Camino al Este, crónicas de amor y desamor

Camino al Este. Crónicas de amor y desamor es el relato de la larga travesía del escritor argentino Javier Sinay desde Buenos Aires a Kioto, a lo largo de cinco meses y atravesando más de 15 ciudades en un periplo que transita diferentes culturas, idiomas y costumbres bajo el signo de los sentimientos.

Todo empezó cuando Higashi –su novia de ascendencia japonesa, hoy su esposa- le dijo que viajaría a Kioto para dedicar un año a estudiar la ceremonia del té. Y tras sus pasos parte el autor: “Yo no tengo un mapa en el que voy marcando los países que conozco. Yo no tengo un plan de millas acumuladas ni una aerolínea favorita” pero “ahora, de un día para otro, voy a atravesar de punta a punta la extensión de 14.953 kilómetros que tiene Eurasia, y voy a hacerlo solo. Porque me doy cuenta de que ya no tengo otra salida más que ir en busca de Higashi”.

En las calles de Seúl. Foto Javier Sinay.

“Soy periodista desde hace mucho tiempo y ya tenía un par de libros publicados; entonces primero pensé en hacer el viaje y después en hacer un libro: primero porque es mi manera de relacionarme con este tipo de cosas, a través de la escritura; y por otro lado también para financiar el viaje con un contrato de adelanto. El origen del libro –cuenta Javier Sinay- es un poco el reflejo de un periodista profesional, en ese sentido, pero al final creo que es lo más comprometido, lo más íntimo que escribí, porque terminé contando muchas cosas de mi historia personal”.

Al trazar su itinerario, vio además que en el medio de su periplo estaba Grodno, el pueblo de sus antepasados, llegados a la Argentina desde la actual Bielorrusia con las corrientes migratorias que se sucedieron entre fines del siglo XIX y principios del XX.

“Y pensé, si voy a Bielorrusia tengo que ir a Rusia, a Moscú, y luego me di cuenta que estaba el tren Transiberiano, que podía llevarme a China. Pensé en hacer reportajes, y seguramente traería nuevos contactos y otras cosas, y pensé en hacer un libro, pero no sabía al principio cuál iba a ser el denominador común”.

“Al principio no sabía, porque decía: ‘¿Qué pueden tener en común París y Ulan Bator? ¿Mi mirada, yo que estoy viajando? Puede ser, pero falta algo más, más concreto’. Empecé a buscar historias ocurridas en cada lugar. Me había marcado un itinerario con 21 ciudades y empecé a googlear leyendo diarios… en cualquier lugar del mundo hay un diario en inglés. En Siberia está el Siberian Times, en China está está el China Daily… Leía el diario local y leía la sección de viajes o de internacionales del Guardian, el New York Times o El País, y anotaba. Primero me hice una larga lista de temas, porque para cada lugar me anotaba lo que había pasado en el último año y medio, y en un momento me di cuenta de que tenía dos, o tres o cuatro historias de amor, o de vínculos, o de desamor, o de soledad. Y eso me hizo clic en la cabeza y dije: “Claro, si yo estoy viajando para visitar a mi novia, este es el denominador común, tengo que hacer este tipo de historia, no entiendo el amor como algo pequeño y obvio, el amor romántico, el amor naif es parte de otra cosa. No lo dejé de lado, pero no solo eso sino que busqué historias de amor, desamor, compañía, sexualidad. Después hice una segunda búsqueda enfocando más en eso”.

Así, conforme avanzan las páginas y las ciudades, logran vida y voz las historias de dos performers que tienen sexo en vivo en Barcelona; la de una pareja que se ama -con candados incluidos- en París; la de un político y asesino alemán que cruzó la frontera del amor al odio; la de un padre chino en busca de un amor -o un buen partido- para su hija.

Candados de amor en París. Foto Javier Sinay.

“Cuando uno hace un viaje tan largo se da cuenta de que Argentina es un rincón en el mundo, y hay muchos rincones en el mundo y muchas cosas pasan a la vez. Y entonces uno puede desdramatizar un poco las cosas… .eso no significa que las cosas que pasan no sean difíciles, sino que hay que tratar de tomar un poco de distancia y no ahogarse”.
“Hay lugares adonde llegué con la historia identificada, por ejemplo París con el tema de los candados. Hay lugares a donde llegué con el tema identificado pero la historia más o menos, por ejemplo, en Barcelona yo sabía que había una pareja que hacía sexo en vivo, y quería entrevistarlos, pero ellos no quisieron darme la nota. Lo que pasó es había cuatro parejas más que hacían sexo en vivo. Yo sabía que quería hablar de sexo en Barcelona, porque me parece que es una ciudad hedonista y liberal, entonces tenía más o menos ese tema y esa historia. Y después hay lugares adonde llegué sin nada porque en Google no había podido identificar ninguna historia y después no me había dado el tiempo para buscar por otros modos. Por ejemplo en Pekín”.

