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La guerra y el dolor en La tumba de las luciérnagas

Fotograma de "La tumba de las luciérnagas" de Estudio Ghibli

El festival de Cannes concedió la Palma de Oro de Honor 2024 al Studio Ghibli, fundado por Hayao Miyazaki, por el “aire fresco” aportado al cine de animación, con películas que ya son clásicas de una era.

Por Teresa Teramo

“¿Por qué las luciérnagas mueren tan pronto?” (Setsuko a Seita)

“Estaba en la estación Sannomiya de los ferrocarriles nacionales, el cuerpo hecho un ovillo, recostado en una columna de hormigón desnuda, desprovista de azulejos, sentado en el suelo (…) Seita, que había entrado perdido, sin rumbo, atraído simplemente por el olor a comida, vendió algunas prendas de su madre muerta a un vendedor de ropa usada que comerciaba sentado sobre una estera de paja: un nagajuban, un obi, un han’eri y un koshihimo descoloridos tras haberse empapado de agua en el fondo de una trinchera; así, Seita pudo subsistir, mal que bien, quince días más; a continuación se desprendió del uniforme de rayón del instituto y de unos zapatos y, mientras dudaba sobre si acabar vendiendo incluso los pantalones, adquirió la costumbre de pasar la noche en la estación”. Así comienza la novela La tumba de las luciérnagas (1967) de Akiyuki Nosaka, inspirada en hechos autobiográficos vividos de joven durante la segunda guerra mundial en la ciudad de Kobe (Japón). El libro que tuvo un éxito local habría quedado probablemente dentro de las fronteras niponas si no hubiese despertado el interés de Isao Takahata quien lo adaptó y dio vida cinematográfica a dos personajes inolvidables, llenos de poesía: Seita, un adolescente de 14 años y su hermana Setsuko de cuatro.

Isao Takahata estudió en la Universidad de Tokio Filología y Literatura Francesa e inició su trabajo artístico en Nippon Animation para World Masterpiece Theater, realizando series de animación para la televisión basadas en clásicos de la literatura infantil y juvenil. Su primer éxito fueron los 52 capítulos de Heidi, la niña de los Alpes (1974) a los que siguieron otras dos adaptaciones: MarcoDe los Apeninos a los Andes (1976, 52 episodios a partir de la obra Corazón de Edmondo De Amicis) y Ana de los tejados verdes (1979, a partir del clásico de Lucy Maud Montgomery). Lo reafirmó en su camino por la animación con sentido estético y poético el estreno de Le Roi et l’Oiseau (El rey y el ruiseñor) una película francesa de dibujos animados dirigida por Paul Grimault en 1980, con guion de Jacques Prévert basado en el cuento de Andersen La pastora y el deshollinador (Hyrdinden og Skorsteensfeieren), publicado en 1845. Junto a su amigo Hayao Miyazaki y el productor Toshio Suzuki, realizó Nausicaa del Valle del Viento en 1984, una adaptación del manga homónimo del propio Miyazaki publicado en 1982, y con ellos el 15 de junio de 1985 fundó Estudio Ghibli, que dio en casi 40 años 23 títulos de largometrajes, decenas de cortos y spots publicitarios.

La literatura siempre fue fuente de inspiración para Takahata y en el film Nausicaa del Valle del Viento el título y nombre de la protagonista nos remite a las historias míticas griegas y concretamente al canto sexto de la Odisea donde el astuto Ulises se encuentra con la princesa Nausicaa, soñadora y audaz. El film retoma un concepto del mundo clásico bien planteado en la Ilíada: los males del mundo -contaminación, guerras, matanzas, violencia, abusos- nacen del corazón humano, de la pasión desmedida de los hombres y las mujeres cegados por el poder, la envidia, el egoísmo…

La tumba de las luciérnagas

En La tumba de las luciérnagas (1988), Takahata retorna a esa idea: los males del mundo nacen en el interior de los hombres. El film cuenta la guerra desde la perspectiva de los niños, donde los juegos y las risas pueden darse entre bombas. El film se sitúa en la ciudad de Kobe hacia fines de 1945. Seita, un adolescente con la vestimenta hecha jirones, agoniza en la estación de la ciudad. Sostiene una caja de caramelos de fruta en sus manos. “21 de septiembre de 1945. Fue la noche en que morí”, así comienza la película narrada desde la mirada del niño. Primera decisión de adaptación de la novela al guion: el cambio de tercera a primera persona protagonista.

