Cinco libros para las vacaciones de invierno

Recomendaciones por puro gusto para pasar el invierno. Clásicos, modernos y el infaltable policial.

Julio llega no solo con memes: también trae, en el hemisferio sur, las vacaciones de invierno. ¿Será cierto que hay entonces más tiempo para leer? Habrá que ver, porque si bien se descansa de las idas y vueltas a la escuela, también es cierto que hay que idear nuevas actividades cuando hay chicos en casa (de paso, la Feria del Libro Infantil y Juvenil de Buenos Aires es una buena propuesta para motivarlos hacia la lectura).

Pero vamos a lo nuestro, con cinco propuestas recomendables para sumergirse de lleno en las lecturas de invierno.


EL ENIGMA DEL OFICIO

Memorias de un agente literario

Guillermo Schavelzon

(Ampersand, 2022)

El trabajo, la amistad, el dinero, el mercado, la fidelidad, la polémica y la literatura. Todos estos factores que intervienen de un modo u otro en el ecosistema del libro se conjugan en estas memorias de Guilermo Schavelzon para recorrer, a través de sus recuerdos y encuentros con autores como Ricardo Piglia, Augusto Roa Bastos, Mario Benedetti, Julio Cortázar, Gabriel García Máquez, Beatriz Guido, Quino, Juan José Saer, Juan Rulfo, Elena Poniatowska, Elsa Bornemann, Leopoldo Brizuela y Adolfo Bioy Casares, una vida repleta de libros y anécdotas. Desde sus comienzos a los diecinueve años en la editorial de Jorge Álvarez, pasando por sus experiencias en Planeta y Alfaguara, Schavelzon reconstruye un camino agitado, atravesado por el exilio que lo llevó de un lado a otro del Atlántico. Este no es el libro de un escritor sino el de un testigo –reconoce–, una crónica personal de ciertas experiencias públicas y privadas que lo acercaron a algunos de los principales protagonistas de la literatura. Eso es cierto. Y también es cierto que señala un momento clave de la industria en el que la figura del agente literario se volvió, a la vez, relevante y enigmática.

Guillermo (Willie) Schavelzon nació en 1945 en Buenos Aires. Fue editor, librero y gestor de empresas editoriales en Buenos Aires, México y Madrid. En 1998 dejó el mundo corporativo para fundar una agencia literaria, que luego trasladó a Barcelona, donde reside desde hace veinte años. También tiene un blog de temas profesionales que se puede leer en https://elblogdeguillermoschavelzon.wordpress.com/.


HAMNET

Maggie O’Farrell

Libros del Asteroide, 2021

Maggie O’Farrell. Hamnet.

REFERENCIA HISTÓRICA

En la década de 1580, una pareja que vivía en Henley Street (Stratford) tuvo tres hijos: Susanna y Hamnet y Judith, que eran gemelos.

Hamnet, el niño, murió en 1596 a los once años.

Cuatro años más tarde su padre escribió una obra de teatro titulada Hamlet.

¿Hace falta algo más que estas líneas para capturar la atención de los lectores? Probablemente no, pero por si así no fuera la novela fue incluida por el New York Times entre los cinco mejores libros de 2020 y su autora, Maggie O’Farrell, ha ganado el Women’s Prize for Fiction (https://womensprizeforfiction.co.uk/features/writer/maggie-ofarrell).

Pero, premios y listas aparte, vamos al libro mismo: las páginas de esta novela nos llevan a la historia de Hamnet Shakespeare, fallecido a los once años por motivos que no trascendieron en la historia. En su nombre no es difícil reconocer el del trágico príncipe danés (Hamnet y Hamlet eran formas intercambiables en la Inglaterra del siglo XVI). Y cuenta O’Farrell: “Lógicamente, cuando estudiaba literatura, leí muchas biografías y críticas sobre Shakespeare. Lo que me llamó la atención fue que la existencia de su hijo se pasara por alto. En esas biografías de 500 páginas con suerte apenas encontraba dos referencias a Hamnet: su fecha de nacimiento y su muerte. Y su muerte siempre iba seguida de algunos párrafos sobre la muerte infantil en la época isabelina que, por supuesto, fue muy alta”. En la novela no hay que esperar tanta linealidad, pero sí hay que estar preparado para una profunda intensidad.

“Hamnet, en su espacio de nieve y hielo, se agacha poco a poco hacia el suelo, doblando las rodillas. Pone primero una mano, luego la otra, en la crujiente y límpida superficie de la nieve, y qué acogedora le parece, qué ideal. No está muy fría ni muy dura. Se tumba; aprieta la cara contra la blanda nieve cristalina. El blanco es resplandeciente, hiere los ojos, así que los cierra solo un momento, lo suficiente para descansar y recuperar fuerzas. No se va a dormir, no. Va a seguir. Pero necesita descansar un momento. Abre los ojos para asegurarse de que el mundo sigue ahí y después los cierra. Solo un momento.”

