Cohetes III* (La voluptuosidad del mal)

Creo que he escrito ya en mis notas que el amor se asemejaba mucho a una tortura o a una operación quirúrgica. Pero esta idea se puede desarrollar de la manera más amarga. Aun cuando ambos amantes estén muy enamorados y muy llenos de deseos recíprocos, uno de los dos estará siempre más tranquilo o menos poseído que el otro. Este, o aquélla, es el operador, o el verdugo, el otro el sujeto, la víctima […] La embriaguez, el delirio, el opio en sus más furiosos aspectos, no os darán por cierto tan espantoso ni tan curiosos ejemplos. Y el rostro humano que Ovidio creía formado para reflejar los astros, helo ahí que sólo habla por medio de una expresión de loca ferocidad, o que se sosiega en una especie de muerte. Porque, en verdad, creería cometer un sacrilegio aplicando la palabra éxtasis a ese género de descomposición. ¡Espantable juego, en el que es menester que uno de los jugadores pierda el dominio de sí mismo! Una vez preguntaron, delante de mí, en qué consistía el más grande placer del amor. Alguien respondió, naturalmente “en recibir” y otro “en entregarse”. Este decía “¡Placer de orgullo!” y aquél “¡Voluptuosidad de humillación!”. Todos esos indecentes hablaban como la Imitación de Jesucristo.
Por fin apareció un impudente utopista, quien afirmó que el más grande placer del amor consistía en engendrar ciudadanos para la patria. Pero yo digo: la única y suprema voluptuosidad del amor reside en la certidumbre de hacer el mal. Y el hombre y la mujer saben, desde que nacen, que toda voluptuosidad se halla en el mal.

*El título fue tomado de un texto de E.A.Poe.

Charles Baudelaire. Diarios Íntimos (Aguilar).

¿Cómo nació la editorial Feltrinelli?

Giangiacomo_Feltrinelli

Carlo Feltrinelli, hijo del fundador de una de las editoriales más prestigiosas de Italia, largamente identificada con el Partido Comunista Italiano, lo recuerda así en algunos párrafos de Senior Service. Biografía de un editor, donde traza el retrato de su padre. 

“A última hora de la tarde del sábado 18 de junio de 1955, cuatro jóvenes y una chica se reúnen a pocos pasos de la Piazza della Sala, en un bar de Via Manzoni. Uno de ellos es editor y cumple 29 años esa misma noche. Los otros tres jóvenes son redactores que trabajan para él , y la chica es la voluntariosa secretaria, intérprete, cajera y telefonista, que se pasea siempre con la máquina de estenotipia, tan cara como superflua, recién traída de Estados Unidos, bajo el brazo. El pequeño grupo decide hacer un brindis: “¡Por los primeros libros de la editorial!”.

Los dos volúmenes recién salidos de la imprenta son El flagelo de la esvástica, de Lord Russell de Liverpool (traducido por un miembro del departamento de edición, un tal Luciano Bianciardi), y la Autobiografía de Jawaharlal Nehru. (…)

Los que están en el bar de Via Manzoni saben muy bien que eso es sólo el comienzo, que las dificultades vendrán ahora, que el mundo puede imprimir dos libros, pero que después hay que tener ideas y medios para seguir, y también suerte. Con la suerte no basta flirtear.

Todos, editor incluido, han trabajado antes en otro proyecto común: la “Universale Economica del Canguro”, una colección de libros de bolsillo de bajo costo y precio económico (100 liras) iniciada en los primeros años de la posguerra, en 1949 para ser exactos, por un diario de la tarde, el Milano Sera, establecido en los muy fascistas antiguos locales de la publicación Popolo d’Italia. (…) El primer impacto de la “Universale Economica del Canguro” es notable: los lectores responden favorablemente, se hacen tiradas de hasta 35.000 ejemplares. El ritmo de las publicaciones impone enseguida un ritmo de trabajo regular, con un nombre y una razón social: Cooperativa del Libro Popolare: se la conoce como “Colip”, todo el mundo la llama así. (…) Entre los miembros de la nueva editorial está un jovencísimo Giangiacomo Feltrinelli, ya apasionado por el papel impreso. Su presencia en la cooperativa, al principio como simple socio financiero, se transforma enseguida en una participación más amplia, sobre todo cuando las cosas toman un cariz menos favorable. De hecho, después del entusiasmo inicial, se dan cuenta de que algo no funciona. Los libreros ganan poco con los títulos de la Universale, el precio es demasiado bajo. Las ventas caen en picado en pocos meses. La situación parece empeorar peligrosamente hasta que, in extremis, se solicita la intervención de mi padre para evitar lo peor; de este modo se vio directamente implicado en la gestión. Estamos a finales de 1950. (…)

A comienzos de 1954, tras llegar con mucho esfuerzo a la meta de los doscientos títulos, la colección “Universale Economica del Canguro” da un salto todavía mayor: suspende las publicaciones y nace la empresa Giangiacomo Feltrinelli Editore.