Una pequeña hoguera en la caverna

Un millar de personas se reunieron en Alba (norte de Italia) para escuchar al escritor japonés Haruki Murakami, ganador de la sección La Quercia del premio literario Lattes Grinzane 2019.

Murakami dio una clase magistral llamada “Una pequeña hoguera en la caverna”, un recuerdo de los hombres de la prehistoria que se reunían en torno al fuego para escuchar y relatar historias capaces de alejar el hambre y los miedos.
“En las novelas somos descendientes de los narradores de las cavernas” y escribir sirve para “iluminar los rincones oscuros de muchas cavernas en muchos lugares del mundo. Las historias son como pequeñas hogueras”, dijo Murakami, que dio su conferencia en japonés.
Luego contó cómo nacen sus historias: “Afloran de modo espontáneo. Cosas que emergen de modo natural desde lo más profundo de mí, como el agua subterránea sale a la superficie convirtiéndose en un manantial”.
“Para un escritor es fundamental sentirse libre, experimentar un sentimiento de solidaridad con los lectores. No establezco un plan antes de iniciar una nueva novela, en la mayor parte de los casos comienzo con algunas páginas. En esta fase casi no tengo idea de cuál será la trama, no lo pensé todavía. Pero no tiene importancia, basta que describa las escenas y las imágenes que se forman en mi cabeza a medida que se manifiestan”.
Y si muchos fragmentos “fermentan felizmente”, otros quedan “olvidados allí adentro”, pero no se puede saber de antemano. “Me gusta crear historias libremente, sin tener un proyecto en la cabeza”. “Si el autor, desde el comienzo, estableciera la trama y el final, escribir una novela no sería nada divertido”, observó.
“La importancia de sentirse libres es una de las enseñanzas de la música”, explicó Murakami, que de joven tuvo varios años un bar de jazz e incorpora en su escritura la libre improvisación, la importancia del ritmo y una bella melodía que anime la escritura.
“Si con las historias que escribí logré, aunque solo sea un poco, iluminar los rincones oscuros de tantas cavernas y lugares en el mundo, y si pudiera seguir haciéndolo de ahora en adelante, no podría tener alegría mayor”, concluyó el escritor japonés en las palabras finales de su clase magistral.