“En China la gente se casa no más tarde de los 27 y un gran porcentaje se casa por acuerdos de familia. Hay jóvenes que tienen 33 años y no están casados, entonces los padres se empiezan a preocupar. Y van a los parques con un currículum impreso en una hoja, de sus hijos, e intercambian a ver si encuentran alguien que cumplan con los requisitos que quieren como pareja para sus hijos. No es cualquier parque: son algunos parques. La pregunta que me hacía yo es si tu padre puede ser más eficiente que Tinder. Después me junté con una periodista en China que me confirmó que eso era así”.

“Al tercer día de estar en Pekín fui a un parque. Unos estudiantes, dos estudiantes chinos, un varón y una mujer, de 19 y 20 años, estudiantes de español, me acompañaron y me hicieron de traductores. Hablaban excelentemente bien el español. Llegamos adonde estaban los padres y hablé con el señor Liu, que me dejó solo sacar fotos del CV de su hijo, pero no a él, Ningún padre quería que le saquen fotos, porque es una deshonra en realidad que tu hijo no esté casado”.

“Volví al día siguiente. Estaban todos en otro parque, y ya se conocían todos, no había mucho intercambio. Al segundo día el señor Liu abrió una bolsa que tenía y me mostró que tenía una botella de agua, unos dados y una tablet con un video de su hija, que era un video editado con una canción y fotos que iban apareciendo de ella al lado de un árbol de cerezas. Y el tercer día, increíblemente, hizo match con otro señor. Eso fue fascinante. Si hubiera sido un cuento, y hacían match al final, hubiera sido bastante obvio. Pero pasó, pasó delante de mis ojos. El último día”.

El señor Liu muestra el CV de su hija. Foto Javier Sinay.

“En Japón me pasó lo mismo, no iba con una historia cerrada o identificada, aunque sabía que quería hablar sobre el entretenimiento adulto que hay en Japón, sobre el tema del sexo, ese contraste tan grande entre tasas muy altas de adultos vírgenes y adultos que no han tenido sexo en el último mes, o adultos solteros. Casi la mitad de los hombres y las mujeres son solteros. Hay un contraste entre eso y mucho fetiche, cosas que nosotros consideramos perversiones. Un sex shop de seis pisos al que fui, lleno de gente, y no estaba en una galería, daba a la calle… Japón es un país de contrastes, muchos no los entendemos”.

“Con respecto a los intérpretes, fui contratando en cada lugar, pero no profesionales porque son muy caros, sino cualquiera que hablara más o menos inglés. Contraté muchos periodistas, como en Alemania, Francia, Rusia, Mongolia, China. En Japón no, pero el gremio periodístico se activa, hay mucha solidaridad, a mí me funciona mucho. Y muchas veces los periodistas ellos mismos me hacían de traductores”.

Emoción en Mongolia

“En el capítulo de Mongolia hay un señor que toca un violín tradicional que se llama moorin khuur, es un violín grande de dos cuerdas que se hacen con crin de caballo y siempre termina rematado en una cabecita de caballo. El caballo es un animal casi sagrado en Mongolia, es poderoso. Yo había encontrado acá unos videos de unos músicos que tocaban violín en las montañas de Mongolia y cantaban el canto de garganta, como un canto gutural, muy inquietante pero muy hermoso”.

“Entonces dije: ‘Quiero hacer un video así y entrevistar a uno de ellos’. Cuando estaba allá me di cuenta de que podía incluir eso en mi libro porque en las bodas ellos participaban y tocaban. Y me dijeron que en Ulan Bator estaba el wedding palace más grande de Asia. Yo decía pero bueno, ¿qué es? Es un lugar donde la gente hace la ceremonia civil y después va a otro salón y hace la ceremonia tradicional todo junto. Y es el único lugar de Ulan Bator donde la gente se casa. Y parece que en otros lugares de Asia hay otros wedding palace. Fui a Ulan Bator, entrevisté a la jueza, le pregunté qué le decía la gente, me contó anécdotas, que el casamiento que más la había impresionado era el de un hombre sin piernas, en silla de ruedas, con una mujer muy hermosa, y que el hombre le decía: ‘Yo no entiendo por que esta mujer me elige’, y después me contaba que antes de casarse tenían una charla con una oficial de asuntos familiares, que ella había trabajado de eso y que la charla consistía en explicarles a los que se iban a casar cómo formar una buena familia mongola. ¿Y cómo es? Muy tradicional, el hombre es el que manda y la mujer lo apoya. Y la mujer confía en que si lo apoya el hombre va a estar bien y eso le va a traer bendiciones a la familia”.

