Jonathan Franzen: ¿privacidad electrónica o protección de datos?

… De un modo semejante, el problema de la seguridad online concierne sobre todo a los detalles. Lo que los activistas norteamericanos llaman “privacidad electrónica” sus contrapartes europeos lo llaman “protección de datos”. Nuestro término es emocionante; el de ellos es preciso. Si alguien está por robar tu número de American Express y la fecha de vencimiento, o si un exnovio malvado está buscando tu nueva dirección, necesitas el tipo de secreto que busca garantizar el encriptado. Si estás hablando con un amigo por teléfono, sin embargo, solo necesitas una sensación de privacidad (…). Del mismo modo en que la mayoría de la gente le teme moderadamente a los gérmenes, pero le deja la virología a los Centers for Disease Control, la mayoría de los norteamericanos tienen un razonable interés en la seguridad pero dejan el trabajo de cuidado serio a los expertos. Nuestro problema ahora es que los custodios empezaron a hablar con un lenguaje de pánico y a tratar a la privacidad no como un valor entre otros, sino como un valor que triunfa sobre todos los demás. Powers define “lo privado” como “la parte de la vida que no queda registrada” y ve en los rastros digitales que dejamos sobre las cosas a las que nos acercamos una aproximación a “ese momento en que cada día de vida de una persona se volverá como un día en la vida de Leopold Bloom, registrado en detalles completos y reproducibles con algunos hábiles golpes sobre el teclado”. Asusta, por supuesto, pensar que el misterio de nuestras identidades puede ser reductible a una secuencia finita de datos. Que Powers pueda seriamente comparar un fraude con una tarjeta y escuchas telefónicas a la termoincineración nuclear, sin embargo, habla sobre todo del contagioso pánico relativo a la privacidad. ¿Dónde está dicho, al fin y al cabo, lo que Powers o cualquier otra persona está pensando, soñando, o aquello de lo que se está avergonzando? Un Ulises digital compuesto únicamente de una lista de las compras de sus héroes y de otras transacciones comprobables ocuparía, a lo sumo, cuatro páginas: ¿No había ciertamente algo más en la jornada de Bloom?

(Jonathan Franzen, Cómo estar solo. Seix Barral)

La inconcebible abstracción

El argentino, a diferencia de los americanos del Norte y de casi todos los europeos, no se identifica con el Estado. Ello puede atribuirse a la circunstancia de que, en este país, los gobiernos suelen ser pésimos o al hecho general de que el Estado es una inconcebible abstracción*. Lo cierto es que el argentino es un individuo , no un ciudadano.

* El Estado es impersonal: el argentino solo concibe una relación personal. Por eso, para él, robar dinero público no es un crimen. Compruebo un hecho, no lo justifico o excuso.

Jorge Luis Borges, Otras inquisiciones. 

David Lodge: del escritor y la computadora, e-mail e Internet

Quite a Good Time to Be Born es el libro autobiográfico del escritor y literato inglés David Lodge, aquel de Terapia y La caída del Museo Británico.  En el prólogo, Lodge reflexiona sobre los cambios vividos por un narrador de su tiempo.

En el mismo período (NDR: se refiere a los años 60) hubo varios desarrollos tecnológicos que transformaron la vida social y cultural, como el acceso ubicuo a la televisión, los viajes accesibles en avión, la píldora anticonceptiva y el microchip.

Esta última invención, que permitió la invención de la computadora personal, la laptop, Internet, el e-mail, los teléfonos móviles y los e-books, tuvo un efecto poderoso pero ambivalente en la producción literaria. Estas herramientas indudablemente facilitaron la tarea del escritor. La información que en el pasado solo podía hallarse después de horas o días de búsqueda en las librerías ahora puede obtenerse en segundos, oprimiendo algunas teclas, y los programas de procesamiento de texto hicieron de la revisión -que está en el verdadero corazón de la composición literaria- una tarea sin esfuerzo físico. Por otro lado, los mismos desarrollos ahora amenazan con disolver la conexión entre escribir como profesión y el libro como un commodity mecánicamente reproducible que existió desde la invención de la imprenta, y con volver obsoleto el sistema interconectado de editores, agentes, imprenteros, librerías y leyes de copyright que durante más de un siglo proveyeron un marco relativamente firme en el que los escritores desrrollaron su vocación y ganaron gracias a ella. Fui afortunado, creo, por haber pasado la mayor parte de mi carrera como escritor en ese entorno más estable.

(David Lodge. Quite a Good Time to Be Born, A Memoir: 1935-1975).

 

Inofensivo… o no tanto (Kertész)

Existe un ser del todo inofensivo cuando se te presenta a la vista, hasta el punto de que apenas notas su presencia y enseguida lo olvidas. Pero si de alguna manera acaba anidando en tu oído, empezará a evolucionar y saldrá del cascarón, por así decirlo, y he conocido casos en que se adentraba incluso en el cerebro y se expandía y se propagaba como los neumococos que penetran por la nariz del perro.
Un ser de este tipo es el vecino.

Imre Kertész. Fiasco. Narrativa del Acantilado

Adriano y la mentira

adriano

“Una de las mejores formas de recrear el pensamiento de un hombre: reconstruir su biblioteca. Si decidí escribir estas Memorias de Adriano en primera persona, fue para evitar en lo posible cualquier intermediario, inclusive yo misma. Adriano podía hablar de su vida con más firmeza y sutileza que yo.

El hombre más apasionado por la verdad, o al menos por la exactitud, es por lo común el más capaz de darse cuenta, como Pilatos, de que la verdad no es pura […]. En ocasiones, no a menudo, me asaltaba la impresión de que el emperador mentía. Y entonces tenía que dejarle mentir, como hacemos todos”.

Marguerite Yourcenar. Cuaderno de notas a las Memorias de Adriano.