Carmen Pérez Vanzzini y Lucía Ayerbe Rant son las creadoras de un libro que invita a soltar el celular, abrir la mesa familiar y volver al gesto creativo compartido. “Conectate” no es solo una propuesta artística: es una experiencia para todas las edades.
Las creadoras
Carmen Lucía Pérez Vanzzini nació en México y se radicó en Argentina hace 18 años. Estudió Psicología y es madre de dos niñas que la impulsaron a crear MACAE, un proyecto de arte y juego donde preservar la infancia eterna es un derecho. Para ella, el arte es un lenguaje que tiende puentes hacia lo esencial de la vida.
Lucía Ayerbe Rant, artista textil argentina y eslovena, estudió Arquitectura, disciplina que modeló su forma de pensar y trabajar. Cree que la creatividad es inherente a nuestra humanidad: solo hay que despertarla o darle un empujón. Hoy escribe, borda y teje historias desde su taller en Buenos Aires —o desde cualquier lugar del mundo.
El diseño de Conectate estuvo a cargo de Andrés Montibeller Icaza, artista multidisciplinario mexicano, licenciado en Diseño de Interiores y Paisajismo por la Universidad Autónoma de Guadalajara. Director de arte, productor teatral y diseñador gráfico autodidacta, dirige el estudio itinerante ESTUDIO ANM y reparte su vida entre Ciudad de México, Madrid y Latinoamérica. Para él, el arte es una forma de vida.

“Esto tiene que salir al mundo”
¿Cómo nace la idea de hacer un libro de arte juntas?
Lucía: Nos conocimos en 2024, cuando yo empecé a darle clases a Carmen y armamos un taller juntas. Siempre comenzábamos con una propuesta breve ligada a un artista o a un movimiento: un disparador, una entrada en calor. Después seguíamos con el resto de la clase.
Lo que me sorprendía era que Carmen reproducía esas actividades en su casa, con sus hijas y con su marido. Al mismo tiempo, yo estaba haciendo un curso de autopublicación. Cuando estás estudiando algo, las ideas están a flor de piel. Y así empezó a tomar forma la idea de un libro.
Carmen: Antes o después de cenar yo les decía: “Hoy traigo esta actividad”. Las chicas se prendían enseguida. Y José, mi marido —que es ingeniero, más estructurado— al principio dudaba… pero después era el más entusiasmado. Me preguntaba: “¿Ahora qué trajiste?”. Se metía de lleno, súper conectado consigo mismo, y hacía cosas que hasta las chicas admiraban.
Yo le contaba todo esto a Lucía y un día dijimos: “Esto tiene que salir al mundo”. Estas actividades tenían que convertirse en un libro, salir del taller.
Lucía: Armé un primer plan. Al principio era apenas una página en blanco con algunas palabras. Le faltaba vida.
Carmen: La idea inicial era hacer un libro infantil de arte, con varios artistas. Pero yo le propuse a Lucía: “Hagámoslo para todas las edades”. Yo apuesto mucho a la infancia infinita. La dimensión lúdica es para niños, adultos y ancianos. Y a Lucía le gustó la idea.

Una conversación infinita entre artistas
¿Cómo llegaron a la selección de artistas?
Lucía: Fue bastante intuitivo. Elegimos artistas que nos gustan, pero también buscamos representación de Argentina y México, incluir mujeres y hombres, referentes clásicos como Picasso —que todo el mundo conoce— y también “joyitas” menos difundidas. Habíamos hecho una lista de treinta y la redujimos a veinte.
¿Y el título?
Carmen: Un día le dije: “Ya tengo el título: Conectate”. Yo lo digo en mexicano, con acento en la primera “e”. Es un libro para conectarte contigo, con tus amigos, con quien estés. Y si estás solo, es una conexión con vos mismo.
Lucía: Además, los artistas del libro están conectados entre sí. Algunos fueron maestros o discípulos; otros, rivales-amigos, como Matisse y Picasso. A veces la conexión surge de un regalo, de una influencia, de un cruce histórico. Eso resignificó el título y terminó de cerrar el círculo: el arte es una conversación infinita de la que todos somos parte.
Probar, ajustar, compartir
¿Cómo fue el proceso de armado?
Carmen: Cuando ya teníamos artistas y actividades, pensamos: “Probémoslas con personas que no conozcamos”. Queríamos medir la experiencia real. El colegio al que van mis hijas —del que Lucía es exalumna— nos abrió las puertas.
Probamos las actividades desde Kinder hasta Secundaria. Era impresionante: los adolescentes empezaban algo reacios y después no querían que terminara la clase. Eso nos confirmó que el proyecto tenía valor.
Lucía: También lo probamos con adultos: amigas, vecinos, familia. No queríamos un libro de texto. Por eso la información sobre cada artista es sintética, clara y fiel, pero pensada para cualquier lector. Incluimos un glosario con términos técnicos, para acompañar sin subestimar.

El diseño como experiencia
Lucía: Queríamos dinamismo. Cada artista ocupa dos páginas: una minibiografía con una frase icónica, fechas, y del otro lado la actividad con materiales simples, instrucciones y variantes. También sumamos una experiencia y un dato curioso.
Carmen: El gran desafío era que el libro fuera transversal en edades. Que no quedara encasillado como “infantil”, pero que también resultara atractivo para un niño.
Lucía: Andrés (Montibeller Icaza) entendió eso desde el primer momento. Otro reto era recrear el universo de cada artista sin incluir fotos de sus obras. Queríamos representarlos sin reproducirlos. Y el diseño logró ese equilibrio.

“Que la gente suelte el celular”
¿Qué expectativas tienen ahora?
Carmen: Que la gente suelte el celular y se conecte.
Lucía: Que llegue a muchas personas: familias, aulas, talleres. Más que el libro en sí, nos importa la propuesta. Ya tenemos casi lista la versión digital, porque amplía posibilidades.
Recibir fotos de una abuela y su nieta haciendo una actividad juntas me emociona. Pienso en cómo empezó todo: Carmen y yo, en casa, probando un ejercicio. Y de repente alguien que no conocemos lo está haciendo en otro lugar. Eso reafirma el sentido.

El artista 21
¿Hay nuevos proyectos?
Lucía: Muchos. El arte es infinito. Pero vamos paso a paso.
Después de los veinte artistas, el libro incluye un espacio para el artista 21: una página en blanco con la misma estructura, para que cada lector incorpore a su propio referente.
Carmen: Surgió por una anécdota con mis hijas. Una me dijo: “Ya sé qué artista te falta, mamá: Raquel, mi maestra de cerámica”.
Entonces decidimos dejar ese espacio abierto. Puede ser tu artista favorito, alguien cercano, o vos mismo. El libro no se cierra: se completa.






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