“Y me invitó a dos casamientos, la mañana de un sábado. Uno de esos se suspendió, nadie sabía bien por qué. El otro casamiento estuve ahí y fue emocionante, porque podés irte a la otra punta del mundo, pero el acto de amor es emocionante Y la gente, era gente era muy sencilla, de clase trabajadora, y lloraban de felicidad”.

La historia del señor Liu

“Creo que me conmovió la historia del señor Liu, el chino, porque era un señor que debía tener 64 años y que tenía una sola hija, porque era de la época de la política del hijo único. Hay una desproporción… Ese era mi otro tema: si no salía lo de los parques quería hacer algo con la desproporción entre hombres y mujeres. El señor Liu y su hija eran de una provincia, a mil kilómetros de Pekín. La hija consiguió un trabajo en Pekín y se fue, y como no tenía marido el padre dejó la provincia, se instaló con ella -que alquila una habitación de 8m2- y va todos los días a buscar un novio para la hija. Y el padre era viudo y no quería hablar de su mujer porque decía que no quería entristecerse…”.

“El señor Liu me decía que se iba a dormir poniendo una canción de una cantante china que hablaba de una historia de amor; en el libro está la letra: era la historia de una mujer que sufría por amor, y me dijo que lo había puesto en la tablet y se había quedado dormido con eso”.

Camino al Este: las tapas de las ediciones argentina (izquierda) y española (derecha).

Javier Sinay, Camino al Este. Tusquets, colección Mirada Crónica dirigida por Leila Guerriero.

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Roberto Arlt en el Diamante del Atlántico

Así contaba el autor de las Aguafuertes porteñas su llegada a Río de Janeiro, pisando el umbral de los años 30.

Ya estamos en Río de Janeiro (Miércoles 2 de abril de 1930)

—Vea la tierra brasileña —me dijo el médico que había sido mi compañero a bordo. Y miré. Y lo único que vi fueron, a lo lejos, unas sombras azuladas, altas, que parecían nubes. Y, mareado, volví a meterme en mi camarote.

Dos horas después

En medio de un mar oscuro y violáceo, conos de piedra de base rosa-lava, pelados como calveros en ciertas partes, cubiertos de terciopelo verde en otras, y una palmera en la punta. Bandadas de palomas de mar revoloteaban en torno.

Un semicírculo de montañas, que parecen espectrales, livianas como aluminio azul, crestadas delicadamente por un bordado verde. El agua ondula aceitosidades de color sauce; en otras, junto a los peñascos rosas, tiene reflejos de vino aguado. Algunas nubes como velos de color naranja envuelven una sierra jorobada: el Corcovado. Y más lejos, cúpulas de porcelana celeste, dados rojos, cubos blancos: ¡Río de Janeiro! Una calle fría y larga al pie de la montaña: el paseo de Beira Mar.

Todo el paisaje es liviano y remoto (aunque cercano) como la substancia de un sueño. Sólo el agua del océano, que tiene una realidad maciza, lame el hierro de la nave y se pega en flecos a los flancos, insistente, y en el anfiteatro de montañas, sobre las que se levantan lisas murallas destrozadas de montes más distantes, se agrisa sobre casitas cúbicas que son el vértice de los conos. Dados blancos, escarlatas, luego el barco vira y aparece un fuerte, igual a una enorme ostra de pizarra que flota en el agua. Sus cañones apuntan a la ciudad; más allá naves de guerra pintadas de azul piedra; banderas verdes, diques, agua mansa color polvo de tierra; una lancha cargada de pirámides de bananas, un negro cubierto de un birrete blanco que rema apoyando los pies en el fondo de la chalupa, minaretes de porcelana, torres lisas, campanarios, acueductos, tranvías verde ciprés, que resbalan por la altura de un cerro. Una calle, sobre el techado de un barrio; en el fondo, un farallón de granito rojo. Casas de piedra suspendidas de la ladera de una montaña; chalets de techo de tejas a dos aguas, una profundidad asfaltada, negra como el betún, geométrica, nuestra Avenida de Mayo. Y arriba, montes verdes, crestas doradas de sol, cables de telégrafos, arcos voltaicos, luego todo se quiebra. Un potrero, dos galpones, una serie de arcos de mampostería que soportan en el ábside los pilares de una segundo piso de arcos. A través de los arcos se distinguen callejuelas empinadas, escaleras de piedra en zig zag. Súbitamente cambia la decoración y es el frente esponjoso de un cerro, dos alambres carriles, un pájaro de acero que se desliza de arriba abajo en un ángulo de sesenta grados, y la perfecta curva de una bandeja de agua…

Parece que se puede estirar el brazo y tocar con la punta de los dedos la montaña perpendicular a la ciudad escalonada en los diversos morros.

