Hoja por Hoja

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Donde el olfato encuentra las palabras

Florencia Agrasar Avatar

Bioquímica, farmacéutica, perfumista y escritora, Cecilia Illa creó “Palabras Sensoriales”, una experiencia que combina aromas, escritura y exploración interior. En diálogo con Hoja por Hoja, reflexiona sobre el vínculo entre ciencia y arte, explica por qué el olfato puede abrir caminos inesperados hacia la creación y cuenta cómo nació un proyecto que invita a descubrir la propia voz a través de los sentidos.

Una exploradora entre la ciencia y el arte

FA: Antes de hablar de Palabras Sensoriales, me gustaría que nos contaras quién sos. Tu recorrido ayuda a comprender cómo nació este proyecto.

CI: Después de muchos años transitando entre la ciencia y el arte, hoy me definiría como una exploradora. No una tradicional, sino una exploradora de lo creativo. Lo que disfruto especialmente es compartir lo que descubro con otros porque recién en ese momento siento que la aventura se completa.

La aventura se completa cuando entra en contacto con los demás

Cecilia Illa, creadora del taller “Palabras sensoriales: el olfato, los aromas y la biblioteca interior”

FA: Tu formación es muy particular. ¿Cómo llegaste al mundo de los perfumes?

CI: Empecé por las ciencias, impulsada por una pregunta que todavía me acompaña: ¿qué es lo que hace que estemos vivos?

Quería comprender qué sostiene la vida, cuál es esa inteligencia que anima la materia. Por eso estudié Bioquímica y Farmacia. Sin embargo, en algún momento volvió a aparecer una inquietud que en realidad nunca se había ido: la escritura.

Empecé a participar en talleres de lectura y escritura y luego hice una formación en Casa de Letras. Desde entonces no dejé de escribir.

FA: Ahí empezaron a unirse esos dos mundos.

CI: Exactamente. Durante un tiempo pensé que tenía que elegir entre uno y otro, pero después entendí que no había ninguna contradicción. Lo que siempre me movió fue la misma búsqueda. La curiosidad por lo que todavía no conozco.

Cuando era chica, lo que más me fascinaba de las novelas no era el lugar donde transcurrían las historias sino aquello que impulsaba a los personajes a emprender un viaje. Ese fuego interior que todos compartimos y que en cada persona toma una forma única.

Con el tiempo descubrí que la creatividad consiste justamente en salir a buscar ese fuego.

La creatividad es la búsqueda de ese fuego interior que todavía no conocemos

FA: ¿Cómo nació entonces Palabras Sensoriales?

CI: Surgió de una intuición muy personal. Siempre sentí que para crear algo primero tenía que modificar mi manera de percibir el mundo.

Nunca trabajé únicamente con la escritura. También hago collages, utilizo imágenes y otros lenguajes. El olfato apareció porque es un sentido que fui desarrollando desde dos lugares distintos: la ciencia y el arte.

Estudié perfumería y, gracias a mi formación farmacéutica, aprendí cómo se construye técnicamente una fragancia. Pero antes de eso trabajé en hospitales, empresas, droguerías y también desarrollé emprendimientos propios.

Uno de ellos fue un juego didáctico para que los chicos pudieran elaborar sus propios perfumes. Lo diseñé y llegó a venderse durante varios años en jugueterías.

Hoy, mirando hacia atrás, entiendo que allí ya estaban presentes muchas de las ideas que después dieron origen a Palabras Sensoriales: la ciencia, la imaginación y el juego, conviviendo en una misma experiencia.

Con el tiempo empecé a pensar que ese recorrido personal podía convertirse en una herramienta para otros.

“La creatividad es animarse a entrar en un territorio desconocido. Y ese viaje siempre tiene que ver con la búsqueda de la propia identidad.”

El olfato como puerta de entrada a la creatividad

FA: ¿En qué consiste Palabras Sensoriales? ¿Cómo es la experiencia de un taller?

CI: Son talleres de escritura creativa; para mí, la escritura es una de las formas más poderosas del acto creativo.

Cuando escribimos, una idea fugaz encuentra un cuerpo. Un pensamiento, una emoción o una intuición adquieren existencia. Después cada persona podrá expresarse a través de otros lenguajes —la música, las artes visuales, el movimiento—, pero la escritura es mi manera de explorar el mundo y de compartir esa exploración.

Lo que propongo en los talleres es abrir un espacio para que cada participante pueda descubrir una forma diferente de percibir. Trabajamos con aromas; esa exploración puede dar origen a un cuento, un poema, una reflexión o incluso a una idea para otra disciplina artística.

Lo importante no es el género ni el resultado final.

“Lo verdaderamente importante es animarse a llegar a ese lugar desconocido que todos llevamos dentro”.

¿Por qué el olfato?

FA: El olfato ocupa un lugar central en la propuesta. ¿Qué tiene este sentido que lo vuelve tan especial para la creación?

CI: Desde el punto de vista biológico, el olfato es nuestro sentido más primitivo. La información que recibe no pasa primero por las zonas racionales del cerebro, sino por el sistema límbico, donde se procesan las emociones y la memoria.

Eso genera un instante muy particular: hay un pequeño intervalo entre la percepción y la interpretación racional. Es un momento breve, pero muy valioso, porque todavía no aparecen las explicaciones automáticas.

