Paula Fernández, experta en Estudios Orientales, prensa y RRPP, armó un recorrido literario por Inglaterra para visitar ciudades, mansiones y casas museo ligadas a Jane Austen y otras autoras. Aquí cuenta su experiencia, con la planificación, tours, trenes, horarios y trucos para animarse a viajar sola (o en pareja) y volver con un álbum de fotos “como si vivieras en el siglo XIX”.
Fan de la literatura inglesa clásica femenina, Paula Fernández se regaló un recorrido por Inglaterra para meterse (literalmente) en el universo de Jane Austen: Bath, té de la tarde con vestido de época, mansiones elegidas para recrear Pemberley en las adaptaciones de Orgullo y prejuicio, visitas a las Brontë y hasta un hallazgo inesperado en Manchester.
¿De dónde viene tu vínculo con Jane Austen y la literatura inglesa?
Soy muy fan de la literatura inglesa clásica femenina: Jane Austen, las hermanas Brontë, y también algunas autoras menos nombradas. Es curioso porque yo entré “al revés” de como entra mucha gente: primero vi películas y series —las industrias culturales— y eso me llevó a enamorarme del mundo; después leí los libros. Con el tiempo se complementa: empezás a comparar adaptaciones, a notar qué se queda más con el libro, qué se aleja, qué te gusta de cada versión.
¿Cómo pensaste la ruta inicial?
La primera semana la armé para recorrer por lugares de Inglaterra que me conectaran con autoras y escenarios. Aterricé y me tomé un tren directo a Bath. Londres era apenas un paso logístico; el corazón del viaje empezó en Bath, porque la ciudad funciona como un centro de acopio de todo lo relacionado con Jane Austen. Está el Jane Austen Centre, un espacio de divulgación sobre su obra y su vida, y además una casa de té. Ya con eso sentí que tenía el primer gran punto del itinerario.
¿Qué hiciste apenas llegaste?
Lo primero fue el Jane Austen Centre, que yo ya tenía planificado con entrada. Después armé un circuito por espacios que son muy visitables y al aire libre, como Royal Crescent y The Circus. Más allá de Jane, la ciudad te explica su propia historia y su arquitectura —con raíces romanas y una identidad visual muy particular—, y además esos lugares aparecen como locaciones o inspiración para adaptaciones.
¿Te sorprendió algo que aprendiste sobre Austen en Bath?
Sí: yo sabía que ella estuvo un tiempo en Bath (más o menos entre 1801 y 1806, con idas y vueltas), pero me intrigaba algo: ella retrata la vida social de Bath en sus libros, con personajes que circulan por ese mundo, y sin embargo a ella Bath no le gustaba tanto. Bath lo sabe, y eso también es parte del relato: la ciudad sostiene esa tensión entre “qué hermoso Bath” y “esta gente me cae bastante mal”. Jane era más bien de la campiña inglesa, de otro ritmo, pero inserta Bath en sus obras con una crítica audaz y muy divertida.
¿Visitaste lugares específicos ligados a su vida allí?
Sí. Fui a una de las casas donde residió y el centro tiene un microcine con un video breve que recrea hábitos de Jane en Bath. Ahí me enteré de algo que no tenía en el radar: que ella recorría Sydney Gardens. Cuando lo busqué, vi que estaba enfrente de esa casa. Fue un momento hermoso: cruzar al parque y caminar como si hicieras un recorrido que ella misma había hecho. Además, en el parque hay un monumento con citas y figuras de la literatura inglesa: Jane está incluida, y eso suma al paseo.
El traje de época, el té y “Paula sola vestida de regencia”
¿Cómo apareció la idea de vestirte de época?
Investigando en Bath di con una agencia local que ofrecía un paquete: alquiler de vestimenta de época (estilo regencia) y tarde de té en un hotel muy importante de la ciudad. Además, el paquete te dejaba quedarte con la vestimenta durante todo el tiempo que estuvieras en Bath, usarla para salir, pasear, sacarte fotos. Me pareció divertidísimo.
¿Te lo tomaste como un “autorregalo”?