Porque la ciudad baja y sube, aquí en lo profundo, una calle, luego, cien metros más arriba, otra; un callejón, un socavón, calveros y altozanos de color pasto, con caries rojizas y mirando a un abismo que no existe. Ventanitas rectangulares de tablas; un bosque de tamarindos, de árboles plumeros, de palmeras, y al costado gradinatas de adoquines, caminos abiertos en tierra color de chocolate, y perfectamente recta la Avenida de Río Branco, la Avenida de Mayo de Río, tan perfecta como la nuestra, con sus edificios pintados de color rosa, de color cacao, de color ladrillo, entoldados verdes, pasajes sombríos, árboles en las aceras, calles empapadas de sol de oro, toldos escarlatas, blancos, azules, ocres, ruas oblicuas, ascendentes, mujeres…

Negros; negros de camiseta roja y pantalón blanco. Una camiseta roja que avanza movida por un cuerpo invisible; un pantalón blanco movido por unas piernas invisibles. Se mira y de pronto una dentadura de sandía en un trozo de carbón chato, con labios rojos…

Mujeres, cuerpos turgentes envueltos en tules; tules de color lila velando mujeres de color cobre, de color bronce, de color nácar, de color oro… Porque aquí las mujeres son de todos los colores y matices del prisma. Hay mujeres que tiran al tabaco rubio, otras al rimmel, y todas envueltas en tules, tules color de clavel y rosa. Tules, tules…

He dado un pálida idea de lo que es Río de Janeiro… el Diamante del Atlántico.

Grecia, el deber de oír el grito

Cuando un griego recorre Grecia, su viaje se transforma fatalmente en una búsqueda dolorosa de su deber. ¿Cómo llegar a ser dignos de nuestros antepasados y continuar, sin deshonrarla, la tradición de nuestra raza? […] Un paisaje griego no nos produce a nosotros, los griegos, un estremecimiento de belleza desinteresada, el paisaje tiene un nombre – se llama Maratón, Salamina, Olimpia, las Termópilas, Mistra-, está ligado a un recuerdo; aquí fuimos deshonrados, allí nos cubrimos de gloria, y de pronto el paisaje se transforma en una historia llena de lágrimas y de tribulaciones. Y el alma entera del peregrino griego se conmueve. Cada paisaje griego está tan impregnado de felicidades y de desdichas que han tenido repercusión mundial, tan pleno de esfuerzo humano, que se yergue ante uno, severo, y es imposible sustraerse. Se convierte en un grito y hay el deber de oírlo.

Niko Kasantzakis. Carta al Greco. Lohlé-Lumen

Dunedin literaria

Un viaje reciente a Nueva Zelanda nos llevó hasta Dunedin, en la Isla Sur. Tuvimos así la ocasión de descubrir una de las “ciudades literarias” designadas por la Unesco, en las remotas tierras del Pacífico Sur que hace más de 800 años fueran colonizadas por los maoríes.

Con una población de unos 125.000 habitantes, Dunedin es la principal ciudad de la región de Otago y la segunda ciudad más importante de la Isla Sur de Nueva Zelanda. Se convirtió en la octava Ciudad Literaria declarada por la Unesco en diciembre de 2014, junto con Praga, Heidelberg y Granada.

¿Cuáles son los criterios para que la Unesco designe a una ciudad como Literary City o Ciudad Literaria? 

Especialmente la cantidad de bibliotecas, las librerías, los centros culturales, los programas educativos, los eventos literarios y culturales a lo largo del año, así como su tradición de sus autores.

Cada ciudad debe postularse ante la Unesco y cumplir los criterios requeridos: un valioso patrimonio literario, una escena contemporánea vibrante en materia de cultura, colaboraciones internacionales, programas de compromiso cultural.

Dunedin, junto con las otras 19 que conforman el listado, los tiene todos. Veamos de qué se trata:

1. Herencia multicultural: Dunedin es la cuna del pueblo kai, cuya cultura se transmitió oralmente durante siglos. A mediados del siglo XIX, la inmigración escocesa hizo presente los versos de Robert Burns. Hoy son numerosos los escritores, poetas, ilustradores y dramaturgos que unen la cultura maorí y del Pacífico con las tradiciones europeas.

