Mujercitas, un clásico vigente en debates de género

Por Graciela Cutuli

La publicación de Little Women (Mujercitas), de Louisa May Alcott, en 1868, marcó un hito literario que no solo logró un éxito inmediato de ventas y crítica, con decenas de traducciones en todo el mundo, sino que abrió un debate vigente hasta el día de hoy sobre el papel de las mujeres y los roles de género.
La historia de las cuatro hermanas March -Meg, Jo, Beth y Amy- que viven con estrecheces en Nueva Inglaterra durante la Guerra de Secesión, se convirtió -según el cristal con que se mirara- en una oda a la familia o una reivindicación de esa independencia que las mujeres de entonces penaban para alcanzar.

Anne Boyd Rioux, profesora de Literatura en la Universidad de Nueva Orleans, analiza el fenómeno de la novela de Alcott en “El legado de Mujercitas. Construcción de un clásico en disputa”, que aborda la duradera influencia de la obra, su repercusión en ámbitos tanto académicos como populares, sus adaptaciones incluso a culturas lejanas como la japonesa y su aporte actualísimo a los debates de género del siglo XXI.

El ensayo, publicado en castellano en la colección Scripta Manent de la editorial argentina Ampersand, traza el vasto recorrido del libro comenzando por sus vínculos profundamente biográficos con la propia Alcott, hija de un filósofo y pedagogo que se hizo famoso por sus métodos escasamente ortodoxos para la época. Las dificultades económicas de Alcott y las anécdotas de su vida familiar aparecen transfiguradas en el libro, donde el personaje de Jo -la rebelde adolescente que sueña con ser escritora- se asocia a las más profundas aspiraciones de la propia autora.

Pero en “Mujercitas” hay mucho más, y es lo que hace al secreto de su vigencia y la declarada influencia que ejerció en generaciones de lectores y escritores, tanto mujeres como hombres.

Por empezar, apunta Boyd Rioux, “había algo de revolucionario en un narrador que les hablaba directamente a las niñas sin corregirlas ni sermonearlas (…). Es innnegable que la narrativa de Alcott intentaba suplantar la autoridad patriarcal tal como se manifestaba en las iglesias, las escuelas y el hogar”.

La rebelión palpable en la historia de las cuatro hermanas que deben luchar con sus limitaciones materiales y las reglas impuestas por una sociedad rígida que quería limitarlas a objetos decorativos fue percibida de inmediato y no siempre bienvenida entre las voces conservadoras.  “No es un libro cristiano. Es religión sin espiritualidad y salvación sin Cristo”, afirmaba The Ladies Repository tras la publicación de la primera parte.

Boyd Rioux repasa la larga vida de “Mujercitas” más allá de las páginas de la novela, que en razón de su imparable éxito tuvo tres partes más que completan la historia: en un siglo y medio las hermanas March tuvieron versiones en el teatro, la ópera, el radioteatro, la televisión, el animé y el cine, donde Jo fue interpretada por actrices de renombre como Katharine Hepburn o Winona Ryder.

Y sin embargo, aunque “durante las primeras décadas que siguieron a su publicación, ‘Mujercitas’ fue respetada por la crítica y Alcott formó parte del canon literario junto a otros autores influyentes como Hawthorne y Emerson”, con el cambio de siglo pasó a segundo plano y “el canon literario estadounidense fue ciñéndose cada vez más hasta que quedó exclusivamente restringido al género masculino”.
La autora de “El legado de Mujercitas” subraya sin embargo que “el poder de Jo para inspirar a jóvenes a convertirse en escritoras ha traspasado varias fronteras geográficas”, influyendo en Simone de Beauvoir, Elena Ferrante y hasta en J.K Rowling y varias argentinas.
Al mismo tiempo, “Mujercitas es el texto perfecto para estudiar con los alumnos de qué modo se construye el género y cómo, muchas veces, es impuesto desde afuera y no desde adentro”.

En una cultura que prefiere que las muchachas “se queden pequeñas, jóvenes y con mucho potencial por delante” (lo que queda patente en la proliferación de títulos con la palabra “girl”), la maduración de las cuatro hermanas March para convertirse en mujeres incomoda.
Y más aún si la historia es leída por varones, a quienes se les desaconseja o se los ridiculiza cuando abordan una historia donde las mujeres son protagonistas y los hombres solo figuras periféricas.

Mientras a los niños se los alienta a leer historias de aventuras protagonizadas por varones -la perduración de “Tom Sawyer” es un ejemplo claro- “hay diversas pruebas -subraya Boyd Rioux- de que muchos varones crecen con muy poco aprecio por la sensibilidad de la mitad femenina de la población”. “Los altos índices de acoso sexual en el trabajo y las violaciones en los campus universitarios proporcionan indicios suficientes. Los investigadores están hablando sobre cómo la identidad masculina requiere cierta represión de la empatía, al tiempo que los psicólogos empiezan a reconocer la importancia que puede tener la lectura de obras de ficción en su desarrollo”.

“Como mínimo, deberíamos estar de acuerdo en que sería bueno que los varones leyeran algunos libros con un punto de vista femenino”: y en este campo “Mujercitas” tiene mucho para dar a las nuevas generaciones en busca de una respuesta nueva a las problemáticas no solo literarias, sino de género.

Publicado en AnsaLatina

 

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