenar una biblioteca? Alguna vez intentamos el criterio geográfico-literario, obviando los cruces que nos ponían en jaque. Otras apelamos a la pragmática opción de tamaño: donde entren, donde haya un hueco para esos volúmenes indisciplinados que son más anchos que altos, o tan pesados que amenazan con derrumbar el equilibrio de algún estante. Hasta cedimos con el tiempo a la otrora denostada clasificación por colección o color: al fin y al cabo el tiempo pasa y la memoria visual ayuda.

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Pero todo resultó ser bastante en vano. Llegamos finalmente a completar la cuarta o quinta biblioteca de la casa y el paso de los años, acompañado del desfile de los libros, sus autores, sus idiomas, sus títulos y editoriales, se impuso sobre casi todo orden posible. Aquello de encontrar una aguja en un pajar se volvió fácil en comparación con encontrar un libro en la(s) biblioteca(s).

Así que un buen día decidimos, ya que no ordenar, al menos listar los libros de la biblioteca. Estante por estante fuimos desempolvando, de paso, libro por libro, recordando los que ya no sabíamos que teníamos, asombrándonos de otros, descubriendo los que habían ido a parar detrás de la primera línea, empujados al abismo del fondo del estante por otros lomos en busca de protagonismo. Así, estante por estante, llegamos a la colección verde.

La colección verde tiene nombre, en realidad. Son las Grandes Novelas de la Literatura Universal, publicadas bajo la dirección de Ricardo Baeza, editadas por W. M. Jackson Inc. Editores en Buenos Aires alrededor de 1946. En todo eso me fijé mucho después: cuando los leí -y ellos me llevaron desde La Cartuja de Parma a Crimen y Castigo, de Madame Bovary a Germinal, de La prima Bette a Pepita Jiménez– eran simplemente “los libros verdes”. Algo menos de 40 volúmenes que me acompañaron durante todos los años de adolescencia: uno tras otro, iba sacando los volúmenes y leyendo, generalmente sin saber mucho quiénes eran los autores, guiada solamente por la curiosidad del título ya que no por la diversidad de las tapas, todas iguales y de un verde botella uniforme con un grabado en relieve en la tapa que mostraba un libro. Y encima del libro, una suerte de lámpara de Aladino que al primer golpe de vista me parecía más un pollo muerto que una metáfora de la luz aportada por la literatura. Todo coronado por la leyenda Grandes Novelas de la Literatura Universal. No sabía quién era Ricardo Baeza, y solo hace poco leí que era un escritor español nacido en Cuba que se opuso a la dictadura de Franco y se exilió en la Argentina, donde trabajó siempre en el mundo editorial y, para Jackson en particular creó la colección de aquellos libros verdes que habrán decorado con elegancia numerosas bibliotecas porteñas a mediados del siglo XX. En todo caso, no los recuerdo nunca nuevos: la colección siempre fue vieja, de papel amarillo por el tiempo, como si tuvieran una respetable pátina de antigüedad para acompañar el peso de autores rotundamente consagrados.

Los libros verdes, entonces, estaban en la biblioteca de mi primera casa. Y habían llegado con mi papá, aunque lo único que recuerdo haberlo visto leer con entusiasmo fueron las historietas del Tío Rico, que compraba con la excusa de que nos divertían a los chicos y se leía de punta a punta en algunos raros ratos de distracción y descanso.

Jackson3Las novelas de Jackson, en cambio, no se las vi jamás entre las manos. Solo un día tuve la curiosidad de preguntarle por qué las tenía: supe así que aquella colección fue lo primero que compró cuando tuvo algo de dinero, al llegar a Buenos Aires, en 1949. Venía de Italia, donde había embarcado hacia Sudamérica desde Nápoles. Había ido a la escuela hasta los 13 años; a los 14 ya era minero en el Tirol: el más joven de su grupo, y también el que más tiempo resistió esa vida durísima de túneles y piquetas. Llegó a Buenos Aires a los 16 años, a la casa de un tío que casi no conocía, y empezó a trabajar enseguida en una fábrica de tinturas cerca del Abasto. Las últimas liras las había gastado en el puerto de Santos, en Brasil, la última escala antes de Buenos Aires: “Llovía a cántaros”, decía solamente de su escala brasileña después de una travesía extenuante. Con el primer sueldo de ese trabajo no menos extenuante -se dormía parado revolviendo durante horas las calderas con tinturas- compró las novelas de Jackson, que estuvieron durante años en su cuarto de soltero en la casa de su tío. “Pensaba que así iba a aprender mejor el castellano”, me dijo. Y lo aprendió, sí, pero no con los libros: vencido por las dificultades de una lengua aún esquiva, por las intrigas dificultosas de héroes y heroínas de nombres extraños -la “literatura universal” era exclusivamente francesa, española, inglesa y alemana sin ningún italiano a la vista- los libros quedaron en el estante y el castellano lo aprendió un poco en la casa y mucho en la calle. Pero la colección se mudó con él a su primer departamento de casado, siguió algunos años después a la casa donde los leí uno por uno, en incontables tardes de invierno que la memoria funde en una sola y, cuando llegó la hora de formar mi primera propia biblioteca, los dejó ir conmigo sabiendo que estarían bien cuidados. Y allí están todavía, erguidos y orgullosos con sus más de 70 años a cuestas, como esperando volver a encontrarse con ojos que los lean y, otra vez, los quieran.