2. Una gran ciudad para los escritores: aquí vivieron el peota Thomas Bracken, autor del himno nacional de Nueva Zelanda; Charles Brasch, que fundó el principal diario literario; y los poetas Janet Frame y Hone Tuwhare. En el centro de la ciudad, la plaza llamada Octagon, domina el conjunto una estatua de Robert Burns. Allí mismo hay un Writer’s Walk.

3. Herencia de impresores: desde el sigo XIX se instalaron algunos de los principales imprenteros y editores. Además de Coulls Somerville Wilkie, A.H. & A.W. Reed y John McIndoe, de inportancia nacional, se destacan las publicaciones de la University of Otago Press.

4. Bibliotecas: aquí se abrió en 1908 la primera Biblioteca Pública y libre. Más de un millón de personas la usa anualmente, y un tercio de los habitantes participan en los eventos culturales. La Dunedin Public Library conserva la Reed Collection, una serie de valiosos libros, muchos de origen europeo.

5. Centro del Libro: lo estableció en 2011 la Universidad de Otago, para convertirlo en un centro de excelencia sobre la historia del libro, la cultura impresa y los nuevos modelos de publicación y distribución.

6. Libros para niños: viven en Dunedin varios escritores e ilustradores de libros para niños, multipremiados.  Existen asimismo numerosos programas de lectura y promoción del libro para los niños.

7. Teatros y dramas: la ciudad mantiene una tradición importante relacionada con la literatura dramática y el teatro, a través de sus compañías teatrales, sus poetas y la Universidad.

8. Música y letra: Thomas Bracken, oriundo de Dunedin, fue el poeta más amado del siglo XIX y es el autor del himno nacional God Defend New Zealand. Hoy la música florece en la cultura popular.

9. Patronazgo literario: la Sociedad Robert Burns tiene sede en la Universidad de Otago, que también ofrece residencias para escritores de libros infantiles y promueve otros programas relacionados con la literatura y la edición.

10. Eventos literarios: la ciudad tiene un importante calendario y una larga tradición de lecturas públicas y poesía. Hay talleres de escritura, paseos literarios y seminarios educativos.

El listado total de Ciudades Literarias, declaradas desde 2004, es el siguiente:

1.Edimburgo (Escocia): Su Festival Internacional del Libro, que se organiza en agosto de cada año, se considera el más grande del mundo.

2.Melbourne (Australia): es famosa su librería City Basement Books, decorada como si fuera un lugar de “Alicia en el País de las Maravillas”.

3. Iowa (EEUU): en 1936 se creó aquí el primer Máster de Escritura Creativa del mundo. Desde 1955, 25 autores de esta ciudad ganaron el Pulitzer. Su librería más famosa es la Prairie Lights.

4. Dublín: el 16 de junio celebra el Bloomsday en homenaje a James Joyce y su Ulises. Además vio pasar a Oscar Wilde, WB Yeats, Samuel Becket. Tiene cuatro premios Nobel: George Bernard Shaw, Yeats, Becket, Seamus Heaney.

5. Reykjavik (Islandia): la primera de habla no inglesa en integrar la red. No solo el Nobel Haldor Laxness hace a su reputación: hoy es célebre el escritor de novela negra Arnaldur Indridason.

6. Norwich (Inglaterra): en 1395 apareció aquí el primer libro en inglés escrito por una mujer, Juliana de Norwich. ¿Su mejor librería? The Book Hive.

7. Cracovia (Polonia): la cuna de los escritores Wislawa Szymborska y Czesław Miłosz. Sede de importantes festivales, su género predilecto es la poesía.

8. Dunedin (Nueva Zelanda): tuvo la primera biblioteca pública y libre en Nueva Zelanda.

9. Heildelberg (Alemania): en el valle del RIn, ha recibido en su historia a Gohete y Hölderlin, entre otros poetas. Cuna del romanticismo alemán en el siglo XIX.

10. Granada (España): atada para siempre a la memoria de Federico García Lorca. Es una ciudad de ambiente estudiantil con numerosos acontecimientos literarios y culturales.

11. Praga (República Checa): Kafka, Max Brod, Rilke y Kundera caminaron sus calles. Tiene una importante industria cultural y una calle dedicada al poeta Jan Neruda, que inspiró a Pablo Neruda.

12. Ulyanovsk (Rusia): famosa por sus poetas, sus salones literarios y por ser la ciudad de Ivan Goncharov, autor de Oblomov, aquel famoso por su indecisión y pereza. Por lo tanto el festival literario más famoso se llama… Get off the sofa!