Fragmento de Hamnet

Sin nombres a la vista, todos los caminos conducen a ella: Anne/Agenes Hathaway, la madre de los hijos de Shakespeare, devastada por la muerte del niño a causa de la peste (hablemos de coincidencias, la obra se publicó en su inglés original en 2020). “Escribir sobre el duelo de Agnes puede que haya sido lo más difícil que he escrito hasta ahora porque el peor miedo de un padre es perder a un hijo, tener que enterrar a un hijo. De hecho no soy capaz de imaginar nada peor. Y es horrible escribir sobre ello porque estás imaginando tu peor pesadilla”.


GIMPEL, EL TONTO

Isaac Bashevis Singer

Debolsillo, 2018

Isaac Bashevis Singer. Gimpel el tonto.

Sigamos con algunos cuentos para volver al escritor que estuvo en boca de todos los que se enamoraron de la serie Shtisel (de paso, volvamos a ver la maravillosa escena final donde se lo menciona https://www.youtube.com/watch?v=6Jle3FoFCpM). Isaac Bashevis Singer, premio Nobel de Literatura 1978, había nacido en Polonia en el seno de una familia de rabinos (y escritores, como su hermano Israel Yehoshua Singer y su hermana, Esther Kreitman). De su infancia en Bilgoray, de sus años en la calle Krochmalna de Varsovia y de su educación tradicional hay huella en su extensa obra literaria, escrita en yidish. A fines de los años 30 emigró a Estados Unidos para escapar a la persecución de los judíos en Europa, pero nunca abandonó el yiddish como lengua literaria. Gimpel el tonto forma parte de su primera colección de cuentos traducidos al inglés por otro premio Nobel: Saul Bellow. La extensa obra literaria de Singer incluye muchos otros cuentos  y novelas, desde aquellos que evocan la vida en su Polonia natal hasta los que tienden un puente con su vida en Nueva York. Y aunque todas fueron escritas en yidish, la gran mayoría llegaron al español traducidas desde su versión en inglés.

“Yo soy Gimpel, el tonto. No me creo tonto; todo lo contrario. Pero así es como la gente me llama. Me pusieron el nombre cuando todavía estaba en la escuela. Tuve siete nombres en total: imbécil, borrico, alcornoque, mendrugo, badulaque, pelele y tonto. El último fue el que quedó. ¿En qué consiste mi tontería? Yo era fácil de engañar. Decían: «Gimpel, ¿sabes que la mujer del rabino está de parto?». Y yo faltaba a la escuela. Bueno, pues resultaba que era mentira. ¿Cómo iba yo a saberlo? No se le había hinchado la barriga. Pero yo nunca la miraba a la barriga. ¿De verdad era tan tonto por eso? Los chicos se echaban a reír, saltaban, bailaban y cantaban una oración de buenas noches. Y, en vez de las uvas que dan cuando una mujer está de parto, me llenaban las manos de excremento de cabra. Yo no era ningún alfeñique. Si le pegara a alguien le haría ver las estrellas. Pero soy pacífico por naturaleza. Pienso para mis adentros: «Dejémoslo correr». Y así se aprovechan de mí.”

Fragmento de Gimpel, el tonto

Así comienza este cuento sobre un personaje ¿tonto? ¿ingenuo? ¿imbécil? ¿simplemente ingenuo? En todo caso, un personaje que no está dispuesto a actuar como actúan con él, que se ubica en el otro extremo del “ojo por ojo” y que nos hace pensar en quién realmente el tonto de esta historia.


CUADERNOS DE INFANCIA

Norah Lange

Losada, 1995

Norah Lange. Cuadernos de infancia.

«Habíamos fabricado grandes sombreros de papel, y de pie, las cinco delante de un espejo, cada una detenida frente a su rostro, contemplábamos el efecto de la sombra sobre los ojos, el resplandor distinto que la luz de la ventana adquiría en nuestros cabellos, contra el papel de diario.

La puerta se abrió, de pronto, y una corriente de aire los hizo vacilar sobre nuestras cabezas.

Una de mis hermanas dijo:

– “La primera que pierda su sombrero, se morirá antes que las otras…”

Inmóviles frente al espejo, los brazos entrelazados para no cometer ninguna trampa, jugamos a quién sería la primera en morir.

Un miedo horrible me fue invadiendo, lentamente. La puerta abierta dejaba entrar un aire rápido y peligroso que de un momento a otro, podría despojarme de mi sombrero. Pensé en Irene, en Marta, en Georgina, en Susana, en mí misma, y mientras las miraba de reojo, sonriéndome con ellas, una muerta de veinte años se acostaba sobre el rostro de cada una de mis hermanas; una muerta joven y perfecta, con una sola flor sobre la almohada.

El viento agitaba los grandes triángulos de papel, sin llegar a derribarlos.

