De Simone Weil a Antonio Atarés*

Nueva York, 1942

“Hoy tengo que decirte algo que, me temo, te va a dar mucha pena.
Se me desgarra el corazón al pensarlo. Ya te hablaba en mi última carta de las gestiones hechas por mis padres para ir a Estados Unidos, diciéndote que no podía negarme a acompañarlos. Pero no pensaba que esas gestiones tuvieran éxito enseguida. Pues lo han tenido y, de casualidad, hemos encontrado sitio en un barco.
Acabo de hacer esta travesía que a ti te pareció tan bella. Mientras la maravillosa presencia del mar en torno nuestro colmaba mi alma, pensaba en ti.
Me entristece pensar que las cartas tardan más tiempo desde Estados Unidos que desde Marsella […]. Aunque en todo caso seguiremos escribiéndonos. Y sobre todo estaremos unidos por el pensamiento. Pensaré en ti todos los días. […] Encargo a las estrellas, al sol, al azul del cielo, a los pájaros, a la luz, a la inmensidad del espacio- a todo eso que siempre va contigo- que te lleven mis pensamientos y que te den todos los días la alegría que te deseo y que te mereces”.
“Perdona por no haber podido hacer nada por ti y por irme ahora tan lejos. Cree en mi profunda amistad.
Le he dejado a la señora Bercher dinero para ti, y confío que en el futuro podré seguir mandándote…”.

*Anarquista español internado en los campos de Vernet d’Ariège y de Djelfa. De su correspondencia con Simone Weil se conocen las cartas que ella le escribió, devueltas a sus padres por Atarés en 1951; las de Atarés en cambio son inhallables y no figuran en los fondos de los manuscritos y papeles de la filósofa conservados en la Biblioteca Nacional de Francia.

(Fuente: Simone Pëtrement. Vida de Simone Weil)