13. Bagdad (Irak): aquí se encontraba, en la biblioteca Bayt al-Hikma, la mayor colección de libros del mundo en el siglo IX. La literatura es un sinónimo de esperanza en una capital devastada por la guerra.

14. Tartu (Estonia): pionera en la defensa de la cultura y el idioma locales. Sede de varios festivales literarios y del Museo Literario Estonio.

15. Lviv (Ucrania): iglesias, librerías, museos, teatros y bibliotecas dibujan el paisaje urbano. Tiene un festival literario anual y aquí existe la imprenta más antigua de Europa todavía activa: imprime desde 1586.

16. Ljubljana (Eslovenia): el año es una sucesión de eventos literarios y musicales. Se estima que cada uno de sus habitantes visita la Biblioteca Municipal cinco veces al año.

17. Barcelona (España): tiene cuatro festivales literarios, una importante industria editorial y dos idiomas, español y catalán. También es el escenario habitual de numerosos escritores latinoamericanos.

18. Nottingham (Reino Unido): tiene 18 bibliotecas y numerosas librerías independientes; supo del paso de Lord Byron y DH Lawrence.

19. Óbidos (Portugal): famosa por su muralla medieval. La Iglesia de Santiago es hoy una librería, en tanto otras funcionan en un mercado o una bodega.

20. Montevideo (Uruguay): Galeano, Benedetti y Onetti hacen a su tradición literaria. Hogar de tertulias y debates literarios, los libros viejos se van a buscar a la feria Tristán Narvaja.

El Delta de Roberto Arlt

tigreA media hora de lancha del Tigre cuando ya desaparecen las casas de juguete destinadas al “week end” de la metrópoli, y las hileras de árboles para madera o frutales suceden a los jardines de holgorio, de tanto en tanto se hace visible entre la maleza de un huerto silvestre una casona de madera con techo de cinc, o una casona con estructura de tirantes y paredes de barro, o también una vivienda moderna de cemento armado, cuyo descanso se abre al río sobre una escalera de recibimiento. En los tres casos, la vivienda de barro, de madera o de material está cargada sobre puntales, los que dejan libre un entresuelo por el que puede caminar sin obstáculos un hombre de elevada estatura.

Los penachos de los álamos, el abanico de las palmeras, el jopo verde de los sauces, teje en hedor de la casona un africano nicho de sombra. Abajo, las manchas en siete tonos de rojo de los malvones y las tazas blancas de las calas, componen con los vinosos rosales silvestres, la infatigable y repetida policromía de las islas en las que los ojos no se cansan de extasiarse. El aire está perennemente embalsamado en la dulzona frescura de la madreselva y el jazmín, multitudes de pájaros charlan en la enramada, el nido de un hornero pende solitario de una horqueta y tandas de perros ladran a las lanchas que pasan.

De la costa al agua avanza un rústico muelle que permite desembarcar, una escalera de madera roída por el tiempo se sumerge en las aguas, y casi siempre para defender la orilla de las erosiones provocadas por los latigazos del río, a todo lo largo del frente de la casa se extiende un tablestacado, cuyos tablones de pino chicotean las olas cada vez que pasa una embarcación. Otras veces el tablestacado no es de tablones de pino, sino de troncos de sauce.

El espacio hueco dejado de la vivienda, casi siempre cerrado por un enrejado de listones, es despensa unas veces, depósito de envases de fruta otras, comedor para verano algunas, pero el paseante ve perderse el cubo encalado entre las manchas verdes y piensa:

-Ese es el rancho del isleño. Porque aparentemente la vivienda es un rancho como aparentemente el isleño es un hombre que vive primitivamente; pero, en realidad, la vivienda no es un rancho, sino una casa con sus divisiones distribuidas como lo requieren las necesidades del civilizado.

La casa tiene un comedorcocina inmenso, un dormitorio para los dueños y un cuarto para huéspedes. Sobre esta matriz invariable está edificada la vivienda de paredes de barro, la de muros de madera y la de cemento. (…)

A un costado del canal se eleva un tinglado donde se almacena la fruta para clasificarla y empacarla. Cuando no es la estación de trabajo, allí se guardan los pulverizadores, los arados, las palas. Rarísima vez se descubre entre las máquinas un camión o un tractor. Detrás de la casa se extiende la huerta y un gallinero, luego la ondulación de quinta que puede tener cinco, diez, quince hectáreas. Mayores de cincuenta hectáreas son raras.

Esta es la casa del hombre que todos los días tiene que luchar con la ferocidad del pequeño infierno verde de la isla.

El Mundo, 2 de diciembre de 1941 (en: Roberto Arlt. Aguafuertes del Delta. Eudeba).