La voz de Seita nos irá descubriendo el dolor ante las consecuencias de la guerra y el amor hacia su hermana pequeña Setsuko. Hijos de un oficial de la Armada Imperial Japonesa que marchó a la guerra, sobreviven a los bombardeos de la aviación estadounidense, pero enfrentan la pérdida de su casa y la muerte de su madre. Solos y huérfanos, viven un corto tiempo con una tía que los recibe con desprecio hasta que Seita decide partir con su hermana y buscar refugio en una cueva cerca del mar, un lugar donde abundan las luciérnagas.

La película sigue los diálogos y secuencias narrativas del libro:

“Sobre sus cabezas unos aviones japoneses se dirigían hacia el oeste haciendo parpadear las luces de señales, azules y rojas.

—¡Mira, las unidades especiales de ataque —dijo Seita a su hermana.

—¡Ah! —Setsuko asintió con la cabeza sin comprender lo que querían decir aquellas palabras—. Parecen luciérnagas.

—Sí, es verdad, parecen luciérnagas…

Si cogieran luciérnagas y las metieran dentro del mosquitero, ¿no darían, tal vez, un poco de luz? Y de este modo, y no es que pretendieran imitar a Shain , fueron atrapando todas las luciérnagas que se pusieron a su alcance, una tras otra, y cuando las soltaron dentro del mosquitero, cinco o seis emprendieron el vuelo con suavidad, mientras las otras se posaban en la tela… ¡Oh!, ¡ya eran cien las luciérnagas que volaban ahora por el interior del mosquitero!; seguían sin poder distinguirse las facciones el uno al otro, pero el vuelo de las luciérnagas les daba una sensación de serenidad y sus ojos se cerraron mientras iban siguiendo aquellos movimientos suaves”.

Las luces de las luciérnagas también semejaban los bombardeos: “Los proyectiles de las baterías antiaéreas se elevaban zigzagueantes, como luciérnagas, para ser engullidos por el cielo”.

Las luciérnagas simbolizaban algo más: anticipan la muerte temprana de los inocentes. “Por la mañana, habían muerto la mitad de las luciérnagas y Setsuko las enterró a la entrada del refugio:

—¿Qué haces?, dice Seita.

—Estoy haciendo una tumba. A Mamá también la han metido dentro de una tumba, ¿verdad? —responde Setsuko.

Seita vacilaba…

— Me lo dijo la tía, me dijo que mamá había muerto y que estaba en una tumba.

A Seita, por primera vez, se le anegaron los ojos en lágrimas,

—Algún día iremos a visitar la tumba de mamá. Setsuko, ¿te acuerdas del cementerio de Kasugano, el que está cerca de Nunobiki? Mamá está allí,  debajo de un alcanforero”.

La ternura de los hermanos y el cobijo de la naturaleza contrasta con el mundo hostil de la guerra. La banalidad de lo cotidiano, lo aparentemente trivial y rutinario -comer, bañarse, dormir- acentúa lo intolerable del mundo regido por decisiones arbitrarias y ajenas -guerra, bombardeos, conquista de territorios-, e invita a valorar el momento fugaz presente, la belleza de la vida que transcurre en lo íntimo de una relación -fraterna en este caso. En la película Setsuko cuando atrapa la primera luciérnaga lo hace con tanta fuerza para que no se escape que la aplasta y se asusta. Su hermano le explica que hay que tratarlas con cuidado si queremos mantener su luz y calor. Una lección breve y profunda sobre la existencia humana.

*Estudio Ghibli y su merecida Palma de Oro en Cannes 2024


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