Totalmente. Este año cumplí 40, y dije: “De regalo de 40, autorregalo: lo hago con vestimenta tradicional”. Encima yo viajaba a comienzos de septiembre, un poco antes del Jane Austen Festival (que es más hacia mediados de septiembre). Entonces no era la época en la que “todo el mundo anda vestido”. El resultado fue: Paula sola vestida como de la época de Austen por la ciudad. Y eso generó algo muy gracioso: la gente me sacaba fotos, porque fuera del festival no es común ver a alguien así caminando por Bath.
¿Cómo fue el proceso del traje?
Me pareció muy prolijo. Te mandan un formulario larguísimo con medidas (detalladas), y yo le tuve que pedir ayuda a mi marido para medir ciertas cosas. También te preguntan colores favoritos para evitar lo que no te gusta. Yo soy fan del violeta, así que terminé con un traje violeta completo.
¿Cómo reaccionaba la gente?
En general, súper buena onda. No es que yo iba mirando directo a cada cara, pero veía el “codazo” típico de “che, mirá”. En el Jane Austen Centre la gente que trabaja ahí sí está caracterizada, entonces ahí encajaba perfecto. De hecho una chica me miró de arriba abajo y me preguntó si lo había alquilado en un lugar específico: se notaba la calidad y ella lo identificó.
¿Era cómodo? ¿Qué pasa con el clima inglés?
Yo me sentí muy cómoda. Lo que sí: Inglaterra es “llueve y sale el sol” todo el tiempo. En Bath no fue la excepción. Yo iba con paraguas en una mochilita. Para correr, cuando te agarra lluvia de golpe, es un poco más difícil porque se te pega entre las piernas y además el calzado no te lo proveen. Pero con temperatura amigable, la pasé espectacular.
¿Aprovechaste el traje para fotos “de época”?
Sí, muchísimo. Bath es preciosa y, cuando fui, no estaba tan concurrida: eso la volvió un fondo ideal. Y además aproveché lugares específicos, como la casa museo en Royal Crescent. Entré media hora antes de que cerrara, con el vestido encima, esquivando lluvia… y el museo estaba vacío. Eso me dio libertad para visitar y también para hacer poses, fotos y videos como si yo viviera ahí. Me llevé un portacelular chiquitito, de los más simples, y con eso hice mucho material.
¿Estabas cómoda así en la calle?
Sí, porque el entorno acompaña. Y además hubo gente que se ofrecía a ayudarme: si veían que yo intentaba sacar una foto y no me gustaba, se ofrecían a sacármela. Otros me pedían: “¿me puedo sacar una foto con vos?”. Fue una experiencia muy divertida.
¿Cuántos días estuviste en Bath?
Tres días. El traje lo usé dos, y me dio pena no usarlo más: si me quedaba una semana, podía tenerlo toda la semana sin problema. El servicio también fue muy cómodo: te lo entregan en un punto acordado (en mi caso lo retiré y devolví en el hotel donde fue el té).
Manchester como base para “las casas de Darcy”
¿Por qué elegiste Manchester como siguiente parada?
Porque desde Manchester podía hacer base para visitar lugares vinculados a adaptaciones de Jane Austen y también a las Brontë. Me quedé cuatro noches y tres días los usé para tours por los alrededores. Manchester la conocí al final, con un walking tour, y me gustó mucho, pero mi objetivo principal era “los alrededores literarios”.
¿Sos de planificar o de improvisar?
Soy de planificar. No me gusta viajar en incertidumbre. Yo no quiero “caer” a ver si hay entradas porque quizá no vuelvo nunca más. Entonces compré tickets, armé días, horarios, trenes, todo. Me moví con tren en toda esa etapa. Y aunque los británicos se quejen de sus trenes, yo estaba chocha: para mí funcionaban bárbaro.
Pemberley 1: la casa de Darcy de la serie de 1995
¿Cuál fue el primer gran objetivo desde Manchester?
La “mansión Pemberley”: la gran casa de Orgullo y prejuicio. En mi caso, quería la que aparece como Pemberley en la serie de 1995 (mi favorita). Ese lugar es Lyme Park (la casa es Lyme Hall) y forma parte de un complejo grande administrado por el National Trust. Es un día entero.