 

Toledo (Rainer Maria Rilke)

No cabe duda de que jamás podré decir cómo es esto de aquí, querida amiga (esto se reserva al lenguaje de los ángeles, con el que intentan comunicarse con los humanos), pero cuando le digo que esto sea así, que en realidad existe, ha de creerme, cueste lo que cueste. No se puede describir a nadie. Aquí no existe el azar: todo responde plenamente a una ley.
Esta extraordinaria presencia tiene todo el caracter sideral de los astros cuya proyección hacia afuera y cuya posición en el espacio es tal, que ahora comprendo la leyenda según la cual Dios, el cuarto día de la creación tomó en sus manos el sol y lo puso justo encima de Toledo. Ya he recorrido los diferentes lugares y me he empapado el alma con todo ello para retenerlo para siempre: los puentes, los dos puentes, este río y sobre él esta extensión abierta del paisaje abarcable a la mirada, que no es definitivo ni acabado, que aún está elaborándose. […]
Me duele no hallar el tono exacto para describir todo lo que he visto. Aquí, por primera vez, he imaginado que sería posible recorrer diariamente la ciudad para cuidar a los enfermos; atravesando esta ciudad todos los días, uno podría insinuarse en cualquier esquina y esfumarse en lo angosto de una callejuela. No hay forma de asomarse al “exterior”: todo está intensamente marcado por los límites que lo deslidan de lo de “fuera”…

(Rainer María Rilke. Cartas del vivir. Carta a M. von Thurn und Taxis. Obelisco)

Davos (Thomas Mann)

Un modesto joven se dirigía en pleno verano desde Hamburgo, su ciudad natal, a Davos-Platz, en el cantón de los Grisones. Iba allí a hacer una visita de tres semanas…

-No, francamente no me parece que esto sea tan formidable -dijo Hans Castorp-. ¿Dónde están los glaciares, las cimas blancas y los gigantes de la montaña? Me parece que esas cosas no están tan arriba.

-Sí lo están- contestó Joachim-. Puedes ver, en casi todas partes, el límite de los árboles. Se perfila con una nitidez sorprendente; cuando los abetos se acaban, todo se acaba también; tras ellos, no hay nada más que rocas, como puedes ver. Al otro lado, a la derecha del Diente Negro, se distingue incluso un glaciar. ¿Ves el color azul? No es muy grande, pero es un glaciar auténtico, el glaciar de la Scaletta. El Pic Michel y el Tizenhorn, en aquella grieta (no puedes verlos desde aquí ), permanecen todo el año cubiertos de nieve.

-Nieves perpetuas- dijo Hans Castorp.

-Sí, perpetuas, si quieres. Todo está a gran altura, y nosotros mismos nos hallamos espantosamente elevados. Nada menos que mil seiscientos metros sobre el nivel del mar. De manera que las grandes alturas ya no nos lo parecen tanto.

-Sí, ¡qué ascensión! Sentía el corazón oprimido, te lo aseguro. ¡Mil seiscientos metros! Son casi cinco mil pies. En toda mi vida había estado tan arriba.

(Thomas Mann. La montaña mágica)

 

 

Santiago de Compostela (por Camilo José Cela)

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“Sí, el gótico es el oro y el románico la humilde, la sencilla, la bellísima plata. El vagabundo, mientras escucha retumbar sus pasos bajo los cariñosos, los entrañables, bajo los viejos arcos de Compostela, va pensando en las relaciones que pudieran existir, como por un raro milagro de Dios, entre las arquitecturas, las almas y los metales […]. El vagabundo, antes de meterse en la Catedral, a dar gracias al santo por conservarlo vivo, un poco triste y decidor, quiere contar las incontables lozas de Santiago, las piedras, una a una, de la Plaza cuadrada, que es más bella, según los sabios, que la de San Pedro en Roma, o las de la Plaza de los Literarios, que es más entrañable, según los poetas, que la de San Marcos en Venecia. […] En la catedral, en una amable penumbra, rezan las viejas damas compostelanas, los viejos canónigos, los viejos hidalgos.

Todo es suave silencio, bien estudiado silencio, bajo las altas naves de la Catedral. Un niño que quisiera cantar, como un jilguero su salvaje canción mañanera, se callaría, con un respeto milenario, un respeto que no le habría de caber en cien cuerpos como el suyo, al sentirse testigo, quizá sin saberlo, de la tumba del Apóstol.

.Camilo José Cela. Del Miño al Bidasoa. Noguer.

Venecia (por Herman Hesse)

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“No logro describir lo que me hizo tan caro y precioso aquel matinal paseo en lancha, pero lo recuerdo como un goce inestimable.