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“El nombre de la rosa”, 40 años después

En noviembre de 2015, Umberto Eco y un grupo de personalidades importantes de Bompiani se independizaron de la casa editora antes de que entrara a formar parte del Grupo Mondadori. Fundaron así una nueva editorial, La nave di Teseo, que ahora empieza a recuperar el catálogo del propio Eco (fallecido en 2016). Y lo hace a lo grande, con la reedición -40 años después de su primera impresión en 1980- de la novela Il nome della rosa (El nombre de la rosa), la obra con la que Umberto Eco pasó de ser un semiólogo y académico respetado en los claustros universitarios de todo el mundo al autor de un auténtico best-seller. Pero no cualquier best-seller: El nombre de la rosa es una misteriosa intriga ambientada en una biblioteca medieval, a la sombra del bibliotecario Jorge de Burgos (cualquier parecido con Jorge Luis Borges no es mera coincidencia), cuyo protagonista -el fraile-detective Guillermo de Baskerville- investiga una serie de crímenes cometidos en una abadía del norte de Italia. 

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Ahora El nombre de la rosa vuelve, en una edición que  incluye por primera vez los dibujos y apuntes preparatorios de Umberto Eco mientras imaginaba los meandros literarios de su primera y exitosa novela. La obra tuvo un destino de premios -ganó el Strega en 1981 y el Médicis en 1982- y se tradujo a decenas de idiomas. A lo largo de los años vendió más de 50 millones de ejemplares, una cifra prácticamente sin precedentes para una mole literaria que logró combinar con maestría la intriga y la erudición. Como no podía ser de otra manera, El nombre de la rosa pasó al cine -con Sean Connery como Guillermo de Baskerville- y a la televisión, con una última versión en formato de serie de ocho capítulos que se estrenó en Italia en 2019.

Pero ahora la nueva edición permite descubrir en su inédito apéndice objetos, ambiente, trajes y personajes de ese “mundo amueblado hasta en sus más mínimos detalles” que “es necesario construirse antes que nada para contar”, según decía el propio Umberto Eco. Así lo evoca Mario Andreose, autor de la nota crítica y presidente de la editorial, además de haber sido uno de sus fundadores junto con el propio Eco y la editora Elisabetta Sgarbi.

“La edición con los dibujos preparatorios “da cuenta del pensamiento y el estudio que hay tras la construcción de una gran novela”, explicó Sgarbi. “El nombre de la rosa sigue siendo un libro leído y amado, con números extraordinarios, si se piensa que tiene 40 años. Es un libro revolucionario, que cambió la idea de la novela. Y también hoy sigue siendo un ejemplo no superado de alto y bajo, en el sentido de que una cultura sin límites se disuelve en una narración convincente, en un thriller”, agregó la editora.

“Antes de escribir El nombre de la rosa, Umberto Eco había planteado varios bocetos. Se imaginaba los personajes, cómo hubiera sido la Abadía, la biblioteca. Él llamaba a ese proceso la ‘decoración antes de la escritura’. Es una documentación visual de su modo de trabajar. Este puñado de dibujos que quedaron en su cajón se hicieron presumiblemente entre 1976-77. En 1978 comenzó a escribir El nombre de la rosa y en 1980 lo publicó”, explicó Andreose a la prensa italiana.

 “¿Y qué nos cuenta o, mejor, nos anticipa de este modo el material visual aquí reproducido? Sobre todo la identidad, la fisonomía de los principales protagonistas, con el típico trazo veloz, agudo del autor, que justificará su invención ‘para saber qué palabras ponerles en la boca. Además perfiles y plantas de abadías, castillos, laberintos, surgidos de la mente de un autodenominado ‘medievalista en hibernación’, que entretanto se ocupó también de otras cosas”, subraya Andreose en la nota crítica que acompaña la obra.

Después de El nombre de la rosa, obras obras de Eco entrarán al catálogo de La nave de Teseo, empezando por Baudolino y El cementerio de Praga.

“Hay una mina con sus escritos ocasionales, como él los llamaba, que son los del trabajo de periodista, ensayista, conferencista. En estos cuatro años conservamos y relanzamos su memoria con la reedición de libros ya editados y propuestas que vienen de su inagotable herencia”, observó Andreose, aunque en su opinión se excluye que “haya inéditos de narrativa. Su pensamiento es de una actualidad extrema. Entre los libros que vamos a reimprimir está Cómo construir el enemigo, que habla de la política de hallar consenso a través de la construcción de un enemigo”, explicó el editor.