¿Cómo llegaste?
Tomé un tren local desde Manchester hasta una estación chiquitita, Disley. Apenas bajás, hay un cartel que te orienta hacia el complejo (no te dice “Orgullo y prejuicio”, pero saben por qué va la gente). Desde la estación caminé unos 45 minutos hasta la entrada. Se puede hacer en Uber, pero yo quería caminar: yo soy de caminar mucho, “muy Elizabeth Bennet”.
¿Qué se siente estar ahí?
Emoción total. El predio es enorme: hectáreas de colinas verdes, un parque inmenso. En la caminata por colinas yo me sentía literalmente Elizabeth Bennet, porque me acordaba de escenas de la serie. Y cuando llegás a la casa, todo cierra: la imagen con el lago, esa postal que se hizo tan popular, la podés tener.
¿Dentro de la casa también hay “experiencia traje”?
Sí, y eso fue un descubrimiento. Yo vi entrar a una familia completa vestida y pensé: “esto no lo trajeron de sus casas… acá hay algo”. Pregunté, una chica española me guió y volví sobre mis pasos hasta encontrar el rincón donde prestan trajes para circular por la casa. No es personalizado como el de Bath, pero te ayudan a elegir según gusto y contextura. Yo me vestí con un azul celeste (otro de mis colores favoritos) y recorrí todo así.
¿Se puede sacar fotos libremente?
Hay menos libertad que en un museo más “vacío”, porque es una casa protegida: se toca menos, hay que cuidar dónde apoyás cosas. Pero igual me traje fotos buenísimas. Afuera, en el predio, es donde podés hacer las postales de la serie: lago, casa, ángulos. Yo hice millones de fotos, con mínimas diferencias de encuadre, porque para mí todas importaban.
¿Qué detalle práctico le dirías a alguien que quiere ir?
Los horarios. Todo cierra temprano. En esa época (final del verano de ellos) los cierres eran a las tres o cuatro de la tarde. Y además hay que contar el regreso: yo tenía que caminar 45 minutos hasta la estación para tomar un tren específico. Si ese tren pasa y lo perdés, después podés quedarte colgada. Entonces: agenda fina, horarios claros.
Pemberley 2: la casa de Darcy de la película de 2005

¿También fuiste a la casa usada en la película de 2005?
Sí. Esa es Chatsworth House, dentro del Peak District. Está en manos privadas, y si no tenés movilidad propia conviene contratar un tour que te lleve. Yo encontré una compañía que tiene un tour armado: “Chatsworth House + Peak District”. Sale temprano (tipo 8 am) y es de día completo.
¿Qué incluye ese tour, además de la casa?
Un paseo panorámico por el Parque Nacional, que es hermoso, y una experiencia de té con colinas de fondo: bien rural inglés, que a mí me fascina. Si vas por tu cuenta, te perdés esa curaduría del recorrido; con tour, te lo empaquetan.
¿Se puede vestir uno allí como en Lyme Park?
No. Ahí no hay opción de vestuario. Si vos caés con tu traje, podés hacerlo, nadie te va a decir que no, pero no te lo proveen. Adentro, el foco es la historia de la casa, no la película. Igual, aparece Orgullo y prejuicio en detalles: por ejemplo, la famosa escena del “salón de estatuas”. La estatua/rostro del Darcy de 2005 (Matthew MacFadyen) no está para que todos se amontonen, pero en la tienda de regalos te la venden en miniatura. Y eso habla de cómo administran el fanatismo.
¿Te llevaste algún souvenir “justificado”?
Me compré un buzo con una frase de Elizabeth Bennet, en el sector Jane Austen de la tienda. Lo vi y fue “listo, esto vuelve conmigo”. Lo cuido para ocasiones especiales.
Las Brontë y un tour “necesario” por la distancia

¿Cómo visitaste la casa de las Brontë?
