Cortázar y “el misterio de Isabel Olo”

Buenos Aires, lunes 4 de noviembre de 1957


Querido Jean:
Ustedes se habrán preguntado por qué nuestro avión tardó tanto en despegar. El episodio es divertido y vale como muestra de la organización rioplatense. Ocurrió que nos sentamos todos, y entonces vino un señor y nos contó como se cuentan las ovejas de un rebaño. Al llegar al último dio
un salto de sorpresa. En su lista había 29 pasajeros y no éramos más que 28.
Todo el mundo miró debajo de los asientos, en los bolsillos, etc., pero siempre faltaba uno.
Consultadas las listas el ausente resultó ser una señora llamada Isabel Olo. Por más que gritaban su nombre, nadie respondía. Hubo una pausa dramática y subió al avión un funcionario de aire policial, que nos miró como si fuera a electrocutarnos séance tenante y luego pronunció las siguientes palabras: “Señores, no me explico lo que ocurre. Voy a leer la lista de pasajeros y ustedes levantarán la mano a medida que los nombre”. Con gran espíritu de colaboración y maldiciendo a la señora Isabel Olo, empezamos a levantar la mano como chicos de cuarto grado. La lista parecía haber sido escrita por un chico de quinto grado, de modo que el ambiente escolar era perfecto. Para darle una idea de cómo la gastaban los empleados de Aerolíneas, Pluna,o quién sea, le diré que Aurora se convirtió en “señora Aurora Beralde” y yo en señor “Julio Carlaza”. Varios otros
pasajeros reconocieron con idénticas dificultades sus nombres, pero al final todos menos uno levantamos las manos. El menos uno se levantó, rojo como un pimiento, y dijo que él era el señor Israel Boló. No era necesario un gran esfuerzo intelectual para darse cuenta que el pobre Israel Boló
había sido transformado por el autor de la lista en la señora Isabel Olo. Ya se puede imaginar las risas de algunos, la indignación de otros, y el ambiente general de tomada de pelo que reinaba en la aeronave..
El resto del viaje fue sans histoire…

(Fuente: Julio Cortázar. Cartas 1937-1963. Alfaguara)