Quien conozca la Laguna, tal como se presenta en los días de sol, me comprenderá. Los reflejos multicolores de las aguas tranquilas, la ciudad que se alza como una visión con el azul intenso del cielo por fondo, con el Palacio Ducal en primer plano, el globo de brillo deslumbrador del Dogoma, y detrás de éste la elegante cúpula del Salute, a lo cual se suma el acre olor del agua, el fulgor de los velámenes rojos y el silencioso entrecruzamiento de los barcos de mayor tamaño. Todo es de una belleza tan hechicera que uno cree estar soñando y teme constantemente que el cuadro de la ciudad maravillosa que se alza sobre el agua, tan irreal al parecer, pueda esfumarse de repente como el juego irisado de una nube atravesada por el sol”.

Hermann Hesse. Pequeñas alegrías. Sudamericana.

Combray (por Marcel Proust)

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“Combray, de lejos, en diez leguas a la redonda, visto desde el tren cuando llegábamos la semana anterior a Pascua, no era más que una iglesia que resumía la ciudad, la representaba y hablaba de ella y por ella a las lejanías, y que ya vista más de cerca mantenía bien apretadas, al abrigo de su gran manto sombrío, en medio del campo y contra los vientos, como una pastora a sus ovejas, los lomos lanosos y grises de las casas, ceñidas acá y acullá por un lienzo de muralla que trazaba un rasgo perfectamente curvo, como en una menuda ciudad de cuadro primitivo. Para vivir, Combray era un poco triste, triste como sus calles, cuyas casas, construidas con piedra negruzca del país, con unos escalones a la entrada y con tejados acabados en punta, que con sus aleros hacían gran sombra, era tan oscura que en cuanto el día empezaba a declinar era menester subir los visillos; calles con graves nombres de santos (algunos de ellos se referían a la historia de los primeros señores de Combray), calle de San Hilario, calle de Santiago, donde estaba la casa de mi tía, calle de Santa Hildegarda, con la que lindaba la verja: calle del Espíritu Santo, a la que daba la puertecita lateral del jardín…”

Marcel Proust. Por el camino de Swann. Alianza.

Barcelona (por Cervantes)

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“En fin, por caminos desusados, por atajos y sendas encubiertas, partieron Roque, don Quijote y Sancho con otros seis escuderos a Barcelona. Llegaron a su playa la víspera de San Juan, en la noche, y abrazando Roque a don Quijote y a Sancho, a quien dio los diez escudos prometidos, que hasta entonces no se los había dado, los dejó, con mil ofrecimientos que de la una a la otra parte se hicieron. […]

Tendieron don Quijote y Sancho la vista por todas partes: vieron el mar, hasta entonces de ellos no visto; parecioles espaciosísimo y largo, harta más que las lagunas de Ruidera que en la Mancha habían visto; vieron las galeras que estaban en la playa, las cuales, abatiendo las tiendas, se descubrieron llenas de fámulas y gallardetes que tremolaban al viento y besaban y barrían el agua; dentro sonaban clarines, trompetas y chirimías; que cerca y lejos llenaban el aire de suaves y belicosos acentos”.

Miguel de Cervantes. Don Quijote de la Mancha (Alfaguara).

Make America Read Again

828 Broadway en la esquina de la East 12th Street. En el East Village, Manhattan. Es la dirección de una de las mayores librerías de libros nuevos y usados del mundo, un pequeño-gran paraíso para el lector (especialmente en lengua inglesa) que lleva sus pasos por Nueva York. Si hace buen tiempo, aparece una suerte de pop up bookshop en el Central Park, un kiosco de libros usados muy parecido al de cualquier feria porteña.

En la era de las cadenas, cuando rivales como Barnes & Noble tambalean bajo el peso de la lectura digital (y la fuerza de Amazon), The Strand resiste como Astérix en su territorio… gracias a sus “18 millas de libros” (unos 28 kilómetros).

El nombre fue tomado de la calle de Londres donde antiguamente solían reunirse grandes escritores como Thackeray y Dickens.

Y su historia es bien larga: este año cumple 90 desde su apertura en 1927 en la Fourth Avenue, que tenía por entonces numerosas librerías. Esa parte de la calle se conocía como el Book Row… y The Strand es la única superviviente.

La mudanza a la ubicación actual fue en 1956, para distribuir mejor en tres pisos y medio un catálogo estimado en 2,5 millones de libros. En su currículum, The Strand se enorgullece de haber contratado a Patti Smith y de haber tenido su papel en la pantalla grande (Six Degrees of Separation, Julie & Julia, Remember Me). Más literariamente, es la locación del relato Three Girls de Joyce Carol Oates.