Con otro tour, porque es difícil si estás sin movilidad propia. Son recorridos armados para grupos pequeños: te dejan en la puerta apenas abre, te dan una hora y media o dos, y después te llevan a otros puntos. A mí me resultó muy cómodo.
¿Qué te dejó esa visita?
La casa es pequeña y el contexto del pueblo es muy impactante: un pueblito remoto, muy chico. Cuando recordás sus obras, entendés mejor el tipo de mentalidad y de atmósfera en la que se formaron. También está bueno que suelen cerrar los recorridos contando adaptaciones: películas, series, comparativas.
¿Cuánto te costaban esos tours?
Más o menos 80 libras cada uno (en mi caso). Y me gustó que fueran buses pequeños, con poca gente. Además, el guía era también el conductor y manejaban muy bien el tiempo de manejar y contarte.
¿Todo era en inglés?
Sí, lo que yo encontré era en inglés. Yo me siento cómoda con el idioma, así que no tuve problema. Entiendo que para fans que llegan a Austen o Brontë por traducciones puede ser una dificultad; quizá haya opciones en español buscando más, o tours privados más caros, pero yo no los exploré.
¿Qué nacionalidades te cruzaste en esos tours?
Había locales, gente de Estados Unidos, un muchacho de India, europeas. De Sudamérica, en mis tours, yo fui la única; no significa que no haya en otros días, pero en esa semana me tocó así.
El hallazgo inesperado: Elizabeth Gaskell en Manchester
¿Te quedó algún “extra” que no estuviera en el plan?
Sí, Elizabeth Gaskell. Una tarde libre, abrí Google para ver qué podía visitar, y apareció “Elizabeth Gaskell House”. Yo no lo había previsto. Terminé yendo en bondi y organicé el plan ahí mismo.
¿Cómo fue la visita?
Es una casa más modesta, y al ser menos masiva, el staff tiene tiempo de sobra para contarte todo. Me explicaban sala por sala. Y me pareció muy interesante el puente que se arma con las Brontë, porque Gaskell fue muy amiga de Charlotte Brontë. Esa red de vínculos te ordena la cabeza: entendés mejor cómo eran ellas, qué rasgos tenían en lo personal y cómo eso explota en sus obras.
Londres y el cierre perfecto: la casa de Jane Austen
¿Cuándo sumaste la “casa de Jane Austen” propiamente dicha?
Al final. Después de Manchester, mi marido se unió y fuimos a Islandia. Y cuando volvimos a Londres, el último día juntos me encajaba perfecto para la visita a la casa de Jane Austen: Chawton Cottage (Chawton House/Cottage en el uso común; el museo es “Jane Austen’s House” en Chawton). Está a poco más de una hora en tren desde Londres.

¿Cómo lo resolviste logísticamente?
Mi avión salía de noche, así que lo hice como escapada de mañana/mediodía. Tomamos el tren hasta Alton, un pueblito de unos 20.000 habitantes. Desde la estación caminás unos 30 minutos hasta la casa. Ahí le dije a mi marido: “vos quedate en el pueblo, hacé la tuya; yo me voy a la casa, y en una hora y media nos vemos”.
¿Conviene comprar tickets antes?
Sí. Yo compré el ticket para el primer turno (creo que 10 am). Y vi gente llegar sin entrada y recibir demora, con espera. Los turnos están calculados por el tiempo promedio que la gente permanece: unos 40 minutos en la casa. Comprar anticipado te deja tranquila.
¿Cómo es la casa por dentro?
Es chiquita, no estás horas. Es una casa museo recuperada: no todo es mobiliario original, porque la casa pasó por muchas manos. Hay reconstrucciones con objetos de época, donaciones, piezas recuperadas. Pero tiene momentos muy fuertes: subir y ver un cartel que dice “el cuarto de Jane” es impresionante, aunque ella obviamente no esté. Hay una ventana donde se dice que ella miraba y escribía, y esos gestos te conectan muchísimo.
¿Y el souvenir más “innecesario pero inevitable”?
Un patito tipo “patito de bañera” caracterizado como Jane Austen. Lo vi y dije: “Tengo que tenerlo”. En todos los lugares te venden sus obras, pero yo no compré libros porque hace años tengo las obras completas.