Georgina, con los ojos absortos en alguna visión terrible, parecida a la mía, exclamó bruscamente:

– “No me gustan estos juegos”- y, apartándose del espejo, se sacó el sombrero y lo arrojó, apelotonado, contra el suelo.

Durante un tiempo, la hilera de cabezas frente al espejo me entregaba imágenes probables y tristes, rostros velados para siempre, y me pareció que hubiese sido mejor aguardar a que el viento señalara la muerte más próxima, para ser más dulces, más tiernas, con la hermana que debía morir primero».

Fragmento de Cuadernos de infancia

Cuando se publicó este libro, el poeta y crítico literario Eduardo González Lanuza escribió: “Si ese mismo libro hubiera salido de la prensa de Oslo o de Budapest, de Leipzig, y no digo nada de París, actualmente sería un libro tan famoso en todo el mundo como La Historia de San Michele de Axel Munthe, con el que tiene más de un punto de semejanza.

Pero ha sido publicado en Buenos Aires, y debe conformarse con un éxito casi aldeano, ya que pocos más que los habitantes de una aldea somos en número los lectores y compradores de libros porteños.

Paciencia. Tenemos que compensar a Norah por la escasez de sus lectores, con la intensidad de nuestras lecturas; porque libros como el suyo son para releerlos con insistencia, ya que su aparente sencillez en la superficie, encierra un fondo de limpidez inalcanzable”.

Norah Lange, inspiradora de la Solveig Amundsen de Adán Buenosayres, reúne en este libro publicado en 1937 (el único de memorias, seguido por Antes que mueran en 1944) una serie de cuadros de la infancia y la vida familiar escritos con un profundo poder evocador. Abarca, en 82 textos breves, su vida entre los cinco y los catorce años. Su vida en Buenos Aires, los años en Mendoza, sus hermanas, la transición de la infancia a la adolescencia, se escriben con mirada poética y honda sencillez. No hay fechas, no hay precisiones ni hay un hilo conductor entre una y otra estampa. Puede ser la imagen de una ventana cargada de significados, quizá la evocación de lo más triste que pueda haber en este mundo -un caballo blanco hundiéndose en un pantano- o el retrato de la madre a la distancia: no importa el tema de estas estampas que se parecen a fotografías literarias, sino el tono de nostalgia con que se asoman al lejano misterio de la infancia y lo traen al presente con una sola pincelada de poética prosa.


UNA FAMILIA NORMAL

Mattias Edvarsson

Penguin, 2021

Los escritores suecos siguen sumando títulos a la imparable ola policiales escandinavos que ya produjo clásicos modernos como Henning Mankell. Exitosos son muchos, buenos son bastantes menos. Entre los más recientes se está ganando un buen lugar Mattias T. Edvarsson, un docente que publicó algunas novelas juveniles y varias policiales. Dos de sus obras fueron traducidas al castellano: Una historia casi verdadera y Una familia normal. La segunda invita a los lectores a entrar en la historia de los Sendell, una familia muy común y sin historia que vive en Lund. Es decir, común y sin historia hasta el día en que su normalidad estalla en mil pedazos: el día en que la policía arresta a su hija, en el marco de la investigación por un mediático crimen que conmocionó a la ciudad.

Mattias Edvarsson. Una familia normal,

La originalidad de la novela es su articulación en tres partes, cada una de las cuales muestra el punto de vista de cada miembro de la familia Sendell: la madre, el padre y la hija, una estudiante a punto de partir de viaje durante varios meses por Extremo Oriente. Cada uno de los tres aporta elementos nuevos a la historia y hace tambalear las certidumbres del lector en cuanto a la personalidad y las motivaciones de cada integrante de esta familia cuya normalidad, al fin y al cabo, resulta ser solamente aparente.

«Éramos una familia normal y corriente. Teníamos trabajos interesantes y bien remunerados, un nutrido círculo de amistades y una vida social activa, con espacio para el deporte y la cultura. Los
viernes pedíamos comida a domicilio, cenábamos mientras veíamos «Factor X» y nos quedábamos dormidos en el sofá antes de que terminaran las votaciones. Los sábados salíamos a comer por la
ciudad o a algún centro comercial. Íbamos a ver el balonmano o al cine, o quedábamos con amigos para disfrutar de una buena botella de vino. Por las noches nos dormíamos bien pegaditos. Los
domingos salíamos a pasear por el bosque o íbamos a algún museo, hablábamos un buen rato con nuestros padres por teléfono, o nos arrellanábamos en el sofá cada uno con su novela. Muchas
tardes de domingo acababan con los dos sentados en la cama entre papeles, carpetas y ordenadores para preparar la semana laboral que teníamos por delante. Los lunes por la tarde mi mujer iba a yoga y los jueves yo jugaba a unihockey. Teníamos una hipoteca que íbamos amortizando diligentemente, reciclábamos, poníamos el intermitente y respetábamos los límites de velocidad, y siempre devolvíamos a tiempo los libros que cogíamos prestados de la biblioteca».

Fragmento de Una familia normal

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