“El olfato es el sentido más primitivo, la información que recibe pasa primero por el sistema límbico, donde se procesan las emociones y la memoria”

Por eso invito a los participantes a cerrar los ojos. Al disminuir los estímulos visuales, resulta más fácil concentrarse en la propia experiencia y dejar que el aroma encuentre sus primeras asociaciones antes de que intervenga la razón.

Con el tiempo, incluso hacen falta menos consignas. A veces basta un aroma, una palabra y unos minutos de silencio para que empiece un viaje.

Y ese viaje no siempre es hacia afuera, muchas veces es hacia uno mismo.

Una biblioteca interior

FA: El subtítulo de la experiencia es “El olfato, los aromas y la biblioteca interior”. ¿Qué significa esa idea?

CI: Me gusta pensar que todos llevamos una biblioteca interior, formada por recuerdos, emociones, imágenes y experiencias que muchas veces permanecen dormidas.

Los aromas tienen la capacidad de despertar ese material inconsciente y ponerlo al servicio del acto creativo.

La experiencia comienza en un clima de calma: música suave, silencio, ojos cerrados. No es una meditación, pero sí un estado de atención diferente, de disponibilidad.

A partir de allí los participantes recorren una selección de aceites esenciales naturales especialmente elegidos. Cada uno provoca estados distintos: algunos favorecen la introspección; otros despiertan la atención o la energía, otros pueden generar rechazo.

Al mismo tiempo, el recorrido permite descubrir cómo se construye una fragancia, con sus notas altas, medias y bajas, y cómo esas capas también pueden pensarse simbólicamente: aquello que primero aparece, aquello que permanece y aquello que sostiene toda la composición.

Después de ese primer contacto espontáneo con los aromas, comienza una segunda etapa.

CI: Volvemos a recorrer las mismas esencias, pero ahora a través de consignas de escritura.Cada una nace de muchos años de trabajo con distintas disciplinas: farmacología, aromaterapia, biología vegetal, perfumería y también de mi propia experiencia como escritora.

Cada aceite esencial posee una identidad, una manera particular de dialogar con quien lo percibe, y las consignas buscan acompañar ese encuentro.

No pretenden explicar el aroma, sino abrir posibilidades.

Al finalizar, cada participante elige las fragancias con las que más conectó. A partir de esas elecciones preparo un perfume único y personal que se llevan consigo, junto con todos los textos producidos durante el taller.

Ese perfume queda como una memoria de la experiencia, una invitación a volver, cuando quieran, a ese estado creativo.

La mayor sorpresa

FA: ¿Qué es lo que más te conmueve de esos encuentros?

CI: Sin duda, las devoluciones de quienes participan.

Muchas personas llegan convencidas de que no pueden escribir. Sin embargo, al terminar el taller descubren páginas enteras que no imaginaban posibles.

Lo que más me emociona no es que escriban “bien”. Es la sorpresa que sienten frente a algo que desconocían de sí mismas.

“A veces descubren una voz que siempre estuvo ahí y nunca habían escuchado”

FA: Además de coordinar Palabras Sensoriales, vos también escribís. ¿Cómo convive esa faceta con todo lo demás?

CI: La escritura siempre estuvo presente en mi vida.

En este momento estoy trabajando en la corrección de una novela, mientras reviso otras dos que también están terminadas y esperando encontrar su camino.

Escribo ficción, poesía, textos breves. Mi formación como escritora no fue académica; fue un recorrido muy intuitivo, hecho de lecturas, talleres y muchas horas de escritura.

Durante un tiempo estuve profundamente atravesada por la obra de Clarice Lispector. Escribí un ensayo sobre uno de sus cuentos y uno de mis relatos, Santa Rosa, dialoga con Amor, uno de sus textos más conocidos. Santa Rosa fue finalista del premio Itaú y fue publicado en la revista “Temporales”, del Posgrado de Escritura y Creatividad de la Universidad de Nueva York

También tengo muchos escritos breves que voy reuniendo con la idea de publicarlos en una web.

“Escribo porque es otra manera de seguir explorando.”

La ciencia también imagina

FA: Da la impresión de que, en tu caso, la ciencia y la literatura nunca dejaron de dialogar.

CI: Nunca. De hecho, la ciencia aparece constantemente en lo que escribo.

La última novela que terminé tiene como eje un viaje en el tiempo. Me interesa imaginar futuros posibles, pensar qué ocurre cuando el conocimiento científico y la ficción empiezan a mezclarse.

Supongo que también tiene que ver con mi infancia. Soy de 1964 y crecí viendo Los Supersónicos y Los Picapiedras. Tenía, al mismo tiempo, la prehistoria y el futuro. Creo que esas imágenes quedaron trabajando en algún lugar de mi imaginación.

Al final, todo vuelve a encontrarse.

La creatividad como forma de conocerse

Antes de terminar la conversación, le pregunté qué espera que las personas se lleven después de participar en Palabras Sensoriales. Cecilia no habló de técnicas de escritura, ni de perfumes, ni de inspiración. Habló, otra vez, de búsqueda. De animarse a entrar en un territorio desconocido. De escuchar aquello que todavía no tiene nombre.

Quizá por eso quienes participan suelen irse con un perfume y con un puñado de páginas escritas, pero también con algo más difícil de explicar: la sensación de haber descubierto una voz que ya estaba allí, esperando ser escuchada.


Para saber más

Palabras Sensoriales: el olfato, los aromas y la biblioteca interior

📩 palabras.sensoriales@gmail.com

Instagram: @ceciliailla_


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