Una segunda casa clave: la del hermano y un museo de literatura femenina
¿Hiciste algo más en Chawton además de la casa de Jane?
Sí, y para mí fue de lo mejor. A 1,5 o 2 km está la casa vinculada al hermano de Jane, Edward, que ella visitaba mucho. Hoy ese lugar funciona como un espacio recuperado para preservar literatura femenina británica.
¿Qué viste ahí?
Muchísimas cosas. Hay un rincón donde una placa dice que “se dice” que era el lugar favorito de Jane para contemplar el exterior. Te invitan a sentarte, sacarte la foto: obvio, lo hice. Una guía se tomó tiempo para explicarme la historia sucesoria de la casa (una línea larguísima) y me contó una anécdota deliciosa: hubo una dueña muy imponente que, en una época donde no se estilaba que una mujer heredara, se mantuvo firme y hacía que sus maridos adoptaran su apellido. Y se dice que esa figura pudo inspirar a Lady Catherine de Bourgh, la tía altanera de Darcy. Esas conexiones te bajan los personajes a “material humano”.
¿Hay material bibliográfico visible?
Sí. En un salón tienen primeras ediciones de obras —de Jane y de otras autoras—, y también comparativas de cuánto ganaban las escritoras, con altibajos y dificultades en una época donde ser mujer y escribir era complejo. Las primeras ediciones están bajo vidrio; no las tocás, pero podés fotografiarlas.
¿También visitaste el cementerio?
Sí. Al lado hay una parroquia (reconstruida, según la historia que me contaron) y un cementerio antiguo. Ahí están enterradas la madre y la hermana de Jane, y hay una estatua de Jane para foto. Jane no está enterrada ahí: está en la catedral de Winchester. Yo no llegué por tiempo, pero me quedó como plan pendiente para una próxima visita, porque Winchester está relativamente cerca en tren desde Londres.
¿En cuánto tiempo se puede hacer todo ese “cierre Austen”?
En una mañana, o una mañana y un poco más hasta después del mediodía, si vas con horarios claros. Yo lo hice, volví a Londres, pasé por el hotel, tomé la valija y fui al aeropuerto.
Consejos prácticos de Paula para armar tu ruta literaria
¿Qué es lo primero que le dirías a alguien que quiere hacer algo así?
Que planifique. A mí me deja tranquila comprar entradas anticipadas y saber qué hago cada día. Muchos lugares no son “paso y entro”: hay turnos, hay demanda, y hay cierres tempranos. Si querés hacer esto una vez en la vida, no conviene depender del azar.
¿Qué detalle de la planificación es clave?
Los horarios de cierre y los traslados. Hay lugares que cierran a las 3 o 4 pm. Y si dependés de trenes locales, hay que tener identificado cuál tren volvés a tomar y cuánta caminata tenés hasta la estación (en mi caso, 45 minutos). No es para asustar, es para no quedar varada.
¿Cómo te moviste?
Todo en tren y caminando, y tours cuando era necesario por distancia y falta de movilidad propia. En zonas remotas, el tour te resuelve: te deja en puerta, te da el tiempo justo, te combina con paisaje y otros puntos.
¿Qué equipo mínimo llevaste para fotos?
Un portacelular chiquitito y mucha paciencia. Si tenés lugares con poca gente o entrás cerca del cierre, podés hacer material increíble. Y si encima vas con traje de época, la experiencia cambia: te metés en el personaje, en el contexto.
¿Recomendás el traje de época?
Si te divierte y es tu autorregalo, sí. Fue cómodo, fue divertido y generó interacción amable con la gente. En Bath, fuera del festival, es aún más particular porque no estás “en masa”: sos vos con la ciudad de fondo. Y si además te interesa el té de la tarde, el combo tiene sentido.
¿Qué cosas te quedaron pendientes?
Winchester, para ver la tumba de Jane en la catedral. Y también varios lugares de filmación que después descubrí que no estaban en Inglaterra sino en Escocia, y no me daban los tiempos para incorporarlos.






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